La influencia del inglés rebasa lo gramatical
Adolfo Bonilla
Algunos de los artículos que yo he escrito para el Diario LA PRENSA han sido como aquellas señales que envían grandes científicos hacia el espacio exterior en busca de vida inteligente. De igual manera, en muchas ocasiones he enviado un mensaje implícito preguntando “¿hay alguien allí?” pues a veces me da la impresión que nadie los lee. De ahí que es una gran alegría para mí recibir la respuesta a mi artículo sobre la influencia que ejerce el idioma inglés sobre el español.
Por consiguiente, felicito al señor Róger Matus Lazo por convertirse en el primer lector en reaccionar ante uno de mis escritos en más de cuatro décadas que tengo de colaborar esporádicamente con la Página de Opinión de este prestigioso Diario. A la vez le agradezco por participar en esa labor a que hago referencia en el artículo, ya que el objetivo del mismo era precisamente promover el interés de parte de las “personas e instituciones que tienen que ver con esta materia”, a fin de hacer todos los esfuerzos necesarios para encauzar adecuadamente este proceso de transculturación, con el propósito de tratar de salvaguardar las particularidades de nuestro idioma y cultura.
Los casos que mencioné son meros ejemplos, pues la idea principal era llamar la atención a los interesados (filólogos, lingüistas, educadores, traductores, comunicadores sociales, etc.), ya que en el mismo artículo aclaro que “no es que algunas de estas expresiones sean incorrectas, sino que se están utilizando como única forma de escribir”, y de la escritura pasa a la expresión oral o viceversa, lo cual se puede constatar fácilmente: muchos de los periodistas y locutores actuales de la radio y la televisión hablan con la entonación de sus homólogos latinos de Estados Unidos, quienes a su vez imitan a sus pares de habla inglesa en ese país; como resultado, a veces los remedos locales se oyen ridículos. Es una cadena que es parte de la conocida globalización; y si nadie hace nada al respecto, no sólo el idioma, sino la cultura se va desfigurando (¿o enriqueciendo?).
El tema al que yo me he referido es amplísimo; apenas se ha rasgado la superficie del mismo. Cuando en los años setenta apareció en Nicaragua el término feedback hubo resistencia para utilizar alguno de sus equivalentes en español (como por ejemplo retroalimentación), afortunadamente al final se castellanizó; es decir que si nos descuidamos nos convertiríamos en un apéndice de las comunidades latinas de Estados Unidos. A principios de los años cincuenta yo viví dos años en la ciudad de Albuquerque, Nuevo México, y tuve que aprender a hablar el español de los “hispanos” oriundos de esa parte del suroeste estadounidense porque a ellos se les hacía difícil entenderme cuando yo hablaba en buen nicaragüense, a pesar de que lo que ellos hablaban era también español, con un matiz propio debido a su propia historia y geografía. De repente nos podría pasar lo mismo si caemos en la indolencia en este sentido.
Por otra parte, quiero hacerle notar al señor Matus Lazo que no estamos en desacuerdo, ni mucho menos, porque precisamente yo comienzo diciendo que la aculturación existe desde tiempos inmemoriales y que en el mundo de hoy ningún idioma es puro en esta época de la historia humana. Asimismo hago mención que el idioma español se ha nutrido de vocablos y expresiones procedentes de otras lenguas (basta leer a Darío), lo cual coincide con su opinión de que el idioma se enriquece con los extranjerismos. Nada es estático en nuestro planeta. Lo que hay que ver es si la transformación es para mejorar o para empeorar. La influencia del inglés —además— rebasa lo gramatical. Es toda una cultura que ha venido penetrando hasta los tuétanos de la sociedad, y no sólo de Nicaragua sino de todo el continente latinoamericano.
Finalmente, en cuanto a la caricatura que acompaña el artículo de RML, da la casualidad que mi primera colaboración con el Diario PRENSA (en 1961) versó sobre la enseñanza de las matemáticas en las escuelas de Nicaragua, y lo hice no por ser gran matemático, sino por el derecho a la libre expresión del pensamiento y por las facilidades que presta este importante rotativo por medio de su Página de Opinión.
El autor es traductor e intérprete simultáneo.

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