Poesía salvadoreña
El damo
Miguel Huezo Mixco*
Y he aquí también su damo. Bebe cerveza gratis, empeña con muchachas a sus amigos, trama, ordena mesas, llama la atención, exige disciplina. Y en la alborada de la noche, a veces bajo el cielo raso con lámparas de estrella encasqueta su mano flaca entre las piernas fabulosas de Tamoa. Es el primero en entrar y el último en salir abrazado de presagios por la noche iluminada teme a la incitación de una voz que la palpita por los desafueros de ese tótem que a horcajadas no le exige que lo quiera, que lo ame, que no deje nunca, que nada le pide, que todo le da, que nada reclama.
Sólo esclavitud perenne y total a su agujero cuidadosamente depilado.
* (El Salvador, San Salvador en 1954). Ha publicado Comarcas (1999) y La perversión de la cultura (1999), entre otros. 
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