La escultura de Ernesto Cardenal
Entre la representación y el símbolo
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 | La escultura de Ernesto Cardenal se sienta en los productos de la tradición del barro, utiliza el cincel para recrear en la piedra formas ovoides y cilíndricas del ídolo y del metate, grandiosos e intensos, de la estatuaria indígena nicaragüense. |
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Mariposa. Ernesto Cardenal. |
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Porfirio García Romano (Crítico de arte)
Crear formas, realizar cosas que representen o signifiquen otras en técnicas y materiales diversos: madera, bronce, cobre, acero, en piezas exentas sin pintar, en muchos casos policromadas, en otros casos coloreadas con pintura automotriz, ha sido una constante durante cincuenta y cinco años de los ochenta que hoy cumple el poeta y escultor Ernesto Cardenal.
Popularmente sin embargo, este hombre de indumentaria sempiterna: boina y humilde sandalia, cotona y no sotana, es más conocido como poeta y sacerdote. Este punto de vista no es malintencionado, porque reconoce los grandes méritos y cualidades de su original y extraordinario aporte como sacerdote, que ha repercutido mundialmente, hacia una manera humana no convencional de acercarse a Cristo, y a su realización como poeta innovador de formas y contenidos, fuera del orden y las reglas, que lo destacan más allá de lo que ya es un orgullo latinoamericano.
A sus decenas de libros de poesía publicados que lo catalogan como poeta de la humanidad, ejemplo, siempre de moda, de una poesía fresca de asuntos necesarios y urgentes, de una trascendencia todavía no imaginada, le acompañan, su oficio y trascendencia de escultor. Celebrar los ochenta años de Ernesto Cardenal que se cumplen este 20 de enero del 2005, es celebrar a uno de los tres mejores escultores de mejor calidad, originalidad, estilo, representatividad y mayor número de obras, de Nicaragua.
Centenares de piezas libres, independientes o aisladas de pequeño y mediano formato, trabajos en relieve, como su Mural de pescados, yeso policromado de 2.50 x 2.00 metros de 1972 y otras obras que son verdaderos hitos del arte público nicaragüense como La sombra de Sandino 1990, planchas de acero de 18m de altura, en la Loma de Tiscapa, corroboran la facultad y oficio de Ernesto Cardenal como escultor. Aunque en este momento, esta monumental obra haya sido cambiada. Como su nombre lo dice La sombra de Sandino es la representación de una sombra. Por ello no puede estar como hoy está, como un objeto iluminado. Una verdadera restauración de la obra obligaría a poner luces detrás de las dos planchas, como estaba inicialmente, para destacar la silueta de la figura de Sandino como una sombra.
EN LOS INICIOS
La obra escultórica de Ernesto Cardenal empieza por el año 1948 con la realización de pequeñas figuritas de cera o barro que luego vaciaba en yeso, piezas similares a los productos —práctica mesoamericana milenaria— del modelado del barro, la que con las manos puras, obliga a formas básicas y esenciales exentas de detalles, obra más interesada en la forma interior de su obra que en su apariencia exterior. Igual que las formas que surgen del trabajo del alfarero que en nuestro pueblo hace palomitas de barro o gallinitas de alcancía.
La escultura de Ernesto Cardenal se sienta en los productos de la tradición del barro de su pueblo, aunados a las también realizaciones de aspectos parecidos, que no se pueden obviar productos del cincel de piedra que hicieron nacer en la piedra las formas ovoides y cilíndricas del ídolo y del metate, grandiosos e intensos, de la estatuaria indígena nicaragüense. Encontramos esculturas de Cardenal que representan peces que son auténticas manos de piedra, a las que le ha incorporado ojos y colores, haciendo sin el interés de seguir pautas, auténticos ready made, que conservan el espíritu ancestral del indígena.
No se extrañen la relación auténtica que tienen las imágenes místicas de ausentes detalles y de tendencia volumétrica de la estatuaria prehispánica del Antiguo Convento de San Francisco y las esculturas místicas de cristos, santas, monjes y vírgenes de la escultura de Cardenal. La obra escultórica de Ernesto Cardenal, más que la de ningún otro, recoge nuestras formas más ancestrales.
VIVIR EL MOVIMIENTO MODERNO
Al igual que Constantin Brancusi(1876-1957) que se inspiró en la escultura prehistórica y en la africana, Ernesto Cardenal se inspira en las formas y piedras trabajadas de su ser americano, consiguiendo ambos, ( y en el caso de Cardenal también con el permiso de los logros de Brancusi ), la reducción de las formas a lo esencial de y su intento de mostrar al desnudo la naturaleza subyacente de la imagen mediante una simplificación extrema de la forma.
