LUNES 17 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23695 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Interioridades de la crisis

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. Fuentes vinculadas a la negociación dan su versión sobre las horas más graves de la crisis política
. El Gobierno, en Consejo de Ministros, contempló Declaratoria de Emergencia

El presidente de la república, Enrique Bolaños, apostó al diálogo político para resolver la crisis.

 

Eduardo Marenco Tercero y
María José Uriarte

A fines de noviembre del 2004 era claro que el presidente Enrique Bolaños estaba en jaque y que se avecinaba una verdadera tormenta. Liberales y sandinistas reformarían la Constitución para dejarlo sin poder; elegirían a los contralores y magistrados del Poder Judicial a quienes se les vencerá su período. Habían reformado el Estado creando la Superintendencia de Servicios Públicos y la Intendencia de la Propiedad. Y sobre varios de sus ministros pendía una sentencia por la supuesta comisión de delitos electorales.

Al mandatario le urgía un diálogo político y buscó asistencia técnica de las Naciones Unidas. De este modo Jorge Chediek y Manolo Flores, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), fueron seleccionados para abrir cauce a ese urgente diálogo político, que tenía como fecha tope el 19 de enero, cuando las Reformas Constitucionales estarían consumadas.

I FASE: EL PRE-ACUERDO DE DICIEMBRE

Se iniciaron conversaciones bilaterales de Chediek y Flores con el presidente Bolaños, el comandante Ortega, Arnoldo Alemán y el cardenal Miguel Obando, por separado. Eran cuatro los sitios claves: El Raizón, El Carmen, El Chile y la Curia.

Alemán delegó en el diputado René Herrera, su más cercano asesor, y en su hija María Dolores Alemán. El comandante Ortega en José Figueroa y René Núñez. El Presidente delegó en Ernesto Leal. Hubo decenas de reuniones entre el equipo del PNUD y cada contraparte. Siempre por separado. El 21 de diciembre, en tanto, se dio un encuentro entre Bolaños, Ortega y Obando, el cual fue tenso y no rompió el hielo. El 29 de diciembre se produjo el primer documento que sentaba las bases del diálogo nacional, incluyendo las Reformas Constitucionales, luego de cinco horas de ardua labor y una dosis de comida china, en el Hotel Brands. Habría un impasse de diez días, entre el 30 de diciembre y el 9 de enero, día en que se constituiría la Junta Directiva de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el ambiente se enrareció pronto.

CLIMA CARGADO

Según una fuente vinculada a las negociaciones, el pre-acuerdo para iniciar el diálogo, se cae, en parte, debido a dos fuerzas catalizadoras: la resolución de la Corte Centroamericana de Justicia que ordena detener las Reformas; y porque volvió la presión externa para que se rompiera la mancuerna Alemán-Ortega. En tanto, la OEA tomó nota de la situación en Nicaragua. Por otra parte, el comandante Ortega ha dicho que un enviado del Gobierno ofreció una amnistía a Alemán, quien la rechazó, según otra fuente, porque demanda un sobreseimiento definitivo. El Gobierno no ha aceptado que eso sea cierto. Alemán después no acepta intermediarios o emisarios externos.

Al día siguiente, viernes 7 de enero, Alemán y Ortega demostraron que permanecerían unidos: se tomaron una foto juntos, acompañados de sus asesores y firmaron una Declaración Conjunta en la que sostenían que aprobarían las Reformas Constitucionales. Sin embargo, ese mismo día, Chediek llamó a El Chile y consiguió que Alemán y Ortega aceptaran el regreso de Manolo Flores, el facilitador de los acuerdos para impulsar de nuevo la negociación. Flores quiso ser contactado por LA PRENSA, pero se negó a brindar declaraciones y se limitó a responder en tres ocasiones distintas: “Los funcionarios internacionales no emiten opinión: apenas actúan”.

