SáBADO 12 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23721 / ACTUALIZADA 02:30am





EL HUMOR DE




Evaluación de proyectos e inversión pública

Róger Vega Rodríguez
rvega@intelnett.com

Los proyectos de inversión pública son concebidos por la autoridad pública pertinente como medio de satisfacción o respuesta a las demandas o necesidades de la población. Estas iniciativas de inversión pública tienen casi siempre el propósito de contribuir a reducir algún déficit, sea este educativo —cobertura escolar e infraestructura—, de salud —niveles y calidad de la atención, medicinas—, de suministros de agua potable y electricidad; de oferta de infraestructura de transporte vial —urbana, interurbana, caminos rurales productivos—, entre otras tantas necesidades.

El problema económico que se enfrenta siempre es el mismo: necesidades múltiples y recursos escasos, condiciones contrapuestas que obligan a que se tomen decisiones con criterios de eficiencia económica. La evaluación socioeconómica de proyectos es el “modo” de abordar los proyectos públicos, a fin de determinar si la iniciativa de inversión en estudio es lo más conveniente para la comunidad, ciudad o país. Lo que se persigue es que “con proyecto” se esté en una situación mejor que “sin proyecto”. Es decir, cuanto más “rico” se es debido al proyecto, riqueza que se entiende como la mayor disponibilidad de bienes y servicios, siempre que los beneficios de esta “disponibilidad” sean mayores que los costos por obtenerla.

La evaluación social de proyectos reconoce y valora los efectos sobre terceros que ocasione el proyecto, éstos pueden ser positivos —beneficios— o negativos —costos—. Un ejemplo de efecto negativo es la contaminación de las fuentes de agua de comunidades aledañas a una maquila, ocasionada por los desperdicios de su proceso productivo. De este modo, los recursos usados para reducir la contaminación son un costo social que debe ser medido y valorado en la evaluación socioeconómica del proyecto. Estos efectos se denominan generalmente externalidades.

Las distorsiones existentes en los mercados, debido a impuestos o subsidios, agregan otro elemento de análisis en la evaluación socioeconómica, que la hace distinta de la evaluación privada. El uso de estas técnicas ha significado mucho en la eficiencia de la inversión pública de países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Chile y México.

El benchmark de esto es Chile, donde su Ministerio de Planificación y Cooperación (Mideplan) se ha convertido en referente en temas de inversión pública. Durante la segunda mitad de la década del ochenta hasta 1998 —año de la crisis asiática—, Chile mostró un crecimiento económico extraordinario; el cual hoy día se proyecta en tasas del seis por ciento además de una inflación que bordea el tres por ciento.

Indudablemente el desempeño de la economía chilena se debe a una política macroeconómica ordenada, pero el uso eficiente de los recursos públicos a través del Sistema de Inversión Pública ha sido un determinante de suma importancia. Ciertamente el crecimiento económico de un país depende principalmente de la inversión física y del capital humano, de los cambios tecnológicos y de otros shocks, pero no es la cantidad lo importante en esta función, sino más bien la calidad de esta inversión, es decir, su rentabilidad económica.

El sistema de inversión pública requiere por tanto evaluar socialmente todas las iniciativas de inversión y tomar la decisión económica de invertir en aquellas más rentables. Para obtener una medida un tanto certera de la evaluación debe identificarse, medirse y valorarse correctamente los beneficios y costos del proyecto, diseñar alternativas de inversión tecnológicamente adecuadas y establecer en la medida de lo posible —en el largo plazo la incertidumbre es mayor— los escenarios del proyecto; de ahí que este proceso demande la existencia de metodologías —a modo de “manuales”— que sirvan de guía para la formulación y evaluación de los proyectos.

Los efectos de realizar inversiones públicas eficientes no son en el corto plazo, pero la evidencia de otros países ha demostrado que adoptar esta “sana práctica” es una buena inversión de largo plazo.

El autor es ingeniero
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