Sonrisas milagrosas
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Las deformidades faciales son una carga doble para los niños, porque además de no poder sonreír, deben enfrentar el rechazo de aquellas personas que no entienden a quienes —por razones que están lejos del control del ser humano—, han nacido diferentes |
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Vanesa Karina Talavera Obregón, de seis años, canta y ríe mucho mejor luego de una operación para corregir su paladar hendido.
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Arlen Pérez
Vanesa Karina Talavera Obregón, de seis años, disfruta de jugar “a la anda”, “a las escondidas” y cantar. Su canción favorita es Barquito de papel, una letra infantil llena de esperanza y deseo de un mundo mejor.
Con voz dulce, un poco confusa, pero sobre todo emotiva, Vanesa canta la melodía que aprendió en la escuela. “Abajo la guerra, arriba la paz, los niños queremos reír y cantar”.
A Vanesa la vida le hizo una mala jugada y nació con el paladar hendido, una deformidad facial, pero una operación le ha devuelto lo que ahora pide con música: “reír y cantar”.
La canción Barquito de papel se la enseñaron en la escuela Nuestra Señora de Fátima, donde cursa el tercer nivel.
De cada 700 niños nacidos en Nicaragua, uno posee un problema de deformidad facial. El promedio global es uno de cada 900 nacidos.
La corrección de estas malformaciones generalmente requiere de intervenciones costosas. Sin embargo, así como la sonrisa de los niños trae esperanza, la carencia de ella llama a personas de buena voluntad que les ayudan a sonreír nuevamente.
Operación Sonrisa es una organización de voluntarios con el deseo de cambiarle la vida a estos niños, ayudándoles a sonreír.
“Me operan la boca porque tengo un hoyo en el paladar que me lo van a cerrar. Yo no quería que me hicieran eso porque duele mucho, pero ahora me siento mejor, porque ya va a terminar todo”, relata Vanesa.
La madre de Vanesa, Amanda Obregón, expresa que no esperaba que su hija naciera con un problema de fisura de labio, porque tenía la emoción de todas las madres.
“Fue un golpe emocional y me costó mucho tiempo aceptarlo, debía tener calma, paciencia, entender que hay cosas que son más difíciles”, nos relata, mientras sus ojos se tornan llorosos por el recuerdo de aquel momento.
Según ella, lo que más le ayudó a sobrellevar esta situación fue el apoyo familiar y saber que hay muchas mamás en la misma situación
EL BEISBOLISTA
Juan Carlos Toruño Pacheco tiene cinco años, es un poco tímido pero muy seguro en lo que dice, sobre todo en que su deporte favorito es el beisbol.
Juan Carlos no recuerda desde cuándo practica este deporte, pero sí que su posición favorita es primera base.
Operación Sonrisa marcó a Juan Carlos. Más allá de reparar casi a la perfección su malformación facial, le inspiró a seguir este camino.
“Me gustaría ser doctor, yo los he visto en los hospitales curando a los niños”, asegura Juan Carlos.
Este pequeño beisbolista entiende que acudió al hospital porque “andaba mal de la boca” y le molestaba mucho.
“Ahora me siento mejor porque estoy estudiando en preescolar en el Sendero Divino, donde aprendo a cantar y a leer, me gustaría leer la Biblia”, expresa Juan Carlos.
La abuelita de Juan Carlos, Esmeralda de Toruño, relata que el niño ha pasado por cinco operaciones, la primera se la practicaron a los siete meses.
“Fue bastante traumático, nos parecía que era el único caso en el mundo, pero con la ayuda, la fe en Dios, uno sale adelante”, expresa la abuela.
Toruño dice estar agradecida, primero con Dios y después con los doctores de Operación Sonrisa, porque hasta ahora no ha pagado ni un centavo por las operaciones, ni por las medicinas.
EL PEQUEÑO ARTISTA
Kevin Antonio Montes Marenco, de 12 años, sueña con ser arquitecto y hasta ahora va por buen camino. A su corta edad él ha desarrollado grandes habilidades en el dibujo.
“Me gusta dibujar muñecos que salen en la tele. Yo los copio cuando salen impresos. Me gusta pintarlos con lápices de colores. Mi color favorito es el morado”, dice Kevin.
Él es el menos tímido de los tres chicos beneficiados, probablemente por ser el mayor.
