LUNES 14 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23723 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




¿Vamos hacia el “corralito financiero”?





Los argentinos llamaron “corralito financiero” al Decreto de Necesidad y Urgencia que impuso el Gobierno de la República Argentina el 1 de diciembre del 2001, para prohibir que se hicieran retiros de dinero efectivo en todos los bancos del país, por más de 250 pesos o dólares por semana.

En realidad, de esa manera se acorraló a todas las personas, empresas y demás entidades que tenían ahorros y otros depósitos bancarios. Los políticos argentinos que estaban en el poder en aquellos días, se sintieron con derecho de disponer del dinero —sobre todo de los dólares— de los particulares, para llenar el vacío que dejó el agotamiento de las reservas financieras que ellos mismos habían usado para tratar de cubrir los déficit presupuestarios causados por sus políticas demagógicas e irresponsables.

Traemos esto a colación porque hacia un “corralito o corralote financiero”, como el de Argentina, es que están empujando a Nicaragua los diputados del PLC y el FSLN, quienes al aumentar el déficit presupuestario en más de 600 millones de córdobas están sacando al país de los acuerdos con los organismos financieros internacionales y, por lo tanto, causando la pérdida de cuantiosos e indispensables recursos de cooperación externa.

Los diputados sandinistas y liberales ya están hablando de usar las reservas internacionales para financiar el déficit presupuestario. Y si los usan, ¿qué otro camino les va a quedar después si no el de apropiarse de los ahorros y demás depósitos bancarios de los particulares, igual que se hizo en Argentina a fines del 2001?

No se necesita tener formación académica en economía para saber que las reservas internacionales son determinantes para la sanidad monetaria y la estabilidad económica de cualquier país, y también de Nicaragua. Las reservas sirven para cumplir los compromisos internacionales y respaldar las compras del país en el extranjero, o sea las importaciones. Para cumplir esa función tan importante, las reservas internacionales tienen que ser líquidas, en divisa sólida extranjera y estar disponibles en todo momento que sea necesario utilizarlas. Y aún cuando sea importante usarlas en búsqueda de obtener ganancias con ellas, las reservas internacionales se deben usar con el criterio del más bajo riesgo y corto plazo, descartando la posibilidad de pérdidas y garantizando el mantenimiento de la liquidez financiera.

Gracias a la estabilidad de las reservas internacionales la economía nacional ha venido recuperándose en los últimos años, a pesar de las adversas condiciones políticas que hay actualmente en el país. Una recuperación económica que se ha debido más que todo a la cooperación externa con Nicaragua, país que ha sido favorecido de manera especial hasta el grado de que es uno de los pocos admitidos en los programas de la HIPC y la Cuenta del Milenio para el desarrollo.

Pero la cooperación externa no es eterna ni se da a cambio de nada. La comunidad internacional no ayuda a los países que lo necesitan para que sus gobernantes y políticos hagan lo que quieran con las donaciones y los préstamos concesionales, sino a condición, entre otras cosas, de que se mantenga una estricta disciplina fiscal y presupuestaria.

En realidad, en este aspecto los organismos financieros internacionales han sido muy flexibles con Nicaragua: tres veces los gobernantes nicaragüenses ha incumplido los compromisos con el FMI y en igual número de ocasiones éste los ha perdonado y ha accedido a hacer un nuevo acuerdo, con la promesa que ahora sí van a respetarlo.

Lo que pasa es que los políticos nicaragüenses parten del supuesto de que independientemente de lo que hagan, la comunidad internacional siempre seguirá ayudándole al país. Lo cual es cierto pero sólo hasta cierto punto. Hay un límite en la paciencia de los organismos internacionales que, como el FMI, están encargados de velar porque los países que piden cooperación externa la merezcan realmente, que sus políticos no la derrochen, que no la usen para el consumo improductivo ni para financiar la corrupción.

Para concluir este comentario es oportuno recordar que los políticos argentinos que impusieron el “corralito financiero” en el 2001 y dispusieron abusivamente de los ahorros de la gente, pagaron cara su irresponsabilidad. La población argentina se tiró a la calle y los sacó a todos de los poderes estatales. Lo mismo que se debería hacer aquí.
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