¿Presenta crisis de identidad?
Ernesto González Valdés ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni
Las personas suelen tener “crisis de identidad” o “crisis de autoestima”, es decir, no se valoran a sí mismos como lo que son, sino que tienen en mente a esa “persona ideal” que piensan que nunca van a llegar a ser.
En múltiples ocasiones esta infravaloración viene determinada por aspectos físicos de su cuerpo con los que no está conforme, que pueden conducir a situaciones de inseguridad, fobias y a conductas inadecuadas.
En otras ocasiones, algunos fracasos en los estudios, en sus relaciones con los amigos o con sus padres puede generar problemas emocionales (anorexia, bulimia, depresiones...) por lo que es importante valorarse a sí mismo y valorar a las personas que nos rodean.
Debe quedar claro que cada persona es un ser único, el cual debe apoyarse en la conducción que le proporcionan sus familiares y principalmente los padres, a lo cual sumamos la presencia de los maestros, una vez que se integra a la escuela.
Y es justamente aquí el espacio donde los niños, niñas, jóvenes, inclusive adultos deben poner en práctica sus cualidades aprendidas y con ello irán rompiendo el “no yo” demostrando poco a poco dentro del colectivo, lo que de una forma gradual irá abriendo las puertas, de que se puede contar con él o ella en la solución de problemas.
No todo el mundo es o somos agradables a la “vista”. Si bien debemos tener un lado bueno, que no sólo es lo físico (hay personas que presentan un físico espectacular, y sin embargo a la hora de pensar o razonar, les cuesta).
Y que puede ser la inteligencia, la capacidad de actuar, de solucionar un problema, ello determinará que la persona evidenciándola de forma gradual –nunca recurriendo a la autosuficiencia– inicie su camino hacia el éxito.
Aunque si bien se hace referencia en la literatura que las personas más afectadas usualmente en el aspecto de la pérdida de la autoestima, son los más pequeñines, hay personas adultas que sufren una metamorfosis tal que pierden inexplicablemente su propia identidad, siendo aquellas que ocupando una posición determinada –generalmente de grado intermedio– llegan a cambiar hasta su idioma, utilizando acentos idiomáticos ante un público nacional que inmediatamente “copia” el mensaje y que provoca como impacto una pérdida de atención en lo que vaya a exponer o transmitir al colectivo.
Algunos por ahí inclusive a la hora de iniciar una plática, expresan: “En nombre del o la gerente, tengo la siguiente orientación: ...”
Esta persona, no se ha dado cuenta, de que es un simple transmisor, y ¿por qué no vincular la problemática de la gerencia general que trae a su área de trabajo y aportar a ello iniciativas que proporcione el propio colectivo? Claro, si bien la edad influye en las personas , es importante que el propio colectivo –sin distinción de edad– de una forma respetuosa le plantee a la persona “transmisora”, estos cambios en aras de elevar o recuperar su autoestima.

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