No se puede absolver a la tiranía
Fernando José Bárcenas Molina
“Nadie puede reinar inocentemente” (Louis Antoine Leon de Saint Just)
Recientemente la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua resolvió que se restituya a Somoza la propiedad de la Cementera Canal, en la cual se encuentra la principal mina de piedra caliza del país (y que tiene un valor superior a los ochenta millones de dólares). Darle a los Somoza la Cementera es más que resolver un conflicto judicial sobre la propiedad de un bien considerable: con este fallo se absuelve a la tiranía.
Este fallo innoble, sin precedentes, retrocede las páginas de la historia, en las cuales el pueblo consigue su libertad por medio de la insurrección y, con ello, condena para siempre a la dictadura. El sólo hecho de juzgar, ahora, sobre los derechos de Somoza (o sobre la herencia de los descendientes de éste), cimenta las bases del poder de un régimen que se fundaba en la opresión. Borra con impudicia el logro alcanzado con heroísmo por el pueblo sencillo y marginado que armado de piedras restituyó en las barricadas de Monimbó, en los barrios orientales, en Estelí, la dignidad y el ideal superior de la Nación, al derribar a la más sanguinaria dictadura de América.
Durante la Comuna de París, que siguió a la proclamación de la Primera República en Francia, la Convención Nacional sometió a juicio al rey Luis XVI. Para el jefe de los revolucionarios jacobinos, el rey ya había sido condenado al sublevarse el pueblo para destronarlo. En la monarquía, el monarca es el único que tiene una patria, sostenían los jacobinos. La nueva Constitución era, entonces, únicamente para los ciudadanos, no para el rey. En representación de los revolucionarios, Maximiliano Robespierre argumentaba:
“Luis XVI no es, en efecto, un acusado. Luis no puede, por consiguiente, ser juzgado: él ya fue condenado, o bien, la República aún no ha sido absuelta.
“Proponer que se haga un proceso al rey significa retroceder hacia el despotismo real y constitucional. Si Luis puede, todavía, ser objeto de un proceso significa que podría ser absuelto. Si Luis fuese inocente, entonces todos los defensores de la libertad serían calumniadores. El pueblo de París sería culpable, y el proceso ante el tribunal de la Naturaleza entre el crimen y la virtud, entre la tiranía y la libertad, se decidiría a favor del crimen y de la tiranía.
“Donde no vemos un jurado, un tribunal o un juzgado, creemos que no encontraremos la justicia. Pero, cuando una nación se ve obligada a recurrir al derecho de la insurrección, quiere decir que con relación al tirano, regresa al estado de la Naturaleza, en el cual, rigen las leyes que están en la base de la sociedad misma: la salvación del pueblo.
“El derecho de castigar al tirano y el de destronarlo, son la misma cosa. El proceso del tirano es la insurrección misma: su juicio es la caída del poder; su pena es la que exige la libertad del pueblo”.
Una sana política para cimentar la República naciente lleva a la decisión de introducir profundamente en el corazón el desprecio por la monarquía (decían los revolucionarios jacobinos, en 1793). En Nicaragua, ahora, de igual forma, el patriotismo sano lleva a despreciar al somocismo y a sus defensores.
El autor es ingeniero eléctrico

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