DOMINGO 9 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23687 / ACTUALIZADA 2:47 am





EL HUMOR DE




Comentarios sobre el artículo “El Cardenal y el Estado”

María Elena Cuadra de Lacayo*

Con mucha pena terminé de leer el artículo que escribiera el señor César Augusto Bravo Vargas, en el Diario LA PRENSA del domingo 26 de diciembre del año 2004. Indiscutiblemente el “escritor chontaleño” debe tener mucho tiempo disponible, pues pudo ir al Registro Público a sacar el acta de nacimiento de monseñor Obando, solamente con el propósito de escribir un artículo para ofender y maltratar, lo cual estimo es un derroche de sus dotes de escritor, puesto que en lugar de edificar con su pluma, destruye.

En uno de sus primeros puntos el señor Bravo Vargas hace referencia a los orígenes humildes del Cardenal. Yo estoy segura que Su Eminencia se siente orgulloso de su origen, de su tez morena, de su nacionalidad y de ser chontaleño; al igual que espero que el escritor también se sienta orgulloso de ser igualmente chontaleño. Parece que el señor Bravo Vargas desconoce que no es el origen, sino las acciones y decisiones que toma una persona en la vida las que lo determinan y le dan valor. Así lo demostró nuestro Señor Jesucristo, quien siendo Dios y Señor escogió el humilde hogar de un carpintero para nacer.

Chontales es un bello departamento de nuestra querida Nicaragua, con ríos, grandes montañas y el lago Cocibolca que baña su ribera. Cuando leí el pie del artículo que dice: “El autor es escritor chontaleño”, se me vinieron a la memoria lindos recuerdos de cuando era niña: cuando iba de paseo al lago de Granada y veía el Vapor Victoria y me decían: “Viene de Chontales” o “va para Chontales”. También se me vino a la memoria una linda canción del compositor nicaragüense Camilo Zapata, y que se oía mucho en la radio cuando yo era jovencita: “...Caballito chontaleño de mi tierra tropical...” Y también recordé cuando el célebre profesor, escritor y orador Carlos A. Bravo dictaba unas conferencias radiales y hablaba mucho de Chontales, su tierra natal, y decía que “en Chontales los ríos son de leche, y las piedras son cuajadas”. Chontales, pues, es una linda y fértil tierra y nos ha dado muchos agricultores, profesores y oradores, al Cardenal, ríos de leche, piedras de cuajada y también caballitos chontaleños.

Dice el escritor chontaleño: “Con total seguridad me atrevo a aseverar que si Su Eminencia... tuviera la magnífica potestad de re-escribir su origen tan humilde...” (los que leyeron el artículo conocen el resto de lo que se atreve aseverar el autor). Tener el valor de decir: “Con total seguridad me atrevo aseverar...” es algo que en mi criterio no tiene paralelo. Nadie en el mundo puede asegurar lo que cruza en la mente y en el corazón de otra persona. Eso sólo Dios lo puede hacer. Yo le aconsejo al escritor chontaleño que mida sus palabras antes de escribirlas. No me atrevo a aseverar, pero pareciera que el señor Bravo Vargas, es quien realmente quisiera convertirse en “rubio y de ojos azules” y haber nacido en otro país. No lo aseguro, pero lo parece.

En otro párrafo del artículo, el señor Bravo Vargas asocia a Su Eminencia con un personaje de una novela El burdel de las Pedrarias escrito por un “escritor de ojos verdes”, haciendo referencia al escritor Ricardo Pasos M. (... otra vez salen a relucir los ojos verdes, antes azules). Ese personaje con quien compara el escritor a Su Eminencia es el obispo Álvarez de Osorio, de León. A propósito, en esa misma novela, en el capítulo II, página 108, se lee una nota escrita por el Obispo para doña Isabel de Bobadilla, la cual contradice el comportamiento que se le atribuye al señor Obispo en la cita que hace el señor Bravo Vargas. La nota se lee textualmente así:

