MIéRCOLES 16 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23725 / ACTUALIZADA 1:15 am





EL HUMOR DE




Entra en vigencia el Protocolo de Kyoto

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. Desde hoy rige el tratado internacional que pretende evitar las catastróficas consecuencias futuras del calentamiento global
. Estados Unidos es el mayor contaminador y el gran ausente

 

AFP

PARÍS.- El Protocolo de Kyoto, el tratado medioambiental más ambicioso del mundo, entra en vigor este miércoles con las notables ausencias de Estados Unidos —el mayor contaminador mundial— y Australia, en un intento de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento del planeta.

Hasta ahora, 141 países han firmado este instrumento de la Convención de los Cambios Climáticos de 1992, con la excepción de Estados Unidos y Australia que alegan que el cumplimiento de estas condiciones pondría en peligro su crecimiento económico y dejaría en el paro a millones de trabajadores.

El Protocolo de Kyoto prevé una reducción global del 5.2% de las emisiones del hemisferio norte para el 2012 con respecto al nivel que había en 1990, aunque cada país tiene una cuota diferente.



PAÍSES INDUSTRIALIZADOS CON MAYOR PESO

Kyoto impone un esfuerzo mayor a los países industrializados, donde las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) y de otros cinco gases nocivos como el metano, el óxido nitroso, y otros tres fluidos industriales, han aumentado considerablemente desde 1990, no sólo en Estados Unidos (+13% hasta el 2002), sino en otros países como Canadá (+20%), Japón (+12%) o España (+40%), según la ONU.

Sólo Estados Unidos emite el 21 por ciento del total de CO2 que sale a la atmósfera.

Este Protocolo no obliga a los países del hemisferio sur, aunque sus economías sean del tamaño de la de China, India o Brasil, a reducir sus emisiones de gases contaminantes.

En el mundo se emiten unas 600,000 toneladas de CO2 al año. Una cifra que no para de aumentar por el tipo de vida del planeta, basada en el consumo de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas.

Prácticamente cualquier actividad humana es contaminante: desde la luz eléctrica que se utiliza en los hogares, pasando por el uso del automóvil, el aire acondicionado, la calefacción, hasta las industrias siderúrgicas, refinerías petroleras o cementeras.

Sólo el uso del petróleo y otras energías fósiles es responsable del 80 por ciento de las emisiones de gas carbónico, que actúa como una pantalla reflectante para el calor que emite la Tierra, enviándolo de vuelta a ésta.

Cambio climático está en marcha, amenaza con graves consecuencias.

Según un grupo de expertos de la ONU, el cambio climático está ya en marcha y la subida de la temperatura mundial para el 2100 podría oscilar entre 1.4 y 5.8 grados. Una horquilla que esconde amplitudes regionales mucho más importantes. En consecuencia, el nivel del mar subiría de 9 a 88 centímetros.

Un aumento de la temperatura acarreará el deshielo de glaciares y por ende el aumento de las aguas del mar con la consiguiente inundación de islas y zonas costeras, la desaparición de zonas agrícolas fértiles y de especies de la fauna y la flora, además del surgimiento de nuevas enfermedades de consecuencias imprevisibles para la supervivencia humana.

También podría acarrear el desplazamiento de más de 150 millones de personas para el 2050, alerta un estudio recientemente presentado por un grupo de expertos en cambios climáticos. Sólo en India podría haber más de 30 millones de “refugiados del clima”.

Para evitar los cataclismos, numerosos científicos juzgan indispensable reducir las emisiones en 50 por ciento para el 2050 a escala mundial.

Este esfuerzo necesita, subrayan los europeos, un nuevo acuerdo climático en el que participen Estados Unidos y grandes países del Sur con China, cuyas emisiones superan ya las de la Unión Europea.

Algo difícil sin el desarrollo de energías alternativas renovables y si no se quiere aumentar el desempleo y obligar al cierre o a la reducción de la actividad de muchas empresas, lo que tendría también un coste demasiado alto.



UN PROLEMA DE DESARROLLO EN AL

El cambio climático "será cada vez más un problema de desarrollo" sobre todo en regiones como Latinoamérica, consideró ayer en México el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con motivo de la entrada en vigor este miércoles del Protocolo de Kyoto.

Los huracanes en el Caribe, "los cambios en los patrones de precipitaciones, el aumento de los niveles de las riberas en Argentina y Brasil, y la reducción de los glaciares en la Patagonia y los Andes, son fenómenos que indican el impacto que el calentamiento global podría tener en la región", apuntó el PNUMA en un comunicado.

"De esta manera, el cambio climático será, cada vez más, un problema de desarrollo", agregó el organismo al dar a conocer una parte de un informe realizado por ese programa y la Secretaría del Medio Ambiente de México.

En América Latina, "las fallas en la adaptación y la vulnerabilidad aumentaron debido a la pobreza, a la degradación de los recursos naturales, (y) a la carencia de planeación del uso del suelo", dijo el PNUMA.

Otro problema que enfrentan los países latinoamericanos es "la falta de preparación de un plan importante para contrarrestar los daños causados por los desastres relacionados con el clima", enfatizó el documento.

En cuanto a los Gases de Efecto Invernadero (GEI), América Latina y el Caribe emiten el 8 o 9 por ciento del total mundial de estos contaminantes, destacándose cuatro países: Brasil, México, Venezuela y Argentina, que en conjunto son responsables de "poco más del 70 por ciento de las emisiones de GEI" en la región.

Si se incluyen las emisiones de GEI de Colombia y Perú, "el porcentaje alcanza el 83%" del total emitido en Latinoamérica, alertó el PNUMA.

Asimismo, América Latina y el Caribe contribuyen al calentamiento global con "el 48.3% de las emisiones causadas por cambio del uso de suelo", de acuerdo al informe.



EFECTO INVERNADERO

Es un fenómeno atmosférico natural que permite mantener la temperatura del planeta al retener parte de la energía proveniente del Sol. El aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO2) derivada del uso de combustibles fósiles ha intensificado el fenómeno y el consecuente aumento de la temperatura global, el derretimiento de los hielos polares y el aumento del nivel de los océanos.
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