LUNES 14 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23723 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Hay que aprender a negociar

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Alfonso Efraím Castellón Ayón
acastell@alfanumeric.com.ni

Viviendo en EE.UU. por espacio de 15 años, aprendí de los amigos del imperio a trabajar, en primer lugar (aquí en Nicaragua se trabaja a medias), y en segundo lugar a entender lo que significa la palabra “negociar”.

En Estados Unidos de Norteamérica se negocia para todo. Desde que se entra al coloso del norte uno se convierte en ficha del inmenso tablero que es la sociedad norteamericana, a través del número del Seguro Social. A partir de ese momento, se tiene que aprender a convivir en el sistema, usando en toda gestión el “Social Security Number”. De esta manera muy poco interesa cómo se llame la persona, quién está detrás, etc. Interesa el récord del número del Seguro Social.

Esta apreciación personal y exponerla en un artículo de opinión, lleva la intención expresa de que algunos líderes políticos de mayor relevancia entiendan de una vez por todas que se debe negociar en política. Cuando la negociación se hace con cordura, inteligencia, honestidad y elegancia, produce mayores réditos. Un ejemplo vivo lo podemos ver en el famoso personaje del año 2004.

Aparte, debemos recordar que hoy día los mejores abogados del mundo son negociadores o mediadores en litigios millonarios, que quitan jugosas ganancias a los litigantes pero resuelven rápido y solamente con ganadores. Al contrario de cuando se busca, en un juicio, obtener una sentencia que definitivamente producirá un ganador y un perdedor, en la primera situación todo mundo sale feliz, no hay sentimientos heridos. En la segunda habrá de seguro un culpable.

Hay que negociar y disfrutar de los beneficios que conlleva esa buena práctica. Por idiosincrasia llevamos el “Güegüense” como bandera y estamos mal acostumbrados a demostrar que gana el más vivo y que uno es más arrecho que el otro. Esas posiciones evidencian nuestra cultura guerrerista, que nos lleva a posiciones confrontativas e incómodas.

En Norteamérica pude apreciar que el éxito en la vida depende de buenas negociaciones. Hasta con la justicia se puede negociar. Es decir, se gana con el sistema en cuanto se sabe negociar. De lo contrario se es blanco perfecto de él. Por esta razón se me dificulta entender a quienes habiendo vivido en EE.UU todavía no saben negociar y creen en la superioridad momentánea que les da un puesto político.

El autor es abogado y notario
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