DOMINGO 16 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23694 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




cosas veredes Sancho amigo
Las ocurrencias del poeta Josecito Cuadra Vega

Foto  
. Por el andén del grupo “L” de la Centroamérica viene Chepito muy orondo y despaciosito como queriendo ahorrar pasos y vida. Viene con su pantalón celeste claro y su nítida camisita blanca almidonada. Para caminar se apoya en su bastón cabeza de perro, pues ya llegó a la etapa en que el hombre camina en tres piernas

El poeta Josecito Cuadra Vega.

 

Mario Fulvio Espinosa

Hace tres años todavía Chepito andaba el bastón colgado del brazo, muy elegante, al estilo George Bryan “Beau Brummell”. Él explica así aquel capricho: “Lo usaba únicamente para agrandar mi prosapia, o prosa pía mendicante de poeta tardío, pero ahora me sirve en los menesteres para los que fueron creados los bastones, dar apoyo a los viejitos, rascarse el lomo y espantar perros callejeros”, sostiene.

Uña y mugre con su dueño, eso debe ser el bastón. Pero el bastón de Josecito ha cometido indiscreciones. Chepito sonríe de gozo y sus ojillos se hacen de mantequilla cuando recuerda el día que dejó olvidado el aditamento en casa de la “Quecha” y que la propia “Quecha” lo fue a dejar a su casita: la L-835; y en otra ocasión que —sonríe con dientecitos de ratoncito— lo dejó empeñado por servicios que le fueron prestados por la “Cota Bayunca”.

“¡Ahhhhh! si este bastón cabezón parlara”, dice Josecito regocijándose primero para después exclamar con amargura: “Me lo quebraría en la gentil cabeza mi doña Julia, para siempre amante, mi doña Julia para siempre amada”.

RECUERDOS DE COLOR SEPIA

Paso a pasito, volvemos a la casa de Chepito, donde recibimos el amoroso contoneo y meneo de cola de “La Muñeca”, la perrita negra de Josecito que casi nos hace perder la dificultosa verticalidad al colarse como “totolocuil” en nuestras piernas. Saludamos a la venturosa y solícita doña Julia, quien sale por la puerta de la cocina para desearnos un feliz Año Nuevo.

Ahora estamos sentados codo a codo en la sala de la casita.

Ha sacado el poeta un enorme álbum de fotos y recortes de periódicos que narran sus numerosas hazañas literarias. “Mira Silvitó, estos retratos se los estoy heredando a mis hijos, aquí en éste está toda la sagrada familia. La niña linda que ves ahí Silvitó, se llama Julia María, está con un gatito, cerca de ella está doña Julia y a su lado, cuan bello, está su Apolo don José, atrás mi hijo José y la mayorcita de las dos mujeres, ‘Minchita’, que vive ahí al frente”.



— ¿Éstos son todos tus hijos Josecito?

(Con las manos rodeando el oído Chepito se acerca para decirme en secreto) Esto en el hogar, pero fuera del hogar hay otros, pero que no lo sepa doña Julia.



— ¿Fuiste perro a las mujeres Josecito?

Shisst. Son bromas mías. Je, je, je, je. Ese pecado no lo cometí. Andar regando hijos por dondequiera, no. Aunque me arrepiento ahora de todo lo que me perdí, por andar de pendejo, haciéndome el santurrón, soy un baboso, un rejodidito.

CHEPITO DE BRAZOS ABIERTOS

Continúa Chepito mostrando su historia gráfica. “Fijáte en esta Silvitó, son fotografías viejas y como me mantengo de vago me gusta ponerles algo por detrás. Mirá éste. Leé en voz alta lo que le puse”.

Complazco a Josecito y leo: “Cualquiera diría, y es la verdad, que al poeta Josecito Cuadra Vega lo está llamando una bella chavalonzona, pero como está su doña Julia al lado, su esposa, sonriendo disimuladamente como quien no se ha dado cuenta de nada, Josecito se hace el chancho tal como si no pudiera oír ni el zumbido de una mosca. De cualquier cosa debería padecer Josecito menos de baboso”.

