LUNES 14 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23723 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Mayorga está indefenso

Foto  
. Sin adiestrador calificado ahora

Ricardo Mayorga debe colocarse en mejores manos.

 

Edgard Tijerino M.

Ricardo Mayorga es un hombre rudo dentro y fuera del ring, pero no debería serlo tanto. En el primero de los casos, porque eso lo empuja al sufrimiento, y en el segundo, porque le impide modificar su comportamiento.

En algunas ocasiones he pensado que aunque Mayorga haga tantas tonterías no es un tonto, y creo que si en estos momentos ha decidido prescindir de Rigoberto Garibaldi, no es porque el panameño no sea lo suficientemente competente y exigente, sino porque podría estar fuera del presupuesto disponible, y como decía Dantón, “la necesidad es la madre de todos los sacrificios”.

Bueno, ése es un tema abierto a polémicas inútiles porque la decisión ya está tomada, y no queda más que admitirla. Esperar que con el cambio, veamos más exigencia con Mayorga, es no conocer como se comporta. El único culpable de su falta de disciplina es él mismo. No busquemos otro por favor.

Cierto, Garibaldi, consciente de eso, se había refugiado cómodamente en una actitud complaciente. De no haber actuado así, seguramente Mayorga lo hubiera despedido antes, porque como reiteradamente afirmó, quien mandaba era él.

Alexis Argüello no fue un toletero rudimentario, sin embargo, llegó el momento en que se decidió enseñarle a defenderse para sacar mejor provecho de su espeluznante jab zurdo y sus fulminantes combinaciones.

El boxeo tiene mucho de arte, y consecuentemente, se necesita adquirir un mínimo de habilidad. De no ser así, cuando surgen las complicaciones, te ves indefenso.

Claro, en ocasiones te ves superado en destreza y poder, como le ocurrió al flaco con Aaron Pryor, pero dejando constancia de su capacidad. Nunca pensamos que Alexis perdió con “El Halcón” porque le hizo falta algo. No, colocó sobre las brasas todo lo que tenía, y perdió.

Mayorga necesita aprender a pasar golpes. Trinidad le demostró que no es un robot. Hay que enseñarle a cerrar las salidas para evitarle desgaste y descarrilamientos. Tiene que controlar sus arremetidas buscando una mayor efectividad, porque sólo así podrá hacer valer su poder devastador.
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