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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 22 DE ENERO DE 2005
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Fado y cabanga

Foto  

Chabela Vargas.

 

Lillian Levi

Del fado portugués, ese género emblemático de la saudade que define el tono anímico de esa nación, se pueden trazar sus antecedentes en la canción trovadoresca que floreció en la Europa medieval, nutrida por las tradiciones de las regiones que fue irrigando a su paso, desde los Balcanes hasta Iberia.

Son coplas que parecen cantarse al abrigo de un balcón, con la mirada puesta en el horizonte marino, lanzando al viento la añoranza más honda del corazón.

Se ha dicho con acierto que el fado es el blues europeo. Las paridades, sin embargo, se extienden más allá. En Iberoamérica, al lado y a la par del romance español, el fado deja sus ecos en La Llorona y en La Sandunga de México, por ejemplo, donde suena el mismo aire de apasionada melancolía, desgarrada y cadenciosa. Algo de Amalia Rodrigues se oye también en la temprana Chabela Vargas. Lo recoge luego Chabuca Granda en Perú, aunque con menos saudade, ya dulcificado por el valseo.

El fado tiene vocación de intimidad. Parece cantarse de un yo apasionado a un tú ausente. Y dado el imperio todavía imbatible de Amalia Rodrigues, es canto femenino, o al menos, feminizado por ella. Cantares de mujer como los suyos recogen los aires de las Cantigas de Amigo de la temprana Edad Media, y las canciones florecidas en la corte de Leonor de Aquitania en el siglo XII, composiciones femeninas. Es el mismo canto, ya domesticado y cautivo, que pudo haberse escuchado en las estepas paganas del Asia Menor. Ese lirismo tuvo su cumbre en las jarchas árabes y en las canciones sefarditas de la España de las Tres Culturas, antes de la violenta hegemonía de la Iglesia y la Inquisición que condujera al oscurantismo y a la subyugación de América.

Si la palabra saudade no tiene traducción precisa al español, en Centroamérica conocemos una emoción que se asemeja, y es la cabanga, que, sin ser un género artístico, suele hallar su expresión en esas canciones corta-pulsos que tanto nos llegan al alma encabangada.

En su estupenda edición 2001 del Diccionario de la Real Academia, una agradable sorpresa es la enorme cantidad de centroamericanismos, más abundante que los mexicanismos. Allí aparece registrada la cabanga como voz de Costa Rica, con el significado de “melancolía, tenue tristeza, añoranza, nostalgia”. Justo las palabras que se emplean para traducir la saudade.

Y volviendo al comienzo, qué mayor saudade que La Llorona, o las canciones “de amor y contra de ellas” entonadas por Chabela Vargas, de quien Carlos Monsiváis dice que “ha sabido expresar la desolación de las rancheras con la radical desnudez del blues”. De ese modo, quedan hermanados el fado, el blues y las rancheras, frutos todos de la misma cabanga, de la misma saudade.  
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Fado y cabanga


Entre la representación y el símbolo


Pasiones que se abrazan


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