El sábado 8 de enero, Ortega amenazó con destituir al Presidente y éste respondió que si aprobaban las Reformas se pondrían por fuera de la ley al desacatar a la CCJ. El domingo 9 de enero se constituye la directiva parlamentaria controlada por liberales y sandinistas. Sus bases se manifiestan juntas en la calle. Al día siguiente, lunes 11 de enero, el presidente Bolaños brinda su informe de gobierno ante la Asamblea Nacional. El mandatario se muestra conciliador y llama al “entendimiento nacional”. Los diputados liberales y sandinistas no le abuchean, tal como le picaban las ganas. La idea es propiciar el diálogo. La directiva parlamentaria se reúne con representantes del Poder Judicial, Electoral y Contraloría, cerrando filas. Una multitud marcha ante la Asamblea Nacional demandando el fin del pacto y un referendo. Al día siguiente, las Reformas son introducidas en la agenda legislativa.

ESCALADA

Según uno de los negociadores, el martes 11 de enero el Presidente tiene la convicción de que las Reformas serían aprobadas dejándolo sin facultades, y que se dará una sentencia por los supuestos delitos electorales contra varios de sus ministros. Entre los negociadores, sin embargo, se maneja que al FSLN no le interesaba en realidad destituir a Bolaños, porque sería dejar en manos del PLC el Poder Ejecutivo, una vez lo asumiera el vicepresidente José Rizo.

Sin embargo, insiste uno de los informantes, el presidente Bolaños tenía sobre su escritorio redactado un Decreto de Emergencia. El escenario, sin embargo, era de consecuencias insospechables. Liberales y sandinistas amenazaron con salir a las calles. El Ejército y la Policía habían expresado que preferían una salida política a la situación. Era un secreto a voces que se negarían a reprimir a la población. En algunos negociadores existe la visión de que ese paso pudo implicar la caída misma del presidente Bolaños, ante una eventual falta de apoyo popular. “Íbamos a hacer una valla humana desde el aeropuerto hasta la Asamblea para recibir a los cascos azules y aplaudirles”, dice con sorna, el legislador Herrera.

¿EMERGENCIA?

En la comandancia del FSLN se recibe la señal de que la Emergencia es inminente en la mañana del martes 11 de enero. Una fuente informada de las negociaciones, atribuye al canciller Norman Caldera ser el principal impulsor de esta idea. Sin embargo, en realidad, el Gobierno contempló en consejo de ministros en pleno la declaratoria de emergencia. Caldera niega que haya sugerido ese escenario pero confirma que fue el principal impulsor de la medida cautelar de la CCJ y de la toma de nota de la OEA. Uno de los próximos pasos sería solicitar a la Asamblea General de la OEA que tomara cartas en el asunto una vez estallada la crisis, pero uno de los negociadores señala que el Gobierno no contaba con el apoyo de países grandes del Cono Sur, a quienes no les interesaba sentar un precedente de gran involucramiento de la OEA en asuntos internos de los países miembros.

Se reanudan, por la tarde del martes 11 de enero, los intentos del PNUD por revivir el pre-acuerdo de diciembre. Se dan intensos encuentros entre el equipo Chediek-Flores y el equipo de Bolaños y Ortega. Los facilitadores van y vienen en dos ocasiones de El Carmen a la Presidencia. Cercana la medianoche se consiguió un acuerdo Bolaños-Ortega: las Reformas Constitucionales serían aprobadas con una coletilla que indicara que serían implementadas cuando existiera consenso entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. A Ortega lo persuade de la necesidad del acuerdo la inminencia del Estado de Emergencia, que abría una caja de pandora. El diputado sandinista René Núñez niega, sin embargo, que el Frente Sandinista haya decidido suscribir el acuerdo político con el Ejecutivo para evitar que se decretara el Estado de Emergencia, posterior a la declaración conjunta de El Chile, ya que ese documento se preparó desde el pasado 29 de diciembre con la colaboración del representante residente del PNU, Jorge Chediek. Núñez dice que lo hicieron por la estabilidad nacional.

