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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 12 DE FEBRERO DE 2005
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Joaquín AbsalÓn Pastora
(Crítico musical)

Cada viaje a Miami descubre una novedad cultural. Dentro de las estrofas planteadas por la sed de conocer, la ciudad no sólo exhibe ante el mundo el trofeo de sus playas. Miami alcanza, en sentido progresivo, niveles de superioridad y desarrollo en el ámbito de la cultura y dentro de esa cosmogonía, la música que nunca se extingue.

De dos conciertos me ocuparé en La Prensa Literaria: El Mesías de Haendel con el coro de la Iglesia de St. Richard, y el concierto —voz y piano— del dúo Rafael Navarro y Perla Morales en el santuario de la “ermita de la caridad”. En éste traslució el rebozo alegórico en una época de Navidad que fluye y refluye. Lo más llamativo fue la enaltecedora primicia —como paisano— de conocer los rumbos exitosos por los cuales ha transitado el tenor nicaragüense Rafael Navarro en los escenarios internacionales, su porte de lírico dramático.

Perla Morales, pianista de nacionalidad cubana, luce en su recorrido un atuendo académico desde niña cuando sin balbucear palabra ya tenía confidente para compensar la nulidad de su lenguaje: el piano que ejecutó como concertina en los escenarios de Europa, principalmente en Rusia y en países de África. Esta joya no floreció en el vientre del mar, es auténticamente humana y de ello da fácil testimonio la velocidad con que ha recorrido proscenios en las catedrales, los teatros, las universidades, las capillas y a donde le corresponda una sede a las fiestas del espíritu.

Nicaragua y Cuba puestas en la estampa de un dúo multicolor que lo mismo incide en el adentro folclórico de sus respectivos países que en el clásico universal. El binomio está fortalecido por las esencias vitales del amor y del arte. Nicaragua y Cuba en nupcias artísticas.

Qué mejor referencia, pues, para que ambos sean sólo uno en la floreciente ruta reconocida por críticos como Luis Marsan, Ron Megran y Modesto Martínez. El concierto místico de este dúo recuerda las glorias del romanticismo de Franz Schubert, el maestro del “lied” donde se solaza un corazón sencillo y sensible y es en la interpretación donde sentimos la expresión de Magran cuando dijo que “el corazón de Rafael rivaliza con su voz”. Se inclina. Es reverente vocal y poético del “lied” por estar dispuesto a exponerlo no sólo en el concierto público sino en las casas a tono con las veladas de los amantes de ese género, uno de las cuales testimoniamos en la suya, oyendo a César Frank en latín. Metidos en otro ángulo de la espontaneidad, nos elevó la poesía de Goethe, Heine, Schiller y Holderlin.

Una de las primicias escasamente conocidas puestas en el filantrópico concierto porque generaba ayuda para los niños pobres de Haití, proclama el serio y casi excéntrico acoplamiento de Perla Morales con Nicaragua: Arpegios líricos del Momotombo, compuesto por ella misma. Cruzan tesoros Rubén Darío y Víctor Hugo. Se oyen los rugidos del volcán. Éstos le dan a las gravedades del teclado, facultades representativas y comparativas. En el Momotombo vimos a Perla confirmar la influencia que Debussy tiene en ella y eso porque la imaginamos tomando como partida la inspiración telúrica del volcán en el Diálogo del viento y del mar del célebre compositor francés. Analogía nacida de la subjetividad.  
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Voz y piano