Oralidad
Apodos y enojos
Jimmy Avilés Avilés
El doctor Manuel Pasos Arana, a propósito del título de este artículo, en su libro Granada y sus arroyos (Editorial LA PRENSA, Managua, 1943, p.37.), nos refiere a lo siguiente: “… En Nicaragua ha sido común, específicamente en Managua y en Granada, llamar a las familias por los apodos. De ello algunas personas toman enojo. De nosotros podemos decir que hay apodos que conceptuamos hermosos, y otros hasta honrados, por su origen. Teníamos un vecino que, sin poseer nada extraordinario el apodo que llevaba, lo hizo famoso y gustaba de ostentarlo. Cuando no había cañería, don Inocente Fletes montó en ruedas un gran tonel para vender agua, del lago, a domicilio e hizo pintar en el extremo posterior de la pipa un hermoso chivo. Era privilegiada entre los consumidores, la pipa del chivo. El mismo don Inocente trabó amistad con una chiquilla forastera; y el día en que la niña iba a salir de Granada, don Inocente obsequió a la amiguita, para que recordara, con un magnífico chivo de celuloide”.
La anécdota es relevante, porque en contraposición a las respuestas de “enojo”, surge la inteligente de sentirse “hasta honrado” por un apodo; lo cual pone de manifiesto el prestigio y sentido de autoestima —que en este caso— se desprende del mismo apodo, para el apodado.
Curiosamente el apodo surge, no por la actividad laboral desempeñada —transportar agua— sino por el distintivo gráfico que caracterizaba a la pipa (el chivo), y que al ser privilegiada entre los consumidores no sólo provee ingreso económico, sino también un cierto reconocimiento o estatus social a su propietario.
De este ejemplo sencillo deducir como un “apodo” a través de la anécdota citada, nos va llevando de la historia a la sicología y ésta a su vez a la sociología, para interrelacionarse —interdisciplinariamente— con la antropología urbana.
El apodo “chivo” es un ejemplo típico del que es asumido mental y personalmente, tanto como lo es su aceptación social, que en términos del conglomerado de “apodos” se convierte en una constante, apodadas de la misma manera.
A pesar que el léxico gráficamente la palabra “chivo” tiene una connotación peyorativa, pues “ dícese del hombre que vive a expensas de una prostituta con la que hace vida marital” y en lenguaje popular, hay “chivos bravos” y “chivos mansos”, y en éste se insiste que “no hay que confundir a los animalitos de Dios, porque el que es chivo es chivo y el que es cabro es cabro , “y dícese que aunque parientes, tienen distinto apellido; a pesar de …, tal apodo es aceptado y aprobado socialmente, por nuestra conducta individual y colectiva, pues en su medio el chivo es sujeto hasta de admiración.
De tal modo que la connotación no ofende, ni es tenida como agresivo, tal apodo se convierte —como en el que pintó don Inocente Fletes en su pipa— como un distintivo. Motivo de orgullo y satisfacción: solamente la locura o la ignorancia —por atrevida— son capaces de llevar a tomar “enojos” por ellos.

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