LUNES 17 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23695 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Pobreza y desocupación: enfermedades sociales

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Edmundo Dávila Castellón
edc1033@yahoo.es

Si tan sólo se tratara de vivir pobre y temporalmente sin trabajo, la cosa no sería tan grave, pero hay serias consecuencias detrás de la pobreza y la desocupación.

Existen seis factores del nivel de vida de los ciudadanos de cualquier lugar del mundo civilizado, en función de los cuales se determina el bienestar individual de sus habitantes y asimismo el grado de desarrollo o progreso de un país: alimentación, vestuario, vivienda, salud, educación y recreación. Si no se satisfacen estas imperiosas necesidades humanas, se produce alteración o desequilibrio físico, mental o psicológico en el individuo, o sea, lo que comúnmente se llama enfermedad.

La pobreza limita o anula por completo las capacidades naturales de una persona, porque le falta lo indispensable para vivir en forma normal y digna como ser humano.

Alimentación. La carencia de calorías, vitaminas y minerales que necesita el cuerpo humano, produce enfermedades físicas y mentales, con grave riesgo de desnutrición y muerte prematura en niños y adultos.

Vestuario. El pobre generalmente anda con vestuario viejo o andrajoso, a veces antihigiénico (cuando falta el agua y el jabón), vectores de enfermedades. En países de clima templado, la falta de una adecuada vestimenta expone a la muerte por frío, porque los pobres e indigentes duermen en los parques o lugares públicos abiertos y no pocos amanecen rígidos y congelados.

Vivienda. El Creador no procuró un techo prefabricado a sus criaturas. El hombre tiene que construírselo para resguardarse de los elementos y protegerse de sus mismos semejantes. La falta de una vivienda apropiada obliga a los pobres a vivir en tugurios, cuarterías o pocilgas de mala muerte, en completa promiscuidad familiar, o peor aún, asentarse a la orilla de los cauces, precipicios, o terrenos inestables, con todos los peligros potenciales que esto encierra.

Salud. El pobre vive dependiente de la mala y precaria atención de los centros de salud gubernamentales, que no les suministran medicamentos y si les llegan a dar algunos, no son suficientes ni adecuados para la enfermedad que padecen, por lo que continúan enfermos y sujetos a malestares, dolores y tristeza. No pueden pagar un médico privado ni comprarse las medicinas que necesitan. Quedan inhabilitados para trabajar y desarrollar sus potencialidades, resultando a la postre una onerosa carga familiar y social.

Educación. La educación en los pobres, es un circulo vicioso: son pobres, porque no estudian y no estudian porque son pobres. La educación básica que llaman las constituciones “gratuita y obligatoria”, es un mito, porque las precarias condiciones económicas en que viven los pobres, carentes de buena alimentación, útiles y transporte, no les permite asistir a clases y una gran mayoría tiene que defeccionar prematuramente. El Gobierno solamente aporta el costo de sentarse en un pupitre o en el suelo, escuchar al profesor, a su vez pobre y mal retribuido, pero nada más. Los requerimientos complementarios tendrían que asumirlos el alumno o sus padres, que naturalmente están imposibilitados de hacerlo.

Recreación. Inútil sería pensar que un pobre puede recrearse, porque careciendo de lo básico existencial, tiene que estar siempre metido dentro de su humilde vivienda. El sexo, oficialmente, no está considerado como recreación, sino como placer o necesidad fisiológica reproductiva. La recreación a la que se refiere el nivel de vida internacional es externa, fuera de la casa: paseos, cines, espectáculos de diversa índole, restaurantes, etc. todo lo cual implica gastos extras que el pobre y su familia no pueden costearse.

La desocupación engendra pobreza y los pobres, por la misma indefensión y desamparo en que viven, son las víctimas más vulnerables de los fenómenos naturales y artificiales: terremotos, inundaciones, aludes, incendios, etc. Por razones antropológicas, en los pobres se exacerba e incuba la vagancia, la mendicidad, la delincuencia y el crimen, las violaciones, incestos, robos, etc., lacras sociales concomitantes de la pobreza y la desocupación alienantes.

La desocupación por su parte y adicionalmente, fomenta el criadero de explotadores, que se aprovechan de la situación pagando salarios miserables y haciendo trabajar al empleado en forma agotadora y degradante, sin cumplir (con la apatía y connivencia de los gobiernos), con las prestaciones sociales que establecen los códigos del Trabajo.

A fin de propugnar por una nación sana, productiva y libre de las vergonzosas patologías inmanentes de la pobreza y la desocupación, cabría instaurar un “Ministerio de Salud”, sólo para pobres y desocupados, ya que resulta evidente que tanto unos como otros, son “enfermos sociales e individuales” que todo gobierno serio y responsable, debe atender prioritariamente.

El autor es ingeniero civil.
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