Ortega asumió el riesgo de convencer a Alemán de aceptar el acuerdo. El miércoles 12 de enero, el Presidente anuncia con Ortega en Casa Presidencial que se había llegado a un acuerdo, siendo el testigo el Cardenal y bajo la facilitación del PNUD. Luego Ortega se reúne con Alemán en El Chile y lo convence de la necesidad de evitar una salida radical a la crisis. Herrera sale de la encerrona y anuncia que el acuerdo —que el PLC no ha firmado— también los incluye a ellos, y que está en sintonía con lo negociado a fines de diciembre, en el Hotel Brands. Muestra un papelito a los reporteros, que no es más que el pre-acuerdo del 29 de diciembre. Sin embargo, una fuente vinculada a la negociación, indicó que Alemán aceptó el acuerdo —para evitar una salida radical— a cambio de aprobar las Reformas al día siguiente. Algo de lo que el Gobierno no estaba enterado. Ni nadie.

LA SEGUNDA ESCALADA

El jueves 13 de enero estalla la crisis de nuevo: liberales y sandinistas aprueban las Reformas Constitucionales. Sólo a un artículo se le puso coletilla de que sería implementado previo consenso. La alarma en la Presidencia lleva a contemplar de nuevo el Estado de Emergencia. Sin embargo, una fuente señala que los asesores del Gobierno se dividieron en “halcones” (los duros) y “palomas” (los moderados). Esta fuente identifica al canciller Caldera como el principal impulsor de un Estado de Emergencia, algo que Caldera niega completamente, versión que considera “una patraña malintencionada” y “algo absurdo”. Ernesto Leal, Secretario de la Presidencia, habría sido el representante del ala moderada. Se afirma que hubo un fuerte enfrentamiento entre ambos, porque Caldera apostaba por el Estado de Emergencia y Leal por una salida negociada. Al final, se impuso esta opción. Caldera sostiene que nunca se dio tal enfrentamiento y que le une una gran amistad con el ex canciller Leal, quien quiso ser contactado anoche pero no respondió a su teléfono .

LA SALIDA

Hubo encuentros, de nuevo, entre los negociadores de la Presidencia y de Ortega para salvar lo acordado. Ortega expresó su voluntad de revivir lo firmado. Se dio una reunión por la noche del jueves en la Universidad Católica (Unica), entre Bolaños, Ortega y el Cardenal. Ortega habló por teléfono con Alemán quien estuvo de acuerdo con que sus negociadores se sentaran con su contraparte, en pre-diálogo tripartito, al día siguiente, viernes 14 de enero.

Se organizaron dos mesas simultáneas. Una de los negociadores, y otra en la rectoría, donde estaban reunidos el Presidente, el Cardenal y el comandante Ortega. Se obtuvo un consenso: se le añadiría una coletilla a las Reformas Constitucionales 1, 2, parte de la 3, 5 y 6, para que no se implementen y no entren en vigencia mientras no haya un consenso con el Ejecutivo y las fuerzas mayoritarias de la Asamblea Nacional. Asimismo, se sentaron las bases para iniciar esta semana el diálogo político. No hubo coletilla para la reforma 4, relativa al veto presidencial que será rechazado con la mitad más uno de los legisladores; ni en parte de la 3, pero sí en lo relacionado al nombramiento del Superintendente de Servicios Públicos e Intendente de la Propiedad, que serán consensuados por el Ejecutivo y las fuerzas mayoritarias de la Asamblea Nacional. Leal aceptó una propuesta de los facilitadores en este sentido y trasladó la propuesta al presidente Bolaños y a Ortega, que sí aceptaron el punto. Y en una segunda reunión, entre liberales y sandinistas, los primeros también asintieron. El mismo viernes los facilitadores culminaron su labor de asistencia técnica, que ya está siendo solicitada por José Figueroa, parlamentario sandinista. Sin embargo, Caldera insiste en que la resolución de la CCJ, que manda detener las Reformas, se debe acatar. ¿Hasta cuándo?

DIÁLOGO SUBTERRÁNEO

Mientras las declaraciones públicas eran confusas y contradictorias, por debajo se desarrollaban intensas negociaciones para salvar un diálogo político que inició desde fines de noviembre y que continúa esta semana. Las Reformas Constitucionales que recortaban atribuciones al presidente Bolaños fueron el detonante de la crisis política, que tuvo dos momentos clímax, en los que se contempló hacer uso de un Estado de Emergencia.
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