Chepito se ríe de sus ocurrencias y no se da cuenta que su doña Julia se ha colocado a su espalda y está oyendo todo lo que él dice. “Aquí viene en Waterloo de Chepito”, pienso yo. Pero ella no se inmuta, sonríe y hace girar un dedo sobre la sien como diciendo: “Son locuritas de grandezas de don José”. Hasta ahora colijo que este delirio de traiciones de Josecito, junto con la cada vez más extensa lista de “mujeres chanchas” que suele visitar a espaldas de su amantísima esposa, son truquitos inocentes del poeta para encelar a su doña Julia, pero ella no coge la vara, pues sabe que Chepito tiene fidelidad de palomo, alma de niño y corazón de miel.

Saca Chepito otra foto donde aparece con los brazos en cruz. “Ésta es una actitud de brazos abiertos —explica—, como simulando, imitando al Divino descamisado de Judea”. Josecito abre los brazos como diciendo, Dejad que los niños vengan a mí.



— ¿Vos creés Josecito que esa foto encaja con la entrevista?

Si uno quiere siempre encaja. Sólo el pobre Chepito ya no encaja, pero guardáme el secreto.

NOBLEZA Y GRATITUD DE JOSECITO

Es noble de estirpe este Josecito Cuadra porque dizque nació a la vera de la noble y colonial Calle Atravesada de Granada (“Eso digo a mis amigos, la verdad es que nací en el barrio de El Cerotal de Granada”).

“Nobleza obliga Silvitó. Hombre Mario no te has dado cuenta que a cada rato te digo Silvitó. Es este Alzheimer bandido. ¡Pero, cómo carajo pude olvidar tu nombre!”

Pues te decía Marito que los médicos del Hospital Militar, los que me ven mis cardiopatías, son personas generosísimas, ellos son los doctores Jaime René Darce y Daniel Rivas, no tenemos una sangre en común, tampoco una viejísima amistad sino una reciente, pero son dueños de una generosidad de corazón extraordinaria. Extraordinaria es más de lo ordinario, más de lo corriente. Entendiste.



— Claro que sí Josecito. Pero contáme ¿cómo fueron tus navidades infantiles?

Esta Navidad no puedo decir que la celebré, sino que la pasé lleno de nostalgias, si quiere decirse, de tristeza. Recordar las navidades alegres, felices e inocentes de la niñez, el resplandor de la adolescencia, el oro de la juventud y las felicidades que aún perduran en la edad madura.

Todas fueron felicidades que se recuerdan con mucha nostalgia y que no se pueden comparar con la Navidad de la ancianidad, del viejo, enfermo y pobre.



— ¿Qué le pedías al Niño Dios?

Bueno, lo que pide todo chavalo, juguetitos, caballitos de montar de ésos de Masaya, golosinas, chimbombas que para mí eran grandes cosas, grandes regalos.



— ¿El Niño Dios te dejaba todas esas cositas?

Pues no todo, pero me traía buenas cosas porque mi familia tenía algunas posibilidades económicas y leía la carta que yo enviaba al Niño, desde luego me ponían a la vera de mi cama lo que ellos me compraban, y yo siempre amanecía satisfecho y feliz con lo que encontraba.

VÍRGENES DE LA VIRGEN PÁJARA

—¿Qué supiste de la Virgen Pájara María? ¿Cómo pasó ella el 7 de diciembre?

Yo escribí el elogio a la Virgen Pájara María en el tiempo que no había traspasado la línea tenebrosa de la ancianidad. Porque es tenebrosa y tenebraica la ancianidad. Y cuando hice ese poema todavía estaba lleno de la fuerza y del entusiasmo de la juventud. Pero eso ya hace tiempecito mi querido Silvio, cuando todavía la Navidad era alegre, Navidad llena de vinos, de gratos vinos, pero tomados con mucha moderación, sin escándalo pero con alevosía.



— ¿Vino la Virgen Pájara este 7 de diciembre a visitarte?

La Virgen viene, pero no propiamente a visitarme, pasa frente a mi casa en forma de chavalona. Va por la acera chequeándose, moviéndose como varilla de mimbre, sólo para maltratarme, creo yo.



— ¿De todas maneras es un premio de la Virgen que podás apreciar a esas chavalonzonas?