Las influencias de Ernesto Cardenal a la vez que de Brancusi están en la escultura prehistórica de la humanidad antecesora de África y América, la que también destacan la característica de ser profundamente austera. Ernesto Cardenal en especial toma además del movimiento moderno a través de la obra de Brancusi al encontrarse a finales de los años cuarenta con la escultura Pájaro en el espacio (1919). (1)
Preocupado desde su infancia por desentrañar el secreto del vuelo de las aves Constatin Brancusi entre 1919 y 1940, realizó 27 esculturas acerca de pájaros durante el vuelo. Su idea fue no sólo captar las características físicas del ave, sino su movimiento en el espacio. De ahí que se perdiera la imagen real del ave, desechara alas, patas y plumas, alargara y simplificara para atrapar el concepto del vuelo, logrando al juntar cuerpo, cabeza y pico en una sola pieza, una manera más efectiva de lograr la realidad.
Pájaro en el espacio (1919) presenta con el aspecto de un cilindro largo y estilizado de metal pulido, cuyas líneas recuerdan la curvatura del ala de un pájaro. Brancusi sintetizó en ella la forma orgánica hasta el punto de convertirla en algo muy cercano a la abstracción, alcanzando una representación más que real, conceptual. Pasando de la propuesta de representar a un pájaro tal y como se ve, a la trasmisión más intelectual de representar al pájaro como en su esencia es.
DE LAS INFLUENCIAS EN LA OBRA DE CARDENAL
La obra de Brancusi también impactó e influenció la época más revolucionaria de las producciones del nicaragüense Fernando Saravia. Saravia mismo fue otra determinante en la obra de Cardenal, en este caso en su desarrollo de habilidades y manualidades. Fernando Saravia le enseño a Cardenal “las técnicas, el manejo del instrumental, medios y modos de lograr efectos en los materiales, las mezclas de esos materiales, etc.” (2)
Pero sería antojadizo decir que la referencia de Brancusi o de Saravia lo son todo en la obra de Cardenal. Estos logros objetivos de atrapar lo visual y emocional del movimiento de un ave en el espacio es una lección que toma Cardenal y la aplica más allá, para subrayar la temática de la figura humana y para explicar las infinitas especies del reino animal y vegetal.
Ernesto Cardenal al mismo tiempo que resalta los valores humanos en las representaciones que hace de los humanos, humaniza las formas de animales y plantas dentro del proceso de simplicidad al que los somete, dejando atrás su momento de influencia brancusiana para elevarse por su propio rumbo dentro de la plástica universal destacando en lo particular un ser regional de sentir nacional.
Lleno del permiso que en su momento dio la llamada escultura moderna precursora de la abstracción total, Ernesto llegó casi a imprimirse un estilo o una marca, de la que se puede hablar cuando vemos la coherencia de su obra hoy que arriba a los ochenta años. Y si bien es cierto que a la reducción de las formas a lo esencial de la humilde alfarería y estatuaria prehispánica nicaragüense, Cardenal sumó la habilidad de extraer la belleza intrínseca de los materiales ya fuera madera, piedra o metal que también aportó Brancusi.
LO ORIGINAL EN LA ESCULTURA DE ERNESTO CARDENAL
Ernesto Cardenal introduce en la escultura nicaragüense, la importancia del color y la textura del material para ser visto con valor propio y digno de apreciar por sí solo, a la vez que ese mismo material evoca la forma de algo ya conocido. En el momento en el que percibimos con total asombro la presencia de la simplicidad en un objeto, se llega a la simplicidad a medida que uno se acerca al significado real de las cosas, decía Brancusi.
Los aportes de Cardenal en la escultura nacional son extraordinarios. Con su forma de representar lo básico de las formas naturales vistas, tomando lo esencial que expresan los significados hasta casi caer en la forma simbólica sin llegar a la abstracción total, Ernesto Cardenal libera junto a unos pocos, a la escultura nicaragüense del realismo académico del siglo XIX.
Con su afán de simplificar las formas hasta el límite, Ernesto Cardenal evoca cuerpos de animales para combinar la sutileza expresiva del ser vivo con una habilidad inigualable para descubrir la belleza intrínseca de los materiales, madera, piedra o metal, que usa en la misma obra. En él, el significado real de lo visto se encuentra con el significado real de la cosa.
Sus trabajos nos llevan a la esencia de la síntesis de la forma pero también a la textura de su componentes, como si venas o sangre, fueran la veta de la madera y el brillo del metal. El resultado, la consecución imposible de un objeto real diferente pero humanizado o animalizado cuando reproduce formas de animal, que trasciende como obra de arte cuando al mismo tiempo nos explican la belleza de un tercer reino, el de los objetos inanimados.
APORTES DE CARDENAL A LA ESCULTURA NACIONAL
Las esculturas de Ernesto Cardenal están atrapadas entre la desnudada representación de lo visto y el lenguaje del símbolo a punto de desaparecer en el implacable abstracto del elemento plástico. Los mismos temas lo identifican con lo nicaragüense y a pesar de ser obras regidas por la búsqueda de la belleza como la representación de un amplio zoológico y especies vegetales, algunas de ellas expresan contenidos llenos de una gran carga expresiva que nos dirige hacia la reflexión.
