MARTES 25 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23703 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Que la juez sea justa y ética

Martha Marina González

Crecen las expectativas, han transcurrido 76 días de luto, dolor, tristeza e incertidumbre desde que María José Bravo fue asesinada por Eugenio Hernández, ex alcalde del municipio de El Ayote. Nadie puede justificar esa conducta, no tenía el derecho de privar de la vida a una joven madre y periodista.

María José nunca más podrá levantarse de esa tumba para abrazar y acariciar a su hijo, para sonreírle a su madre, hermana y amig@s, mientras el asesino seguirá viendo a su familia y aunque sea condenado, como espero ocurra, algún día regresará a su casa, no así María José.

Recuerde que ese crimen torpedeó la relación del hijo con su madre, con quien compartiría sus proyectos y era la fuente de sus mejores sentimientos: solidaridad, bondad, cooperación, compromiso y deseo de mantener siempre viva la magia del amor.

Póngase en los zapatos del hijo de María José, de su madre, su hermana y nosotros los periodistas, vea su propia sombra o la parte oscura, sus necesidades, sus pérdidas y vivencias traumáticas y pregúntese ¿qué haría si lo hubiese hecho con uno de mis seres queridos? Si la respuesta es: culpable por asesinato, entonces resístase a la tentación de rescatar o salvar a ese asesino.

Hoy 25 de enero, la juez de derecho al concluir el jurado no puede ni debe premiar la conducta violenta y abusiva de ese individuo, si lo hace nos estaría colocando en una posición de que todos somos igualmente responsables de todo, o bien que nadie es responsable de nada.

Señora juez que no le tiemble el pulso, ni la voz para dictar una sentencia condenatoria que reprima la conducta del procesado, sea consciente de que lo ocurrido en lo emocional y social es de alto riesgo, no solamente para la familia sino para la sociedad.

La autoridad que juzgue al matón de El Ayote tiene que ser fuerte para ser testigo indirecto de la tragedia; sin perder la visión humanista, procure aplicar la objetividad y el apego a la ética al decir ¡culpable! Sólo así estaría aportando desde su condición al desarrollo de acciones preventivas.

* La autora es periodista y psicóloga de Estelí.
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