MARTES 1 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23710 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La fábrica de muerte

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GilbertoBergman Padilla

Mi buen amigo Ernesto Marín me comentaba que si yo en vez de haber nacido en Diriamba hubiera nacido en Berlín, me hubieran hecho lámpara o jabón, ya que tengo el 50 por ciento de judío y eso bastaba para que me enviaran a Auschwitz. Afortunadamente tuve la suerte de no ser llevado a ese lugar donde encontraría crueldad e infamia, toda la bestialidad y aberración, toda la atrocidad y horrores que se había dado cita en ese lugar.

La Gestapo escogió un complejo de 40 kilómetros cuadrados con 28 edificios de ladrillos de dos plantas, dos alambradas de púas con corriente de alta tensión cercaban la totalidad de la superficie. A la entrada del campo se podía leer en alemán en señal de desprecio y sarcasmo, el irónico lema: “arbeit macht frei”: el trabajo te hará libre.

Sin embargo, lo que sí terminó por hacerse célebre fue la macabra frase: “de Auschwitz sólo se sale por la chimenea”. Era una verdadera fábrica de muerte: enfermedades, inanición, frío, fatigas extenuantes, escorbuto, disentería, traumas e infecciones, fusilamientos, horcas, cámara de gas, crematorios…. Un récord total de millón y medio de víctimas fatales.

Como quedaba pequeño, Himmler mandó a construir Auschwitz II Birkenau, que comprendía 250 barracones de madera y piedra. Birkenau llegó a albergar en 1943 a unas 100 mil personas: la mayoría judíos, pero también gitanos, eslavos, católicos, polacos, serbios y otros “untermenschen” (seres de raza inferior) y además prostitutas, homosexuales, testigos de Jehová, partisanos, comunistas y otros opositores políticos.

Allí también se encontraba “la rampa” junto a las vías del tren, en la que se llevaba a cabo la selección de los recién llegados tan pronto como bajaban de los vagones en que venían apretujados como ganado. Los aptos eran destinados a trabajos forzados en las principales industrias de Alemania: Volkswagen, Daimler Benz, Siemens, Krupp, Thyssen, IG Farben (para la que se le abrió un tercer campo, Auschwitz III-Buna Monowitz, que producía caucho).

El método más eficiente para el exterminio fue sin duda la muerte por gas. Hacia el verano de 1944, durante la deportación de los judíos húngaros (más de 300 mil en un año), en todo el complejo era posible eliminar y quemar hasta 24 mil personas diarias.

Se conmemoró a fines de enero recién pasado, el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz. Líderes mundiales visitaron Polonia para recordar que en los campos nazis murieron seis millones de hombres, mujeres y niños, tres cuartas partes de los judíos de Europa. En ocasión de este aniversario Jacques Chirac, Presidente de Francia, dijo que “el antisemitismo no es una opinión. Es una perversión. Una perversión que mata. Es un odio que hunde sus raíces en las profundidades del mal y cuyos nuevos brotes deben ser rechazados”.

“Recuerda. No lo olvides”. Zakhor, Al Tichkah.

El autor es rector de la Universidad de Ciencias Comerciales
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