Codicia por joyas llega hasta la muerte
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Tres jóvenes se ensañaron con una anciana del barrio Monseñor Lezcano, a quien asesinaron brutalmente en su casa de habitación para robarle sus joyas que la mujer había logrado acumular durante toda su vida de trabajo |
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Carlos Martínez Morán
La noche del 2 de octubre Managua estaba exaltada con la cartelera boxística internacional en la que el nicaragüense Ricardo Mayorga se enfrentaba al boricua Félix “Tito” Trinidad.
La gente estaba pegada a sus televisores y nadie quería en ese momento distraerse en otra cosa que no fuese la esperada pelea que tenía meses de venirse publicitando. La campana sonó, anunciando el primer round y los púgiles salieron a darse con todo, llevando la euforia de la gente a su máximo nivel.
Mientras eso ocurría, en la casa de la señora Josefa Leonor Mendoza López, ubicada en el barrio Monseñor Lezcano, todo era distinto. tres sujetos se habían introducido a su cuarto para asesinarla y apoderarse de su pequeña fortuna en joyas. Después se dieron a la fuga sin ser vistos, aprovechando que el evento boxístico acaparaba la atención de la gente.
El hecho se produjo de la Aceitera Corona cuadra y media al sur, junto a una cuartería, propiedad de la víctima. Josefa Angélica Chávez Mendoza, hija única de la anciana de 82 años, relató que a eso de las 6:00 a.m. del domingo llegó a la casa de su madre para acompañarla en sus ejercicios físicos. “Yo acostumbraba llegar todos los días a esa hora para salir a caminar con ella. Íbamos a diferentes lugares de Monseñor Lezcano. Mi madre era una mujer que a pesar de su edad gozaba de buena salud y condiciones físicas”, comentó.
Al llegar a la vivienda observó que la puerta de hierro estaba abierta y con las llaves en la cerradura. Y aunque la puerta de madera estaba cerrada, presintió que algo extraño había ocurrido, porque su madre nunca se iba a la cama sin antes revisar que todo estuviera bien cerrado.
Presintiendo lo peor, la mujer empezó a gritar con desesperación y a golpear las puertas para que la anciana abriera, pero del otro lado nadie respondió. “No me atreví a entrar hasta su habitación porque tuve miedo. Pero imaginé en ese momento que si ella no respondía, era porque algo grave le había ocurrido”, dijo.
Temblando de nervios se dirigió rápidamente a la Policía del Distrito Dos a exponer el caso y cuando los oficiales llegaron a la casa, lo que encontraron en la habitación fue un cuadro dantesco. Todo estaba en desorden. El cadáver de la anciana estaba maniatado y tirado en el piso. Tenía la boca llena de trapos sucios y una mordaza. “Me contaron también que tenía moretones en todo el cuerpo y la cabeza llena de heridas. Yo creo que la torturaron para obligarla a decir dónde guardaba sus joyas”, dijo.
En el trabajo de investigación, los oficiales revisaron toda la casa en búsqueda de evidencias.
Los inquilinos de la cuartería estaban sorprendidos con aquella tragedia y aunque no aportaron muchos elementos a la investigación, se esforzaron por enterar a los policías sus conjeturas. Algunos se atrevían a decir que los responsables de este hecho habían sido unos drogadictos que a diario merodeaban por el sector. Otros decían que posiblemente eran delincuentes de otros barrios, que atraídos por los rumores de las joyas, se habían introducido a la casa de la anciana.
Pero en todas las versiones ninguno de los interrogados dijo haber escuchado ruidos ni gritos durante la noche.
En ese momento los investigadores presumían únicamente que el móvil del crimen era el robo, porque las joyas y el dinero de la víctima habían desaparecido. Pero no tenían una versión clara sobre los métodos utilizados por los delincuentes para ingresar a la vivienda, ni el por qué decidieron matar a la víctima.
Josefa Angélica Chávez Mendoza relató que su madre tenía en su habitación muchas joyas que había acumulado durante casi toda su vida. Y sabiendo que eso tentaba a ladrones, había procurado asegurar bien su casa.
En el trabajo de búsqueda de evidencias, los policías revisaron también a una perra negra que la anciana mantenía en el patio trasero de su casa, que según los inquilinos era una fiera por las noches. Pero extrañamente nadie la escuchó ladrar.
A pesar de la escasa información, los investigadores analizaron cada detalle. La posición en que dejaron el cadáver, el desorden del cuarto, algunas hebras de cabello y residuos de piel en las uñas de la anciana, los golpes encontrados en su cuerpo, el desorden de su cama, entre otros elementos, fueron utilizados para dar con el paradero de los criminales.
En el lugar del hecho, los policías se enteraron que la noche del crimen un hombre de unos 55 años había estado dentro de la casa. El sospechoso estaba dentro de los curiosos y de inmediato fue retenido. En su declaración aseguró que efectivamente había ingresado al garaje a guardar su vehículo, pero que no vio nada extraño, a excepción de la puerta de la casa que todavía estaba abierta.
