Paquita se confiesa
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Cantó, rió y hasta lloró en conferencia de prensa |
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Auxiliadora Rosales
La diva del arrabal, Paquita la del Barrio, llegó a la cita con los periodistas ayer, horas antes de su actuación en el concierto de inauguración de la concha acústica de esta capital.
Llegó de gafas oscuras y vistiendo blusa azul y pantalón blanco, muy arregladita, y contestó con gusto cada pregunta hecha por los periodistas locales e internacionales.
En esta conferencia mostró el otro lado de la Paquita temible de voz inconfundible que arremete con una verborrea interminable contra los hombres, para mostrar a una mujer sencilla y, sobre todo, sensible, que dejó escapar sus lágrimas al ser preguntada sobre los momentos más difíciles de su vida, que sin duda han sido muchos.
Con voz muy pausada rememoró parte de su vida. “Pues... hay muchos... Necesitaría hacer un libro y contar mi vida, para que me entendiera la gente lo que en todos mis años he pasado. Voy a hablar nada más de la llegada al Distrito Federal, México. Llegué a ese lugar después de abandonar al padre de mis hijos porque era un hombre casado con el que viví siete años”.
“Llegué a México, donde trabajaba cantando con mi hermana en un restaurante. Nosotras no estábamos acostumbradas a tomar ni una copa ni a desvelarnos. Cuando salíamos de cantar llegábamos a las cuatro o cinco de la mañana al cuarto donde vivíamos, pero había una vecina que nos ponía botellas vacías de vino, para que el dueño del lugar dijera que éramos nosotras las que nos tomábamos el vino”.
Agrega que “el señor nos pedía el cuarto donde vivíamos, y eso era para nosotras algo muy agonizante, no teníamos a dónde ir. Y ahí suplicándole, para que no nos sacaran del lugar”.
Comentó que “luego me junté con mi segundo marido (Alfonso Martínez) y eso pasó, seguimos trabajando, y así. No quiero hacerlo muy cansado, pero para empezar encontré muchas fallas con mi esposo y me aguanté y me aguanté... Luego tuve un tiempo que salía embarazada y se me morían los niños, sólo duraban tres días”.
Las lágrimas le empiezan a rodar por las mejillas y sus grandes gafas azules ya no las pueden ocultar, y con voz entrecortada expresó que “la muerte de mi madre y mis hijos fue un golpe muy terrible, después se murió la tía que me crió, luego mi otra tía... o sea, toda mi familia se ha ido, y hace dos años murió mi esposo y son cosas que duelen mucho”.
Trata de aguantar el dolor y dice: “Hay muchas cosas en la vida muy dolorosas, pero aquí estamos, no nos queda más que aguantarnos”.
LA FELICIDAD
Pero la diva mexicana señala que su mayor felicidad es cuando recibe los aplausos y el apoyo del público. “Además, cuando se graba por primera vez un disco y escucharlo y ver realizado ese sueño que se trae desde niño, de ser artista, esos son mis momentos felices. Realizar las cosas que te propones en la vida”, señala.
Paquita también expresó estar muy a gusto en Nicaragua porque es un país muy parecido al suyo.
A la pregunta de ¿qué opina de que en Nicaragua la canción Rata de dos patas estaba siendo utilizada por los políticos para hacer alusión al Presidente?, respondió: “Yo sólo la canto, no lo hago para ofender a los políticos; eso ya es el pensar del público y si a mí me toman de bandera, no puedo evitarlo, y a lo hecho, hecho”.
NO A LA VIOLENCIA
Sobre la violencia intrafamiliar dijo que es algo que está muy mal hecho. “Las mujeres no debemos dejar que nadie nos golpee. Pero esto lo propicia la mujer al aceptar la situación. Desgraciadamente nosotras muchas veces nos dejamos por amor, ya sea al marido o por los hijos, soportamos muchas cosas, pero el hombre debe tomar conciencia de esto y cambiar su forma de ser”.
Señaló que su aporte en contra de la violencia lo hace a través de su arte. “No es algo que me proponga como tal, pero sí me gusta decir las verdades de mi simple vida y como en la mía, la mayoría de las mujeres también han sufrido lo mismo”.
PAQUITA DEL PUEBLO
Francisca Viveros Barradas tiene 35 años de vida artística y 24 discos en su haber. Revela que el compositor de sus canciones es Manuel Eduardo Toscano.
Vive en el popular barrio de Guerrero, en la Ciudad de México, en una casa de dos plantas que en la parte de abajo es el famoso restaurante y salón de actuaciones, y la parte superior del inmueble es su vivienda desde hace más de tres décadas.
Todos los viernes y sábados, el público se aglomera en el recinto para escucharla cantar, arrancando lágrimas y aplausos con sus peculiares canciones.
Su nombre artístico lo tomó de su primer disco que grabó: El barrio de los faroles.
La cantante dijo que no tiene para este año ningún proyecto trazado “Yo vivo al día y no planifico mis proyectos, voy haciendo lo que me salga, es decir, como me contrata la gente”.
VIDA DIFÍCIL
Antes de su actuación, la cantante de Cheque en blanco hizo un recuento de su carrera y su existencia, una vida difícil llena de trabajo y decepciones, pero a la vez entrañable por el cariño del público y su familia.

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