Para Teresita Peter de Peña
Clementina Arróliga de Peter, sencilla, bondadosa, delicada. Perdonaba sonriendo y tenía todos los atributos exclusivos de los seres sensibles.
No conocía sus virtudes y confiando en la divina y grandiosa misericordia de Dios se fue a entregarle su alma blanca, pura, impecable como se entrega un lirio a los pies de un crucificado. Sin duda tuvo temor de que la fuerza del amor de los suyos quisiera detener su vuelo inmortal y silenciosamente cruzó el espacio deseosa de llegar al infinito para incorporarse con los bienaventurados a la cena celestial en esa noche de la eterna Navidad (era 22 de diciembre de 1993).
Nos dejó su recuerdo entre luces de bengala y tiernos villancicos que se han mezclado con esas gotas cristalinas que nublan los ojos y salen de lo más profundo del corazón adolorido.
En este ambiente emotivo y de sublime evocación, surge para ella un mensaje de paz, intenso, fervoroso, hasta el sacro lugar donde se encuentra gozando a plenitud de las incomparables delicias del Señor, mientras su adorable presencia se siente en el ambiente, como algo que en la vida no se puede olvidar.
Margarita Buitrago de Arróliga

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