MARTES 18 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23696 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Es agradable ser una persona honesta

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Peter Vivas Downing

Hace algunos años, durante los días en el exilio, paseando con mis hijos en uno de los parques estatales de la Florida, encontramos una cartera en el suelo. Adentro, además de los documentos que identificaban al dueño, habían 430 dólares.

Como cualquier ser humano, la enorme tentación de cogerlos y tirar la cartera no se hizo esperar. ¿Quién se daría cuenta? Y créanme una cosa: en aquella época tan difícil para nosotros, aquella plata nos hubiera caído de perlas. Pero un “gusanito” interno me decía que no era correcto y le doy gracias a Dios que pude rechazar la tentación.

Queriendo además dar un buen ejemplo a mis hijos, los llevé conmigo hasta la caseta de los guardabosques y delante de ellos hice entrega de la cartera, exigiendo un recibo en que constara lo que había en ella.

Cuando volvimos al lugar, vimos a un joven que buscaba afanosamente algo en el suelo y le pregunté qué había perdido. “Mi cartera”, me dijo. Le pregunté entonces su nombre y cuando confirmé que era el dueño de la cartera que habíamos hallado le dije que se la habíamos entregado a los Rangers.

—Me imagino que vacía —me dijo, resignado y medio burlón.

—Pues no —le contesté— en ella habían 430 dólares y todos tus documentos.

El hombre aliviado se dirigió entonces, corriendo, a la caseta sin ni siquiera darnos las gracias. No sé si fue de los nervios o por mal agradecido y mal educado.

Pero eso no era lo importante. Lo importante fue aquella gran satisfacción que sentí de haber sido honesto y de haber hecho lo correcto, y que mis hijos entendieron la lección. Son los principios que nos enseñaron nuestros padres y abuelos en nuestros hogares. Los valores morales que aprendimos en nuestros colegios y que hicieron raíces profundas en lo más hondo de nuestras almas.

Yo no recuerdo nunca haberme pasado una “luz en rojo”, o de haber pisado el césped en un bulevar, o tirado basura desde la ventana del carro. Pero es que como dicen: “Es la forma en que uno ha sido criado”. Y esto es algo que no tiene nada que ver con el nivel social que uno tiene. Conozco muchas personas y familias humildes que son así. Uno de los dichos más populares en Nicaragua era: “Soy pobre, pero honrado”. Y se decía con mucho orgullo.

Por eso es que me entristece sobremanera cuando veo que hoy en día en Nicaragua tanta gente hace estas cosas sin el menor remordimiento. Me preocupa pensar que en nuestro país se han perdido totalmente los principios y valores morales. La buena educación. La honestidad.

Hoy en día se premia y se defiende al corrupto, al abusador, a los delincuentes (incluso algunos de saco y corbata) y se les saluda efusivamente en las fiestas sintiéndose incluso orgullosos de ser parte de sus amistades cercanas, como si nada hubiera pasado. Total, son los “chavalos”, los “buenos” de la película. En cambio, los honestos, los hombres con verdaderos principios morales son los “villanos” y se les critica y ataca despiadadamente acusándolos de ser la causa de todos los males de nuestro país.

Estoy seguro que me han de ver como un “idiota” por haber devuelto la cartera. Pero bien, cada quien tiene su manera de pensar y cada uno responderá ante Dios por sus actos. Allá los que se quieren pasar de “vivos”. La historia y el pueblo al final sabrán juzgarlos.

Yo seguiré siguiendo los dictados de mi conciencia y sabré distinguir entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Y seguiré apoyando y defendiendo a quienes luchan incansablemente por erradicar la corrupción, los abusos y la injusticia de nuestra sociedad. Porque ellos son los verdaderos “buenos” de la película. Son otros los “villanos” y todos lo sabemos.

Y pueden estar seguros de que si un día llego a encontrar su cartera en el suelo se las voy a devolver intacta. Porque todavía llevo en mí ese “gusanito” que me lo recuerda.

¡Es tan agradable ser honesto!

El autor es publicista
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