Misión de un alcalde
Marisa Álvarez
Los ciudadanos no debemos olvidar la violación de nuestros derechos lograda con el abuso del poder, la mentira, el fraude y el engaño. Y lo más doloroso, lo que es peor, es la pérdida de conciencia de la dignidad humana. Quien reconoce su propia dignidad no ignora la del otro; no ignora la voluntad de la población que escogió libremente a Dionisio Cuadra como Alcalde de Granada pero se la robaron; ni se impone en un puesto público que debe ser asignado por voluntad popular.
Es muy triste que para capturar la Alcaldía de Granada se haya recurrido a tanta mentira, burla y desesperanza causada por esta especie de guerra popular prolongada contra la verdad y la justicia. A veces los nicaragüenses caemos en la tentación de pensar que no hay nada que hacer, y de eso se valen los que quieren engañar. Quieren hacernos caer en la tentación del nihilismo: nada vale la pena; todo está perdido.
Sabemos que no es así. Nicaragua puede ser lo que está llamada a ser. Un país próspero, libre en donde todos los seres humanos sean respetados. Los discursos artificiosos y pretendidamente elocuentes no son más que la evidencia de la mentira porque “la verdad debe ser simple y sin artificios”, lo dice Séneca.
Sin embargo, lo que verdaderamente me anima a no callar es la seguridad de que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (de donde viene su dignidad), es bueno, y está dotado de libertad y de razón. Por esto mismo es necesario señalar aquí mismo los siguientes valores positivos:
1. La valentía, el esfuerzo y la humildad de hombres como don Dionisio Cuadra, que conociendo, como conocíamos todos, las intenciones de su contrincante político, llegó hasta las últimas consecuencias en una contienda a todas vistas desigual. Es evidente que él no iba a recurrir al fraude y en su lucha al menos logró demostrar de todas las formas que pudo, que habiendo el pueblo de Granada expresado su voluntad, los poderosos se burlaron una vez más. Necesitamos reconocer que hay aún personas dispuestas a defender sus valores y principios sin intereses personales. Cuando vemos hombres así, confiamos en el ser humano.
2. La seguridad —que no debemos perder nunca— de que el bien, tarde o temprano, triunfa sobre el mal; que “la verdad puede enfermar, pero no morir” (Cervantes), y que todo hombre puede volver sobre sus pasos y enmendarse. Con esto quiero decir que aunque nunca sea legítima la elección, siempre puede quien ocupa el puesto de Alcalde desde hoy, tomar la decisión de no servirse a sí mismo sino a la población granadina; de cumplir con la Ley Municipal que es muy clara; de dar a conocer periódicamente los resultados de su gestión mediante los cabildos que la ley ordena, y sobre todo, de ponerse frente a Dios. Él con seguridad iluminará su razón y quien tenga la obligación de servir al pueblo en su corazón sabrá lo que tiene que hacer.
Calle Atravesada, Granada

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