SáBADO 15 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23693 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Blanco y Negro
Las reformas: pactistas uno, la gente cero

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Eduardo Enríquez

Aunque no me guste, este round se lo tengo que dar a los pactistas. Aprobaron las reformas a la Constitución Política como quisieron y cuando dijeron.

Lo que no van a lograr es que me una al coro que está dando “gracias” por el “entendimiento”. ¿Gracias por qué? ¿No aprobaron abusivamente todo lo que quisieron, sin consultar con nadie? ¿Y cuál entendimiento?, si es la misma trampa de toda la vida.

Si la gente pusiera un poco más de atención a la trampa de los pactistas se daría cuenta que esto de los pleitos es más bien una estrategia. Llevan las cosas al límite, parece que la república se va a desmoronar y después retroceden para salirse con la suya, y la gente respira aliviada de que “estalló la paz”. ¡Por favor!

Uno de los que respiran aliviados es el Gobierno, que al final se conformó con sobrevivir y dejar el problema para el próximo Presidente, que tendrá que lidiar con los diputados de los “partidos mayoritarios”. Lo que no convenga a los caudillos, será vetado.

No hay manera en que los personeros del Gobierno me convenzan de que esto no es así. Antes que se aprobaran las reformas en segunda legislatura, argumentaban que éstas “destruirían el balance entre los poderes del Estado”, por ende darían al traste con el sistema democrático y por eso no podían permitir que fueran aprobadas.

En eso estábamos de acuerdo, pero ahora resulta que con tal de que ese desequilibrio no se dé en los dos años que le quedan a don Enrique Bolaños, todo está bien. ¡Bonito cuento!

Era tanta la desesperación del Gobierno por salvarse, que hasta aceptó como “testigo y garante” a uno del equipo contrario. ¡Qué horror a perder el hueso! Ya ni se acuerdan de las reformas que ellos propusieron.

De este diálogo don Enrique va a sacar la sobrevivencia de su Presidencia, don Daniel va a sacar sus reformas con las que piensa gobernar por siempre “desde abajo” si, como es lo más probable, nunca vuelve a ganar una elección. Y don Arnoldo Alemán saca su libertad.

Como siempre, el que queda por fuera en estos diálogos nefastos es el pueblo, la gente, la ciudadanía.

Lo que sí me parece increíble es que la ciudadanía se vaya a quedar impávida. Acabamos de ser testigos del mayor desparpajo que se puede pensar de una clase política, que negocia y se reparte cargos y poder como botín con un reo condenado; que hace, rompe y retoma acuerdos según su conveniencia; que no le importa poner al país al borde del caos y con ello ahuyentar la inversión, mientras logre su objetivo.

En los próximos días vamos a ser testigos de cómo destrozan los retazos que quedan del Estado de Derecho y la institucionalidad, para hacer calzar en sus intereses las reformas constitucionales, ¿y la ciudadanía, no va a hacer nada?

Si no reaccionamos, entonces nos merecemos a esta clase política y cualquier cosa que se les ocurra hacernos.

Sin embargo hay un rayito de luz. Ya hay movimiento de la gente que está exigiendo un referendo para que sea la gente la que decida si quiere o no estas reformas que han sido aprobadas de manera abusiva.

Ese espíritu debe continuar. Sólo así se barre con tanta basura, como dijo don Emilio Álvarez Montalván.
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