Partidocracia sustituyó al sistema democrático
Fausto Carcabelos-Molina
Desde su primer día de gobierno el presidente Enrique Bolaños ha actuado con la sinceridad, honestidad y vocación que lo caracterizan, buscando afanosamente un proceso de gobernabilidad en el que se apoye al Ejecutivo en todo lo que represente solución a los variados problemas que aquejan a nuestro país.
El presidente Bolaños ha exigido a sus colaboradores, en medio de una tenaz persecución a la deshonestidad y a los corruptos, que su conducta y actuación sea coherente con los intereses nacionales. En sus tres años de Gobierno, la actividad político-partidista y el acceso de los caudillos a los beneficios del poder han estado ausentes del Ejecutivo. Para los caudillos pactistas, acostumbrados a los deleites del poder, la actitud decidida del Presidente y sus colaboradores les dificulta servirse del país y no servirlo; pero se aprestan a cambiar esta circunstancia rompiendo el dique impuesto por el Ejecutivo para retomar los beneficios que antes les ha dado el poder.
Romper el dique, mediante la reforma apresurada de la Constitución Política y el paquete de leyes que han creado a la medida de sus intereses, es volver a situaciones que han dañado al país, es volver a los privilegios y enriquecimientos para servirse personalmente y servir al partido con la cuchara grande.
El sistema democrático ha degenerado en partidocracia y con esta se desvanece el Estado de Derecho. La partidocracia es la preeminencia de los partidos en los sectores políticos, económicos y sociales; es un esfuerzo constante de los partidos pactistas por penetrar nuevos y cada vez más amplios ámbitos que culmina en un control completo sobre toda la sociedad. La perversa oposición y hostilidad declarada del pacto en contra de las acciones y propuestas del Presidente de la República, y sus funcionarios, es la manifestación más clara de que los partidos del pacto están monopolizando nuestra vida política y tratando de usufructuar el Estado para su propio beneficio, poniendo en riesgo los principios de pluralidad política e independencia de las funciones públicas.
Ahora que estamos en diálogo, sospecho que el Presidente confía aún en que los representantes de los partidos podrían enmendarse y permitir la gobernabilidad que el país requiere; pero... ¿tendrán los mismos sentimientos e intenciones que el Presidente los caudillos pactistas? Al parecer, los cabecillas sufren las exigencias de una militancia mermada que demanda desesperadamente reconquistar posiciones de privilegio... ¿Se puede confiar en quienes han causado tanto daño al país?
La conducta de la cúpula de los partidos pactistas se ha alejado vertiginosamente de las expectativas de una población ansiosa de cambios. Sensatez, prudencia y mesura eran anhelos justos después de las terribles experiencias heredadas de las dictaduras que hemos sufrido.
Los cabecillas de la élite pactista están concentrando el poder en sus manos y pretenden convertirse en los actores exclusivos de nuestro sistema político, aspiran a que el Estado no sea regido por sí mismo, por los ciudadanos, sino por la élite-cabecilla-pactista de los partidos políticos. De esta forma se obliga a canalizar la vida de la nación por el cauce de los partidos, suprimiendo los espacios a la sociedad, dando aliento a un grupo de políticos que vive de la política y no para la política.
El paquete de leyes que los diputados han aprobado y pretenden seguir aprobando beneficia descaradamente sólo a los más leales y distinguidos miembros de la élite pactista; no aporta ningún beneficio al ciudadano y está lesionando severamente las condiciones para que los ciudadanos ejerzamos nuestros derechos y deberes. Los nicaragüenses vemos, algunos con indiferencia y otros con estupor, la creciente voracidad con que la partidocracia se hace de varias estructuras del Estado. Es vergonzoso el impresionante e impune control que la élite pactista viene acumulando en las instituciones de nuestra nación, bajo el amparo de pactos políticos que han modificado la naturaleza del mandato original conferido al Presidente de la República.
En el transcurso del ansiado diálogo nacional, el presidente Bolaños se enfrenta al complejo dilema de aceptar o rechazar el apoyo y las propuestas de los “líderes” de los partidos, quienes indudablemente esperan un buen pedazo de una torta cada vez más pequeña. En estas circunstancias es vital que los caudillos políticos reflexionen sobre su conducta y cambien para bien, de lo contrario, será mejor que el presidente Bolaños siga como hasta ahora, con grandes dificultades y con una Asamblea Nacional que acata directivas políticas y no responde a las urgencias del país. En otras palabras, “más vale solo que mal acompañado”.
El autor es Viceministro de Hacienda y Crédito Público

|