Pesadilla por agua en vencindad granadina
Arlen Cerda CORRESPONSAL / GRANADA
Al menos unas mil familias de la comarca Caña de Castilla y vecinos del kilómetro 56 carretera Granada-Nandaime carecen del servicio de agua potable desde el 30 de noviembre del año pasado, debido a los frecuentes apagones de luz que quemaron el motor que bombeaba el agua potable.
Cientos de familias que sufren la falta del vital líquido ni siquiera cuentan con la excusa que ofrece eternamente la Empresa Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) de estar trabajando.
Las comunidades y sectores granadinos no reciben el servicio de agua potable por parte de la empresa, sino que se abastecen —o abastecían— a través de un proyecto comunal que administran ellos mismos desde hace 20 años, pero que hoy está en bancarrota.
La señora Socorro Pérez ha vivido sus 74 años en San Antonio, uno de los ocho sectores beneficiados con el proyecto comunal de abastecimiento de agua potable, y asegura que para ella y su familia fue todo un sueño el contar con el servicio, pero hoy éste se le vuelca en una pesadilla cotidiana cuando despide a dos de sus nietos para que acarreen un par de barriles repletos de agua a dos kilómetros del otro lado de la carretera.
CARRERA POR EL AGUA
Diariamente, Gerson Cano, de 11 años, debe cruzar la carretera acompañado con un primo. Entre ambos, guiñan y empujan un carretón con dos barriles llenos de agua, ayudados con una bicicleta, recorriendo unos dos kilómetros en un árido y estrecho camino hasta llegar a la casa del señor Carlos Ramírez, donde decenas de familias se abastecen junto a ellos.
Para Gerson, lo más difícil del camino es que es bastante arenoso y las llantas de la bicicleta y el carretón se hunden con el peso de los barriles con agua. “Esto es todos los días, a veces vamos en la mañana, hay gente que sale oscuro como a las 4:00 ó 6:00 a.m., y otras veces vamos por la tarde entre las 3:00 y 4:00 p.m., pero diario se hace un viaje, y a veces dos”, comenta el pequeño.
Durante el recorrido que realizó LA PRENSA en la zona fue común ver muchachos empujando carretones con barriles vacíos y regresar con ellos llenos de agua. La travesía lleva alrededor de una hora, “dependiendo de la gente que está comprando, algunos hasta corren para llegar antes y tener agua primero”, asegura Gerson.
El barril cuesta entre cinco y veinticinco córdobas, considerando que algunas de las familias que prestan el servicio de abastecimiento también ofrecen el envío para aquéllos que no tienen en qué acarrear los barriles.
PROYECTO COMUNAL NO ES RENTABLE
En 1984, el entonces gobierno sandinista instaló en la comunidad de Caña de Castilla un proyecto de abastecimiento de agua potable que beneficiaba a unas 300 familias y era administrado por un comité integrado por los mismos pobladores.
Al paso de 20 años después, el Acueducto Proyecto San Antonio es aún administrado por los pobladores que ahora se han incrementado en 700 familias más, existiendo una sobredemanda del servicio.
Hasta hace mes y medio, cuando aún servía el motor de bombeo, cada familia debía pagar una cuota general de 70 córdobas y podía recibir —con algunas irregularidades— agua potable en su casa. No obstante, para Ivania Gallo, administradora del proyecto, la cuota no es suficiente para mantener el proyecto, más aún porque de las mil familias antes beneficiadas, unas 800 no pagan el servicio.
Según Gallo, la mora de estos pobladores supera los 55 mil córdobas, cantidad que “si se pagara podría utilizarse para comprar un nuevo motor que vale unos 47 mil córdobas”, pero que no se hace por una “comodidad irresponsable” de algunos pobladores que “quieren tener agua sin pagar”, aseguró.
Gallo dijo que “lo mejor que puede pasar, lo que nosotros necesitamos es que alguna organización no gubernamental asuma el proyecto como tal porque la comunidad ya no puede administrarlo y Enacal no está interesada en el proyecto porque para ellos no es rentable, aunque lo lógico es que lo asuman como obligación”, apuntó Gallo.

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