Mentiras que no hay que creer
Sergio Ramírez www.sergioramirez.com
1. EL QUE NO HA SIDO ELECTO, NO TIENE POR QUÉ HABLAR.
No pocas veces escuchamos en boca de los caudillos y sus corifeos, que aquellos representantes de la sociedad civil que se expresan contra el pacto, o contra los abusos cometidos por los pactistas, no tiene ningún derecho a hablar porque nadie los ha electo. ¿Cuántos votos recibieron? ¿quién los eligió? son las preguntas que escuchamos, expresadas con toda soberbia.
En una sociedad democrática no se necesita haber sido electo para expresar opiniones políticas, y para promover la defensa de la democracia, cuando la democracia está siendo agredida. La pretensión de que quienes no están de acuerdo con el pacto y sus consecuencias se callen, es una pretensión dictatorial, que quiere imponer el silencio. ¡Imaginemos una sociedad en que solamente los diputados electos pudieran hablar, mientras los demás los escuchamos, y nos sometemos a lo que dicen y mandan!
Pero hay algo todavía peor, y es que los caudillos mismos son quienes escogieron a sus diputados electos, en base a factores de “disciplina”, lo que quiere decir fidelidad personal absoluta, puestos a los ojos de los electores en listas en las que se tiene que votar por todos, sin poder escoger. De manera que la representatividad de esos electos está lejos de ser verdadera.
2. LOS DOS JUNTOS SOMOS EL CIEN POR CIENTO
Mucho oímos a los diputados del pacto llenarse la boca diciendo que, sumados el Partido Liberal y el Frente Sandinista, como ahora ocurre que andan sumados, y con sus banderas confundidas, allí está representada la totalidad de la población, y por tanto, esa suma total les da derecho a violentar la Constitución, repartirse en “sana alternabilidad” los cargos y prebendas públicas, y manejar a su antojo los poderes del Estado, que son parte también de esa suma total. Es lo mismo que opinaba el viejo Somoza de sus pactos con Emiliano Chamorro.
Todas las encuestas de opinión revelan que los dos partidos del pacto no suman cada uno un apoyo mayor del 23 por ciento, que es lo que se llama “el voto duro” de sus militantes de base, y que la popularidad de sus líderes anda por los suelos. Los votos que se depositaron en la urna en un momento, no permanecen nunca congelados, y dependiendo del comportamiento de los electos, esos votos cambian. Tan es así que en la Constitución Bolivariana del presidente Chávez, tan querido y admirado por los dos caudillos del pacto, existe lo que se llama la revocación del mandato, y los electores pueden ir de nuevo a las urnas, en un referendo, para deselegir a los electos.
3. VIENE UN RÉGIMEN PARLAMENTARIO
Desmantelar el régimen presidencial suprimiendo los poderes del Presidente para pasárselos a la Asamblea, alterando la Constitución, no tiene nada de parlamentario. En un gobierno parlamentario, el primer ministro, electo por la Asamblea, asume todos los poderes, y responde por sus ministros que no pueden ser destituidos por la Asamblea. Lo único que los diputados pueden hacer es aprobar un voto de desconfianza para quitar al primer ministro, y eso significa que tienen que convocarse de inmediato nuevas elecciones de todos los diputados, de manera que todos ponen en juego su cabeza.
Pero, además, en los regímenes parlamentarios europeos, la independencia de los poderes del Estado es sagrada, y sobre todo la independencia del Poder Judicial y de los jueces, que están protegidos de toda manipulación, y el tráfico con las sentencias, y la compraventa de las mismas, se pena con largos años de cárcel y con la inhabilitación de por vida.
4. EL PUEBLO CONTRA LOS OLIGARCAS
Todos quienes se pronuncian contra el pacto responden a los intereses de los oligarcas, de los ricos y de los banqueros, oímos decir. Por tanto, en las cúpulas del PLC y del FSLN sólo hay gente de extracción popular, que si ha subido es porque viene desde abajo, y que defiende los intereses populares por “identificación de clase”.
Semejante tesis, al mismo tiempo que busca atemorizar a los adversarios del pacto, presentándolos como enemigos de los pobres, justifica las fortunas de los políticos nuevos ricos, los que tras su paso por las altas esferas del poder, o su cercanía con los poderosos, tienen ahora bienes de fortuna, y de vivir en los barrios de la clase media pobre, han pasado a habitar ahora mansiones de lujo en los barrios exclusivos, donde se codean, aunque sea de lejos, con los oligarcas, los ricos y los banqueros.
5. LA AMNISTÍA ES LA PAZ
La amnistía trae consigo la paz cuando un país ha vivido hondas conmociones políticas, sobre todo cuando éstas han tenido un carácter violento. Al cesar esa conmoción, el acto de gracia de perdonar a los que guardan cárcel por haber dirigido actos de rebelión, sí trae consigo la paz, para restablecer de nuevo la armonía de la sociedad. Amnistía es amnesia, olvido.
Pero la amnesia o el olvido de actos delictivos de saqueo de los bienes públicos, lavado de dinero, uso indebido de las donaciones que el país recibe, aprovechamiento del los dineros del presupuesto nacional en beneficio propio, no puede traer consigo la paz social, sino que exacerba la inconformidad de los ciudadanos, que se ven así burlados en sus reclamos de justicia, porque los actos de corrupción vienen a ser, al fin y al cabo, un robo contra todos los ciudadanos, principalmente contra los más pobres.
El lector puede agregar otras mentiras de éstas a la lista, porque hay muchas más. Pero yo quiero cerrar estas reflexiones con una pregunta: ¿Qué impide ahora al PLC y al FSLN presentarse juntos en las próximas elecciones, ya que ahora son uña y carne, o una sola carne, para demostrar de una vez por todas que son la totalidad? Si comparten una misma casilla, todos los demás, que están contra el pacto, tendrán oportunidad por fin, de matar dos pájaros de un tiro.
El autor es escritor

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