Filosofía clásica
Armando Lau Gutiérrez
La verdadera filosofía es absoluta y se nos revela en toda su magnitud a través de la reflexión y el discernimiento, para poder captar, sentir y comprender dentro de sí mismo la felicidad, la paz, el amor y la sabiduría que uno busca tan afanosamente en el exterior.
Las grandes verdades de la vida no pertenecen a nadie, están en todas partes, los que las experimentan se hacen dueños de sus interpretaciones, tanto verbales como de sus escritos.
Todo el Universo es una gran realidad, todo se ha construido ordenadamente por la Suprema Inteligencia, en un ritmo continuo y cambiante. Como dijo Albert Einstein, Premio Nobel de Física (1921): “El cosmos está presidido por un orden central, que puede ser captado por el alma a través de la unión mística”. También afirmaba que el sentimiento cósmico religioso constituía la más fuerte y noble motivación de la investigación científica.
El hombre es dueño de su contenido material y espiritual y se hace acreedor y responsable en su esencia para comprender los misterios de la naturaleza íntima y externa. Mente y cerebro forman una computadora biológica. Las leyes del Universo son absolutas, inmutables y eternas.
La filosofía vedanta hinduista, cuya base filosófica es la identidad del “yo” individual con el “yo” universal absoluto, afirma que antes de las enseñanzas del filósofo Sócrates, ya los arios habían experimentado en conocer la vida a plenitud por introversión, esto es, mirar hacia el interior del ser, para luego observar el exterior. Hasta que Sócrates aconsejó a los sabios de su tiempo que se olvidaran de observar afuera y se concentraran en sí mismos, creando el famoso adagio: “Conócete a ti mismo”, cuando ya los sabios arios muchos siglos antes habían encontrado la solución al problema. “Entre más cerca se llegue a uno mismo, más largo se llega al exterior”. Después de este sorprendente principio reflexivo, los filósofos griegos Platón y Aristóteles continuaron con el sabio consejo socrático y optaron por observar el exterior a través de la reflexión científica, concentrándose sobre las causas que motivaron la formación del Universo, y a Dios como su creador.
Conocerse uno mismo es tener la facultad de encausarse por medio de la percepción directa con el objeto de comprender a plenitud: nuestro propio ser, nuestra propia existencia y nuestra propia naturaleza. La filosofía es clásica y única en su interpretación universal desde tiempos remotos. Según el metafísico Armando Clavier, fiel intérprete del gran filósofo y esotérico, Jiddu Krishnamurti: “Filosofía es amor a la verdad y no amor a las palabras”. “Porque los hechos son inmunes a las palabras, las palabras no contienen el hecho”.
El autor es teósofo.

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