Este último sentimiento lo encontramos en sus esculturas de temas religiosos, muchos simples y austeros por necesidad y no por esnobismo. En los claustros del monasterio se obligaba a trabajar con casi nada. Su Cristo, 1963 Aluminio 58x 55, donde algunos quisieran ver alguna reminiscencia de Alberto Giacometti (1901-1966), sólo son unos rayas acanaladas en el suelo en cuyas hendiduras fue vaciado el metal.
Como resultado de sus trabajos que representan animales, Ernesto Cardenal ha recreado gran parte de las especies nacionales de animales, algunos en vías de extinción. Sus garzas de indescriptible belleza son ya casi tan representativas de Nicaragua como la bandera misma. Y su catálogo de animales representados: patos chancho, patos aguja, zanates, ibis, guatusas, puncos, tapires, ocelotes, osos melero, culumucos, tepezcuintles, piches, papalotes nos dan a conocer en su esencial belleza, todo un inventario nacional de animales para grandes y pequeñas generaciones negado o poco difundido por el Discovery Channel y la educación convencional.
Las formas biomórficas de Ernesto cardenal incluyen los vegetales. Sus cactus, nopales, pencas, aquellas hojas conocidas como lenguas de suegra entre otros, transformadas en metal o en madera expuesta o policromada, muchas veces con pintura automotriz nos trasmiten un sentimiento extraño, relacionado no sólo con las posibilidades del artista de hacer las cosas sencillas sino también de ocuparse de las cosas sencillas aparentemente no trascendentales.
LO PROPIO Y TRASCENDENTE EN LA ESCULTURA DE CARDENAL
Las centenares de esculturas de Cardenal existen en materiales diversos orgánicos o inorgánicos: piedra, metal, arcilla o madera. Los procesos específicos para la elaboración de sus esculturas se remontan a la antigüedad, pero muchas veces aplica técnicas muy contemporáneas que diferencian sus obras con las del pasado. Por ejemplo, el uso de pintura automotriz que le da como resultado el mismo brillo y efecto del plateado parachoques de un carro.
Un caso digno de mencionar en esta técnica donde el acero es cubierto por pintura automotriz es Ave levantando vuelo, 1997 en la fachada principal del Aula Magna de la Universidad Centroamericana en Managua. Obra monumental y trascendente, hecha al parecer en homenaje a Nicaragua, una garza fragmentada en su cuerpo, compuesta de diversas regiones como la nación, une sus partes para levantar el vuelo.
Sus aportes están en la elaboración muchas veces intensa y en otros casos más conceptual. Tal es el caso del Mural de pescados, relieve en yeso pintado antes mencionado donde los modelos fueron pescados reales de los que se obtuvo el molde directamente. Cardenal haciendo uso de técnicas como la del “objeto encontrado” surrealista. La inclusión de técnicas nuevas en su escultura es grande hasta usar la soldadura como complementaria o esencial y también el assemblage, obras realizadas por el efecto de simples piezas montadas.
Cardenal nos hace ver la importancia de lo sencillo en estos peces verdaderos atrapados por el molde del yeso. Pero también Cardenal lleva lo nuestro a otros lares y hace que otra gente se regocije con lo nuestro. El zanate, esa ave símbolo de la nicaraguanidad que sale a nuestro paso por todos nuestros caminos e inunda todavía nuestros días con sus infaltables clarines, ha sido llevado por Cardenal en una escultura de grandes dimensiones y expuesta en un lugar público llamado Zanate 1996 (Lovaina, Bélgica).
La incorporación de temáticas revolucionarias dentro del arte, en la escultura, es otro gran aporte. Su Monumento a los mártires de Solentiname (estilización de la bandera de Sandino), 1975, emula los trabajos de Jasper Johns del Pop Art norteamericano, donde el símbolo —en este caso la bandera— es el material conceptual para hacer la obra de arte. Quién y en esa época ha aportado más en revolucionar la escultura. Y no es un snobismo, es un tema de Cardenal como la Marilyn (Oración por Marilyn Monroe y otros poemas) de Roy Lichstenstein o Andy Warhol no es sólo de Lichstenstein ni de Warhol, es de Cardenal.
En sus trabajos muchas veces se incorpora la base o pedestal, incluso elementos de protección de la obra que a través de vidrios y espejos dan un giro extraordinario al significado de la obra. O bien el uso de esculturas móviles de peces laminados en placas de aluminio pintado. Pero técnica y artificios van con los temas y argumentos en una armonía extraordinaria de forma y contenido. Sus pencas y magueyes hoy en el siglo XXI, parecen ser partes muy representativa de las tendencias representativas más relevantes de estos principios de siglo en el mundo: el deconstructivismo.
A sus ochenta años, Ernesto Cardenal escultor, es una sobresaliente figura de la escultura nacional, por sus aportes de imprescindible e insustituible relevancia.
Notas:
(1) Valle Castillo, Julio. El escultor Ernesto Cardenal. 50 años de Esculturas. Ernesto Cardenal. Pág. 10. Editorial Anamá. Managua Nicaragua.
(2) Valle Castillo, Julio. El escultor Ernesto Cardenal. 50 años de Esculturas. Ernesto Cardenal. Pág. 11. Editorial Anamá. Managua Nicaragua. 
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