DOMINGO 16 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23694 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Contrasentidode Miguel Ángel

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Jorge Cuadra
macondoc@ibw.com.ni

Dicen que el gran Miguel Ángel solía tener fuertes desavenencias con su amigo y mecenas, el Papa Julio II y que en una de ellas, para vengarse y quitarse la rabia, le pintó el ombligo al Adán del Fresco que está en el domo de la Capilla Sixtina, en el momento que recibe el soplo de vida de parte de Dios. Por supuesto el “pequeño error” fue motivo de gran consternación entre los teólogos de la Santa Madre Iglesia, cuando fue descubierto trescientos años después y supuso un gran trabajo de restauración el borrar el vulgar signo que atestiguaba que Adán era hijo de mujer y no creación de Dios, a como se había venido enseñando a través de los siglos.

Pero parece que el genial maestro no sólo se peleaba con el Papa, sino con todos los miembros de la sociedad que lo rodeaba. A lo mejor su casero, o el que le proveía la materia prima para elaborar sus obras de arte era un judío estricto con el cumplimiento de los compromisos financieros y Miguel Ángel, genio al fin, se atrasó en el pago de sus obligaciones provocando que el judío se molestara y lo reprendiera por tal incumplimiento. Resultado de esa hipotética situación es el contrasentido histórico que Miguel Ángel cometió, quizás adrede, en la anatomía de su máxima obra maestra, la escultura llamada El David.

Es conocido por todos los estudiosos del pueblo hebreo, que la ley ordenaba circuncidar a todos los varones de la tribu o del pueblo, a los trece días de nacidos. Si tomamos en cuenta que el joven de la estatua esculpida por Miguel Ángel representa al cazador que mató a Goliat y que después lo eligieron Rey de Israel, llamado David, nos encontramos con un gran contrasentido de orden religioso e histórico, ya que el joven de la estatua tiene su prepucio completo, a la manera de los gentiles, algo que no podía suceder entre los hebreos por razones religiosas estrictamente respetadas. Concebir al rey David con prepucio, es como concebir a Hitler circuncidado.

Sin ánimos ni pretensiones de dármelas de erudito, hago esta delicada observación buscando que alguien de reconocida preparación académica y de vasta experiencia profesional, aclare mi confusión de ver un pene con prepucio, cuando debería estar sin él, y me saque del error. Pero mientras eso no suceda, tengo todo el derecho de pensar que Miguel Ángel, con todo y su gloria, era un consumado embaucador y un irrespetuoso de la teología católica y de la historia hebrea.

El autor es analista.
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