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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 12 DE FEBRERO DE 2005
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La guerra predilecta

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La guerra predilecta, de Armando Íncer Barquero (Boaco, 1930), pertenece a la colección de poemas ganadores del certamen Premio Manolo Cuadra, convocado por la UNAN en 1961. Íncer, médico y ex alcalde municipal de la ciudad de Boaco, reúne en estos poemas una estrecha relación entre el amor y la existencialidad, declarándose un poeta épico de los quehaceres diarios.

 

Armando Íncer Barquero

“Ya no sabemos si damos con el péndulo

o ya lo estamos cruzando.”

Vallejo

Ella y no otra.

Yo pensaba cumplir con el precepto.

Ánjeles, mis ánjeles,

decidme, antes de iros:

¿Dónde fue mi tropiezo,

cómo quedó la flor,

dónde está ella?

Ella. No otra.

Me marchaba a la guerra con su nombre,

a rescatarla a Ella,

a incorporarla.

¡Que fríos los fusiles!

Más que el agua, los oxida mi aliento.

Ánjeles, mis ánjeles:

Doblad la página;

no resisto pensar en el precepto.

¡Nunca otra!



PROGRAMA DE LA GUERRA SILENCIOSA

Tus manos en lo alto,

por la cintura de mi madre

y más, por la blancura.

Tus manos para arriba

conforme a la limpieza

del ánjel y la espera.

Aquí estoy acampando

y enseño tus manos

para el azahar y la lámpara.

Que no se vuelvan ciegas estas cosas,

ni se cierren con sólo la presencia.

Y si se ciegan

o simplemente, si se ignoran,

dejarlas para el alba próxima.

No las forcemos con un grito

ni prometamos horas ni lugares.

No voy a persuadir que hay hambre

y que ¡es crepúsculo!

Y si alguien va a lograrlo

que esas sean tus manos levantadas

y diciéndolas yo para la pelea silenciosa.



PUERTA CERRADA

Entre nosotros, el aire.

¡Bienaventurado!

Has cerrado la puerta en la mañana,

cuando aún mi palabra

andaba sin custodia.

Has cerrado la puerta silenciosa

y mis pies sin cansancio.

Pero..., quieto,

el ánjel se empecina en integrarse.

¡Bienaventurado!

¡Qué silencio en la noche!

¡Si algún niño llamase, por lo menos!

Una música, un grito, cualquier cosa.

Has cerrado la puerta.

Sólo el aire que dice que aquí estamos,

silenciosos, sangrantes.

¿Dónde estás?

Por el alba, ni un niño, ni nada...

¿Por qué mis cosas vienen sin custodia?  
.


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