Poesía hondureña
Rondas
Fabricio Estrada*
I Dicen que los duendes se divierten escuchando la historia de una niña llamada Tegucigalpa, que huyendo nerviosa de los desmanes del invierno, cayó destrozada a los pies del Picacho.
II Cuando Honduras duerme los niños guardan silencio y le hacen rueda, porque saben que ella al soñar habla y al despertar enmudece.
III Ella, reina de las palomas se evapora en mis silencios. Ella, mar sobre mí que me deja lleno de sus olas.
* (Honduras, 1974). Ha publicado Poemas contra el miedo (2001) y Sextos de lluvia, Solares. Tiene inédito el libro de cuentos: El abominable hombre de las rosas. 
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