JUEVES 27 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23705 / ACTUALIZADA 03:30 am





EL HUMOR DE




El Estado pierde la Costa

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Ronald Hill Álvarez
hillron@hotmail.com

Son innumerables los titulares de los diarios y la televisión que se focalizan cada vez más en la triste realidad del narcotráfico en la Costa Atlántica de Nicaragua. Hasta cualquier visitante despistado palpa a simple vista que el narcotráfico está acabando con la vida y esperanzas de centenas de miles de hombres y mujeres de todas las edades que poseen un rico acervo cultural y más diverso que cualquier otra zona de este país. Lo que los narcos están haciendo en nuestro Caribe no tiene precedente en la historia de la región mucho menos en la triste historia de esta sufrida Nicaragua.

A los pueblos indígenas de la Costa Caribe (miskitos, sumos, ramas, garífonas, creoles) históricamente fuerzas foráneas los han utilizado en función de sus propios intereses. El inmenso territorio, nunca colonizado por la cruz y la espada de los españoles, fue objeto de saqueo por los piratas ingleses actuando con un “modus operandis” de beneficio mutuo mediante el trueque, intercambiando ron, aperos para la pesca, etc. a cambio de alimentos, madera preciosa y seguridad en las costas. La violenta reincorporación de la Mosquitia llevó a estos pueblos un proceso contrario a sus tradiciones y costumbres sembrando una cultura ajena a los mismos donde la educación se suspendió para que los maestros pudieran aprender el idioma español y luego adoctrinar a los jóvenes con “los buenos hábitos y costumbres” del Pacífico. Desde ese entonces a la fecha, la Costa Caribe ha sido objeto de saqueo de sus recursos naturales, primero por compañías extranjeras de origen estadounidense y ahora, en estos nuevos tiempos, en que el neoliberalismo galopante deja cenizas por donde pasa, empresas inescrupulosas violentan las leyes de país en beneficio propio dejando únicamente recursos agotados por su sobreexplotación, miseria y pobreza.

En los últimos tiempos, el acontecimiento de mayor significado para el Caribe ha sido la aprobación de la Ley de Autonomía y su reglamentación. Esa Ley nos brinda a los costeños, en el marco de la Constitución, plenas garantías para que todos juntos podamos trabajar en la búsqueda de la prosperidad y el progreso de nuestras comunidades. Aún así, las Regiones Autónomas no son ajenas a los conflictos políticos que como una nube gris cubren el cielo azul y blanco de Nicaragua y el inmenso Mar Caribe. La actual situación que padece la Costa Caribe es producto de la incapacidad cada vez más manifiesta del Estado nicaragüense, junto con sus instituciones, los partidos políticos y sus ineptos dirigentes de ver ese rico territorio, en cultura y recursos naturales, como la esperanza del país para salir de la pobreza. Todo Estado está constituido por el territorio y su población y es a éstos a los que se debe. En el caso de Nicaragua la realidad nos dice que esa condición para el Caribe no se cumple.

El narcotráfico está destruyendo la mitad del territorio nacional, a sus comunidades y las ricas costumbres heredadas de nuestros ancestros. El Estado se tambalea en pugnas partidarias de poder donde cada uno de los responsables de las crisis cíclicas negocian a espaldas del pueblo nicaragüense aduciendo que lo hacen en beneficio del pueblo mismo para llevar salud, educación y empleo digno. Históricamente el cuento siempre ha sido el mismo.

Los hechos nos dicen que Nicaragua está perdiendo la Costa Caribe. No se promueven empleos dignos más allá de salarios de hambre en llamadas inversiones de zona franca donde los trabajadores son tratados como esclavos, los beneficios de la pesca se concentran en inversionistas inescrupulosos que nunca han navegado nuestras costas, donde el mismo Gobierno le sirve en plato hondo los beneficios con una Ley de Pesca creada a la imagen y semejanza de éstos y no de los que históricamente han explotado racionalmente nuestros recursos marinos, las concesiones madereras se convierten en mercancía traspasándose de mano en mano y cada vez son miles de hectáreas de bosque las que se talan. El Estado, el Gobierno y sus instituciones son incapaces de frenar el narcotráfico y muy seguro estoy que si el mismo desfigurará las sociedades tradicionales de Granada o León, no dudemos que algo estarían haciendo por recuperar sus “tradiciones y buenas costumbres” de esa plaga que acabará con nuestro país teniendo este tipo de gobernantes y políticos.

El autor es zootecnista, ciudadano costeño.
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