Josefa Angélica Chávez señaló que la noche del crimen estuvo hablando por teléfono con su mamá durante largo rato.
“Le dije que llegaría temprano para llevarla a caminar. Que posteriormente compraríamos unas tortillas para el desayuno, entre otras cosas, pero como ese momento eran como las 8 y 20 minutos de la noche, le dije que tuviera mucho cuidado en cerrar bien la puerta de hierro. Que recordara que los delincuentes siempre acechaban cuando la gente estaba distraída. Ella me dijo que no me preocupara y colgó”.
Pero la mujer señaló que a partir de ese momento sintió como que una corriente de frío le helaba el pecho. Quiso tomar un vehículo para ir donde su mamá, pero se contuvo porque consideró que tal vez su presentimiento era una exageración. “Yo pienso que los delincuentes se metieron despuecito de que ella colgó el teléfono. Quizás si hubiera ido a su casa los habría descubierto y tal vez ella se habría salvado”, se lamentó.
ANDUVIERON CELEBRANDO
La anciana fue enterrada el martes 5 de octubre en el Cementerio General de Managua. Para ese momento habían transcurrido más de 36 horas del asesinato y la Policía no tenía una posición clara sobre los autores del hecho. Sin embargo, a través de sus órganos de inteligencia habían logrado conocer que la noche del crimen, en el asentamiento Los Martínez, situado al norte de reparto Las Brisas, varios individuos habían andado ofreciendo joyas a cambio de licor. De acuerdo a la información, los tipos estuvieron tomando cervezas en una pulpería y le habrían dicho a la dueña del local que tenían un botín en joyas y que andaban celebrando.
En sus investigaciones la Policía determinó que estas personas eran los hermanos Luis Fermín y Juan Carlos Mayorga Altamirano y Guillermo Octavio González Vásquez. Todos fueron capturados en un operativo policial que se realizó en el asentamiento Los Martínez, lugar de residencia de los sospechosos. La Policía también les recuperó parte de las joyas robadas a la anciana Josefa Leonor Mendoza López.
CONDENADOS
La Policía del Distrito Dos capturó a los responsables del crimen casi seis días después del asesinato.
La subcomisionada Beatriz Narváez, Jefa de Auxilio Judicial de ese Distrito, informó que de acuerdo a las investigaciones, en este hecho participaron de manera directa los hermanos Luis Fermín y Juan Carlos Mayorga Altamirano y Guillermo Octavio González Vásquez.
Todos fueron capturados en el asentamiento Los Martínez, lugar donde anduvieron celebrando y ofreciendo las joyas robadas.
En las investigaciones, los responsables confesaron el hecho, a su vez le indicaron a la Policía los lugares donde habían escondido y empeñado las joyas robadas.
Todos ellos fueron encontrados culpables por un jurado de conciencia en el Juzgado Cuarto de lo Criminal. Y una semana después, el 30 de noviembre, fueron condenados a 23 años de prisión por el delito de robo con intimidación y asesinato.
CRIMINALES ENTRARON POR LA PUERTA
Josefa Angélica Chávez Mendoza, hija de Josefa Leonor Mendoza López, manifestó que el crimen fue planificado por Luis Fermín Mayorga Altamirano.
Esta persona gozaba en cierta medida de la confianza de la familia de la víctima, pues a él recurrían siempre que la anciana necesitaba realizar algún trabajo de fontanería o de albañilería en su casa de habitación.
El día del crimen, este sujeto, su hermano y otro individuo se ubicaron a cierta distancia de la casa de la anciana a observar el movimiento de la gente y a esperar el momento oportuno para entrar en acción.
Su presencia en el lugar fue detectada por algunas personas, pero nadie imaginó que esa noche habían planificado matar a la anciana para robarle sus joyas.
Según la Policía, a eso de las 6:00 p.m. Luis Fermín y su hermano Juan Carlos Mayorga Altamirano y otro sujeto, identificado como Guillermo Octavio González Vásquez, se fueron acercando a la casa para dar el golpe.
Cuando observaron que la gente estaba distraída con la pelea de Ricardo Mayorga, llegaron a la puerta de la casa y aprovechando que la víctima salía en ese momento a cerrar el portón de hierro, la tomaron por uno de los brazos. Antes que la anciana gritara le taparon la boca y la introdujeron a su cuarto, donde la mataron después de robarle sus joyas.
Según Josefa Angélica Chávez Mendoza, los sujetos estuvieron dentro de la casa por espacio de dos horas.
Después que habían logrado el botín, salieron a la calle por la misma puerta que habían entrado.
Chávez Mendoza relató también que el día del asesinato, el victimario había estado en la casa de la anciana tomando unas medidas para un trabajo de albañilería que la mujer de 82 años necesitaba realizar en uno de los muros.
“Mi mamá le había dicho que ella lo iba a llamar para que le realizara ese trabajo, pero el hombre insistió en llegar a la casa, hasta que lo logró” señala.
“Algunos inquilinos me contaron que les pareció extraño que el hombre estuvo largo rato observando la puerta, midiendo los pasos que habían de la calle a la puerta”, dijo.

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