SáBADO 29 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23707 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Blanco y Negro
Porque tener la razón no basta

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Eduardo Enríquez

¿El veredicto contra el asesino de María José Bravo habría sido ése si sus colegas, el abogado acusador, este Diario y las organizaciones civiles no se hubieran movilizado con tanta fuerza? De acuerdo al récord del Poder Judicial y de la Fiscalía, lo dudo.

A pesar de que todas las pruebas que demostraban la planificación de la muerte de la joven periodista y que todos conocían los antecedentes de Eugenio Hernández, el fallo habría sido mucho más benigno para el criminal si todo hubiera dependido de la actitud blandengue de la Fiscalía y de los contactos del delincuente con el Partido Liberal Constitucionalista.

Este caso nos demuestra que en este país tener la razón no basta. Que si el ciudadano no se levanta con energía a protestar por sus derechos, éstos serán pisoteados por la mafia que gobierna este país.

El caso de María José debe demostrar entonces el poder de la gente cuando se moviliza y demanda lo que es justo. Así como María José inspiró al gremio por una lucha justa, debe también servirnos de ejemplo para reclamar a nivel de sociedad.

La inmensa mayoría en la calle habla de lo hastiada que está del sistema controlado por los caudillos, de las instituciones que están al servicio de ellos y de las leyes que imponen, cuyo único objetivo es beneficiarlos a ellos y a su claque.

Pero hasta ahí. Existe un sentimiento de impotencia que no nos permite pronunciarnos, salir a la calle y demandar lo que queremos. Nos parece que con las instituciones copadas por los empleados de los caudillos no hay nada más que hacer que aguantar. Pero no es así.

La Fiscalía, controlada por los liberales, asumió una actitud timorata en el caso de María José. El Poder Judicial de sólo haber tenido que lidiar con el fiscal habría servido en bandeja un fallo “benigno”, quien sabe si hasta el dictamen de “la bala saltarina”, a pesar que desafía las leyes de la física, hubiera resultado la prueba principal que habría permitido al asesino salir antes de Semana Santa.

Pero la movilización de la gente, esa jornada sin descanso que promovieron los amigos y colegas de María José marcaron la diferencia, y su muerte ahora le costará caro al asesino.

Porque ahora cualquier fanáticodelincuente la pensará dos veces antes de actuar contra los periodistas sólo porque dicen la verdad. Los casos anteriores a los de María José, el de Tirso Moreno contra los periodistas de la redacción central de LA PRENSA y la muerte de Carlos Guadamuz habían dejado la impresión de que amenazar o matar periodistas no tenía consecuencias graves para los criminales, pero eso cambió.

La lección que nos deja María José es clara: sólo actuando y presionando unidos podemos evitar que los caudillos y sus secuaces sigan asesinando la democracia y el desarrollo en Nicaragua.

No es Enrique Bolaños y su gobierno por sí solo, ni mucho menos los caudillos los que van a mover un dedo por cambiar las cosas. Somos nosotros los que debemos garantizarnos nuestro futuro. La lucha por la justicia para María José lo demostró. Sigamos en esa línea.
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