Sí es un premio, pero un premio que está acompañado de los pellizcos y coscorrones que me da mi doña Julia, que no es tan tonta como para no darse cuenta que cuando pasan las chavalonas, a Josecito casi casi se le salen los ojos y se queda bizco, bizco, bizco...



— ¿Celebraste la Purísima Chepito?

No, después de 30 años esta vez no celebramos la Purísima, porque las condiciones físicas de doña Julia ya no lo permiten, ella tiene 90 años, aunque aquí en confianza y calladito te digo, ella dice que sólo tiene 60. Realmente, fuera de broma, ya doña Julia está muy cansada, 90 años significan un ajetreo muy duro.

EL “INOCENTAZO” DE JOSECITO

— ¿Pudiste inocentear a alguien el 28 de diciembre? —preguntamos a Josecito.

—Yo escribí el “Inocentazo del Siglo” para mis amadísimos, amantísimos y queridísimos amigos. Lo publicó El Nuevo Diario y eso causó consternación anticipada en ellos.

Allí anunciaba la muerte, nada menos que del mentado “y bien querido poeta Josecito Cuadra Vega, el esposo/ —dicen que fiel—/ de Doña Julia la suya esposa./ Ella si, bien se puede afirmar que fue la esposa amada, amante y fiel,/ cuando vivieron por muchísimos años/ en la Colonia Centroamérica”.

En el “inocentazo” especulaba sobre las causas de mi muerte. /¿Moriría tal vez acaso, de algún pecaminoso y mortal sida/ contraído quizás en traidoras/ y extraconyugales aventuras amatorias/ sucialmente desleales, por no decir / —pues que decirlo suena muy crudo—/ en extratalámicas y fogosas/ altamente morbosas, sexuales y sensuales”.



— Es por ese lenguaje tuyo que Josecito tiene fama de mujerero querendón. ¿Verdad?

— (No me hace caso y sigue leyendo) “Pues que no; / pues que su triste y muy sentida muerte/ no tuvo nunca por causa esos pecados/ de la carne, mortales. Pero/ deleitosos a fe/

“La verdad es que se dice, de cierto, que/ las arterias coronarias de su/ malherido y transido corazón estaban/ esclerosadas ya y no dejaban,/ más que a base de fármacos/ pasar la sangre/ pasar la empobrecida/ pasar la enrarecida/ y escarlata sangre, a fin de que no pudiera/ continuar palpitando/ un poco más/ un poco más/ su muy sensible corazón amante.



— ¿Y de los amigos, qué?

— Si acaso llegaban a ver —decía— se encontrarían con un rostro que/ nunca jamás podrá volver a ser el rostro/ el amistoso, sonriente rostro/ que nuestro bien querido y recordado poeta/ Josecito Cuadra Vega luciera antaño/ feliz en vida,/ un rostro como ausente./ —frío rostro sin rostro—/ tal como es en verdad el adusto y gélido rostro/ de la muerte.



— ¿Y que hicieron los amigos ante esa inocentada?

— Después aclaré que era falsa esa noticia. Josecito —dije—, no está muerto. Y expliqué que doña Julia —mi doña Julia—, se trenzó a garnachazo limpio, y logró rescatarlo aún con vida de los poderosos y llameantes brazos de Satanás ¡Gloria a doña Julia, la satanicida nicaragüense!



— ¿Y de los Reyes Magos qué me contás Chepito?

— Es el primer año que no vinieron, yo creo que están pasando también por miserias y hambre porque andan huyendo de las guerras que desde alguna parte de nuestro continente se llevan hacia Irak, Afganistán y Palestina en la otra parte del mundo.

Me dijeron que andaban por el lado de Sri-lanka. Ojalá no se haya ahogado con todo y camellos en la Madre de los Maremotos.

ME QUEDÓ EL “SILVITÓ”

“Que te parece que acudo ante mi queridísimo y estimadísimo cardiólogo, que tiene más de dos años de estarme cuidando y le empiezo a decir: ‘doctor aquí, doctor allá y doctor más para acá’, porque nunca me acordé del nombre y yo decía para adentro: ‘Este doctor me va a correr si le digo que no me acuerdo de su nombre’. Es el alemán el que me está cerrando la memoria. ¿Verdad Silvitó?”, concluye la plática Josecito Cuadra Vega.
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