“Tengo un hermano de dos meses, yo lo cuido mucho, aún no aprendo a cambiar pañales, eso le toca a mi mamá. Yo juego con él y por allá le doy la leche”, relata Kevin, para dar muestras de su responsabilidad.
A él le gusta el futbol y el beisbol y este año entrará al mundo de la secundaria.
Para Kevin, la operación no fue dolorosa, asegura que después de la anestesia no sintió nada.
“Antes de que me operaran era serio, porque se me salía el líquido por la nariz, pero ahora cada vez que bebo lo hago normal”, expresó el pequeño artista.
Manifestó que ahora todo es mejor porque puede comer y beber bien, dejando a un lado el “poquito de pena” que le daba antes.
Eveling Marenco, madre de Kevin, relata que la pena que el niño sintió fue en algún momento compartida por ella. “Me sentí bien deprimida, triste, porque no sabía que se hacía este tipo de operaciones”.
EXPERIENCIAS DIFÍCILES
Según Eveling para sobrellevar esto es necesario el apoyo de la familia, ya que muchas personas no entienden lo que realmente ocurre.
“Al comienzo fue duro, la gente del barrio y entre los niños había mucha burla, le empezaban a decir malos apodos y él se ponía triste”, recuerda Marenco.
Las burlas por como se miraba Kevin y como hablaba lo llevaron a bajar su autoestima, pero su madre le enseñó una gran lección.
“El niño cuando se miraba al espejo decía: mamá, que feo me miro, y yo le decía: no mi amor, usted está bien bonito y bien inteligente, igual que los otros niños”, recordó Marenco.
RELEVO DE VOLUNTARIOS
Operación Sonrisa realiza una serie de actividades, una jornada internacional, en la que doctores de otros países vienen a Nicaragua, cada año, a finales de enero, a operar a los niños. Desde 1993 se han logrado más de 1,523 operaciones.
Además están las operaciones locales. En ellas se realizan cirugías plásticas. Del 2000 al 2003 se realizaron 628 de estas intervenciones, y la Jornada Odontológica general que desde el 2001 ha ayudado a más de 256 pacientes.
Esta labor es posible gracias a doctores voluntarios. Entre ellos Armando Siú Bermúdez, cirujano plástico nicaragüense.
“Tenemos un grupo de médicos especialistas que trabajan con nosotros en diferentes programas”, explicó Siú.
Señaló que aunque la gente reconoce la jornada internacional, Operación Sonrisa Nicaragua ha logrado incrementar el número de niños beneficiados.
“Nosotros nos quedamos como la parte nacional. Estos niños fueron operados cuando eran bebés. Ahora ya tienen más de cinco años y los voy a seguir operando hasta que tengan 21 ó 25 años si estoy vivo. Si no, será otro voluntario el que hará ese trabajo”, afirmó Siú.
De acuerdo a Siú, los problemas que atienden van más allá de la apariencia.
“El problema de la fisura labial es un problema integral. No solamente se afectan la piel y el músculo, sino que los huesos, los dientes. Hacemos un tratamiento integral hasta la ortodoncia, para que los dientes que se caigan como a los nueve años salgan en la posición correcta”, explicó Siú.
Una de las pacientes que más recuerda Siú es una niña que ahora se ha convertido en enfermera. “Estuvo en tratamiento con el ortodoncista durante tres años. Le hicimos cirugía y aún le hace falta una más”, señaló.
Las misión internacional operaba en el Hospital Fernando Vélez Paiz, pero ahora lo realizará en La Mascota, donde actualmente se realizan las intervenciones de las misiones locales.
De acuerdo a Siú, algunos de los proyectos de Operación Sonrisa Nicaragua son: ampliar las misiones nacionales que se realizan para Estelí, a otros departamentos como Boaco y Chontales. Además de crear una clínica para las operaciones que voluntariamente realizan doctores nacionales e internacionales.
“Todo está disperso y queremos un lugar donde podamos juntarlo y que los pacientes lleguen a ese lugar sabiendo que sólo ahí serán vistos. Va a llevar mucho tiempo, pero queremos ponerle el nombre de Grace, quien fue la presidenta”, expresó Siú.
Grace McGregor de González fue la primera presidenta de Operación Sonrisa Nicaragua. Ella falleció recientemente, pero según los voluntarios que continúan con su labor “es el ángel que les ayuda a obtener tantos triunfos”.
