Para no perder el tiempo
Orlando N. Bonilla
El muy atinado, cierto y ameno artículodel doctor León Núñez el pasado 14 de febrero, en la página de Opinión de LA PRENSA, me animó a escribir mis opiniones sobre el tema con mis propias experiencias. Al igual que el doctor Núñez he tenido que trabajar toda mi vida para comer. A veces he comido muy bien y a veces magramente, ya que en mis cuarenta y tantos años de laborar nunca he tenido un “padrino” que me haya permitido otra alternativa en la vida. Cuando era más joven soñaba con el tal “padrino” que me diera una vida de ocio y boato constante a mi existencia con el mínimo de trabajo. Hoy doy gracias a Dios que no lo encontré ya que ahora posiblemente sería un paria intelectual o un hombre avergonzado de mi pasado sin ningún asidero moral que heredarle a mis hijos.
A mediados de 1999 fui invitado a participar en la creación de una muy necesaria institución estatal desempeñando el cargo de director general administrativo financiero, a la cual me entregué con todos los conocimientos administrativos que había acumulado a través de mis estudios y amplia experiencia. También para el andamiaje inicial se contrató a varios consultores nicaragüenses quienes eran pagados por un organismo no gubernamental. Estas personas muy estudiadas y cultas llegaban dos o tres de horas semanalmente a darnos cátedra al resto de los que sabíamos, de acuerdo a ellos, muy poco. ¡Ah! ¡Qué oratoria! Esas dos o tres horas era una delicia oírlos hablar. Qué prosa, qué buen manejo del español culto. Quedaba uno extasiado y boquiabierto. Al finalizar, los compañeros de trabajo menos doctos comentábamos qué inteligente es fulanito, y zutanito no se queda atrás, y el otro es una maravilla, hablaron de una manera magistral pero, ¿qué es lo que dijeron? Hasta hoy es un enigma y eso que ganaban muy bien por esas horitas.
En dicha institución había amplia oportunidad de andar en los círculos sociales relacionados con el tema que nos incumbía, y yo, desde la posición laboral que desempeñaba, podía asistir a todas si quería. En un comienzo asistí a muchas, a veces porque decían que necesitaban de mi presencia y otras veces por gusto propio. Después comencé a comprender que mientras duraba la charla, el simposio, la cátedra, el seminario, o como le llamaran, y era por lo general en hoteles de varias estrellas, yo tenía trabajo que realizar en la oficina para la bienandanza de la institución y estaba mayoritariamente perdiendo el tiempo ahí. Eso sí, lograba un buen refrigerio y si estaba con suerte un buen almuerzo. Además de los abrazos de hombres y las muecas de besos de las mujeres. Ya no estoy en dicha institución, si hubiera seguido ahí tal vez ahora fuera un magnífico burócrata.
Ésta es experiencia propia, pero hay experiencias ajenas que veo y oigo en la televisión y leo en los periódicos. El Poder Legislativo tiene muchas propuestas de importancia para el país que duermen el sueño de los injustos al igual que ellos, los diputados. Frecuentemente veo enfoques de televisión donde los honorables diputados están durmiendo y otros meditando con los ojos cerrados pensando quizás cómo va a hacer este mes para cumplirle a su esposa, hijos, amigos y tal vez una “amiguita” por ahí, con apenas 200 galones de combustible mensuales. A la hora de hablar en público, los cuales serán unos 15 (el resto son mudos) siempre hablan por el bien de Nicaragua, ellos son los voceros del pueblo, hablan por los que no tienen voz, etc. etc. Nunca hablan en nombre de un partido o de un caudillo o por el bien de ellos mismos. ¡Qué infamia! Pero por favor no les toquen sus 400 mil córdobas. Sugerencia: reducir la cantidad de diputados a un máximo de 50 y que sean electos individualmente. No más planchas.
Pudiera seguir con este tema ya que los mismos males son aplicables a todos: Legislativo, Corte Suprema (no más de diez magistrados), Contraloría, Consejo Electoral, ministerios, etc. Reducir el sueldo a todos. Tal vez un 50 por ciento. ¿Qué opinan?
Dejémonos de babosadas y a poner a trabajar a toda esta gente se ha dicho. ¿Cómo? Presionémoslos, tal vez la “sociedad civil” pueda colaborar en esta tarea. Pero, ¡un momento! ¿qué es la “sociedad civil”? ¿no son ellos los más blah blah blah? Triste, pero siendo Nicaragua un país tan pequeño, ¿por qué tantos clavos? o mejor dicho vagos.
El autor es administrador de empresas.

|