SáBADO 29 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23707 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Oralidad
Dos animalitos de Dios

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Jimmy Avilés Avilés

Ante todo hay que decir que en la anécdota que se tomó en la columna del sábado 22 de enero fue estrictamente un ejemplo que sirviera de referencia positiva para aquéllos que se enojan por sus apodos y por el contrario los hay también quienes se enorgullecen de éstos.

Ejemplo de ello son quienes han convertido su apodo en “apellido”.

Así el “chivo” de la anécdota, como el “cabro” referido en la columna son “animalitos de Dios”, animales, todos, a los que amaba aquél que tuvo: “Alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís”.

Debe establecer con plena claridad —como decía un sabio filósofo que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa— y repetir “que no hay que confundir a los animalitos de Dios”, porque, de acuerdo a la escala zoológica existen sus diferencias entre lo que es un “chivo” y lo que es un “cabro”, y de ambos la oralidad nicaragüense establece sus diferencias.

En el campo lexicográfico, tales diferencias están avaladas por la Academia Nicaragüense de la Lengua, quien en el Diccionario del Uso del Español Nicaragüense (Managua, Nicaragua, 2001/p. 61) define el término “chivo”: m. Dícese del hombre que vive a expensas de una prostituta con quien hace vida marital./ “Suegro chivo”: que la pasa a costa de su yerno”.

En el libro “Vocabulario Nicaragüense” de Cristina María Van Der Gulden (Edit. UCA, 1995), en aumentativo define al “cabrón”:... También se aplica al que consiente el adulterio de su mujer/ ser cabrón.: se aplica al hombre que consiente el adulterio de su mujer.”/ Designación unívoca del marido engañado por la mujer en Nicaragua”.

Alfonso Valle en su “diccionario del habla nicaragüense” (Edit. La Nueva Prensa, Managua, 1948, p. 40), nos dice del mismo término, haciendo verbo: “Cabronear”: “Hacer la vista gorda el marido con los desvíos de su mujer, porque aquéllo de que los cuernos son como las cordales: Duelen al salir pero después sirven para comer”.

Por el ejemplo que expone don Alfonso se deduce que no entendió la diferencia entre chivo y cabro; ya que el cabrón —a pesar de los pesares—, es muy difícil, que los cuernos o las muelas cordales las utilice para “comer”, ya que entre ambos el único que económicamente se beneficia es el “chivo”, más no el “cabrón”. Uno quita y el otro da.

Por ello la oralidad en Nicaragua, que ha establecido la ciencia de la “chivología”, afirma, como uno de sus principios fundamentales, que “quien no ha sido “chivo”, no es ciudadano”, pero la sociedad para condenarlo, le responde: “Chivo que quita y no da, al infierno se va”.

La Chivología , en su afán de no buscarle tres pies al gato”, ha establecido que tanto el chivo como el cabro, pasando por el híbrido “peliguey”, son unos animalitos de Dios; ya que hasta San Francisco —incluyendo al lobo— a todas las criaturas consideraba sus hermanos. Y como no queremos erigirnos en ser lobos del hombre, mejor dejémoslo ahí.
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