UN PROBLEMA QUE SE ESCONDE
De acuerdo al doctor Siú, gran parte de este tipo de problemas es hereditario. Puede ser provocado además por mala alimentación durante el embarazo, radiaciones y pesticidas.
“Nacen unos 500 ó 700 niños al año, acá. Nosotros nos ocupamos de aproximadamente 250, casi la mitad, la otra mitad o no se hace nada o forman parte de los 10 ó 20 casos que hacen otras organizaciones. En general hay un 30 por ciento que no se operan cuando son niños”, calculó el médico.
Señaló que éste es un problema que se esconde y que lo peor de todo es que mientras más temprano se realicen las operaciones, menos trabajo tendrán los doctores y más rápido se corregirá la deformación. Además, el paciente tendrá menos problemas psicológicos, pero sobre todas las cosas, más pronto el niño recuperará su sonrisa.
TRABAJO ALTRUISTA
La creación de Operación Sonrisa Nicaragua se logró gracias al trabajo de un grupo de padres de familia, entre los que se encontraba Grace McGregor de González (q.e.p.d.).
En enero de 1993 acudió a Nicaragua la primera misión médica que operó gratuitamente a niños con deformidades faciales.
Actualmente Operación Sonrisa Nicaragua está formada por voluntarios, entre ellos médicos, cirujanos plásticos, anestesiólogos, pediatras y ortodoncistas.
Elisa Montealegre, actual presidenta de este organismo, explicó que al año se realizan cerca de 500 operaciones, 150 con la misión internacional y el resto con misiones locales.
Explicó que algunos de los niños necesitan más de una operación.
Señaló que localizar a los pacientes es más complicado en la zona del atlántico y el norte del país.
Una de las cosas que ayuda a que la gente acuda a este organismo es que han establecido ciertas fechas que sirven de referencia
Por ejemplo, la misión internacional llega el último fin de semana del mes de enero. Además, los primeros viernes de cada mes, doctores nacionales operan de 10 a 15 niños.
“Para quienes vienen desde lejos y no tienen dinero, se les reembolsa el transporte. Además, ponemos un albergue donde se pone a los que vienen de largo “, explicó Montealegre.
En este albergue generalmente se hospedan cerca de 100 niños más sus acompañantes, por diez días.
Expresó que “es importante que este problema se solucione cuando están tiernos, para que ningún niño sufra el rechazo que viene de sus compañeros, familiares y hasta de los maestros, por la dificultad que tienen para hablar”.
Señaló que uno de los problemas es que el Ministerio de Salud no ve como una emergencia los casos de labio leporino y paladar hendido.
MARCAS PSICOLÓGICAS
Sandra Ney, psicóloga voluntaria, se ha convertido en una de las pocas especialistas en terapia del habla. Señala que los principales problemas de los niños con deformaciones faciales tienen que ver con la autoestima.
“Generalmente se ven niños con baja autoestima, baja aceptación, a lo mejor apartados. Problemas que a nivel psicológico pueden estar expuestos, por eso es importante captarlos en el momento del nacimiento”, dijo.
Además de iniciar las operaciones a temprana edad, es importante que los padres de familia entiendan el problema y apoyen a sus hijos.
“Mi trabajo empieza con decirle a los padres que de todas las deformaciones que pueden existir, ésta es una de las que, gracias a Dios, tienen solución”, relató.
Agregó que “nadie está preparado para recibir a un niño con una malformación”.
“Vos te hacés una idea de cómo será el niño, que tenga los ojos del padre, lo mejor de la madre, y a la hora del nacimiento la historia es diferente”, dijo.
De acuerdo a la psicóloga, el apoyo de la familia ayuda a que el niño no se sienta diferente a los demás, sino que entienda que la naturaleza le hizo una mala jugada, que nació con un problema que se le va a ver y va a hacer que hable diferente del resto.
Manifestó que una de las limitantes para tratar a estos niños es que en Nicaragua no existe la especialidad de terapia en el lenguaje.
CAMBIANDO VIDAS
“Es maravilloso ver en cuestión de 45 minutos o una hora, cómo la vida de estos niños puede cambiar, porque pasan de ser niños que han estado olvidados, escondidos o rechazados, a ser personitas que realmente van a poder disfrutar de una vida, de sonreír, ser felices”, declaró a LA PRENSA, el 19 de noviembre del 2002, Grace McGregor de González, ex presidenta de Operación Sonrisa Nicaragua (q.e.p.d.).

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