“Doña Isabel de Bobadilla y Peñalosa. Mi muy ilustre señora: Le obsequio estos pensamientos extraídos del Eclesiástico 34: 18,19, a fin de que le sirvan de meditación durante su viaje hacia La Posesión y El Realejo: —Las cosas que se ofrecen a Dios, logradas de lo inicuo, hacen de la ofrenda una mancha y una ofensa. Ofrecer un sacrificio con lo que pertenece a los pobres (indios) es lo mismo que matar al hijo en presencia del padre. Mis oraciones para usted y que Dios la acompañe” (Nota: el paréntesis es mío)

Diego Álvarez Osorio. Obispo de León”.

Yo le pregunto al señor Bravo Vargas que si ha tenido a la vista el documento que asevere que la conversación entre el obispo Álvarez de Osorio y la señora de las “encomiendas” pertenece a la historia y no a la novela. Aunque, en ambos casos, su comparación no tiene razón de ser en la actualidad, pues como reza el refrán, “los errores son del tiempo y no de España”.

En otro punto el señor Bravo Vargas toca al Papa Pío VII, quien no coronó al Emperador Napoleón Bonaparte como lo asevera él, pues el Señor Dios, en su infinita misericordia, no permitió que el Papa le coronara, fue el mismo Emperador que en su afán de tener la Corona sobre su cabeza lo más pronto se la quitó de las manos al Pontífice y se la puso él mismo. Dice el señor Bravo Vargas que a cambio de esa Coronación se le devolvió a la Iglesia lo que se le había confiscado. ¿No es acaso justo devolver a su dueño lo que le ha sido confiscado? Yo le cuento al señor que escribió el oprobioso artículo que el Papa Pío VII estuvo muchos años prisionero en Francia y fue un 24 de mayo de 1814 que regresó libre y triunfante a Roma y por eso, él... el Papa, estableció ese día como la fiesta oficial de María Auxiliadora de los Cristianos.

No asevero, pero me parece que el autor del artículo es una persona que no cree en Dios y quisiera que no existiera religión en el país, por eso dice en otro párrafo del artículo en cuestión que el señor Presidente se equivocó al no rescatar la esencia del liberalismo pidiendo el Estado laico (esto, haciendo alusión a una publicación en LA PRENSA el 9 de diciembre, donde el señor Presidente de la República da una explicación de que él nunca ha hecho ninguna gestión para la destitución de Su Eminencia). Quien escribe estas líneas cree a cabalidad en la aseveración del señor presidente Bolaños porque le conoce de verdad.

Quiero decirle al señor Bravo Vargas que Su Eminencia, el Cardenal, es un ministro del Señor, un líder religioso y un pastor del pueblo y también un ciudadano nicaragüense. Su ministerio no es únicamente en el campo exclusivo de lo religioso sino que también en el campo de la vida cotidiana. Por lo tanto, no hay aspecto de la vida, social, ética, moral, política, económica, etc. en que no sea necesaria la presencia obligatoria del Pastor. Tristemente la discrepancia que se ha dado entre los distintos aspectos de la vida y la religión quizás sean la causa de la ausencia de los valores morales que caracteriza nuestros tiempos. Ante esta realidad, el señor Cardenal como líder religioso ha tenido la obligación y difícil responsabilidad de ser orientador, pacificador, intermediario. Él ha sabido cumplir esta misión.

En la última estrofa del artículo habla el escritor chontaleño de una persona, Jorge Luis Borges, no sé si vive o está muerto, pero siento una gran tristeza por él, qué lindo sería para los condenados que el infierno no fuera lo que creemos que es.

* Quien escribe estas líneas no es escritora, es una simple ciudadana nicaragüense que ante todo es católica y respetuosa de las autoridades tanto de su Iglesia como de su Patria.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

El “apogeo del espanto” terrorista

La tentación de la inmortalidad

Comentarios sobre el artículo “El Cardenal y el Estado”

Por sus frutos los conoceréis

El valor del pasado