DOMINGO 9 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23687 / ACTUALIZADA 2:47 am





EL HUMOR DE





Baje en Documentos importantes cómo aplicar a renovación del TPS

Tras la frontera
De migrante a misionero de Dios

Foto  
. Primero lo detuvieron en México y después en San Diego, de donde lo deportaron a Guatemala

José David Trigueros, quien salió de Nicaragua como migrante y se transformó en misionero en México.

 

Emiliano Chamorro

Cuando José David Trigueros decidió partir en busca del sueño americano tenía 15 años. En su travesía como migrante conoció en carne propia las humillaciones, el hambre y el desprecio en México. Por eso optó por dedicarse a defender los derechos de los migrantes trabajando como misionero.

Trigueros está estudiando sacerdocio en México, por una vocación que descubrió después de la dura experiencia que vivió al tratar de cruzar la frontera de Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Sostiene que su meta es ayudar a los inmigrantes, porque “en este mundo todos somos inmigrantes”.

EL CALVARIO

Hace 9 años, una madrugada Trigueros decidió abandonar su natal Juigalpa, con dirección a Estados Unidos. En Honduras lo esperaba un amigo, Miguel Ángel Mayorga, quien lo acompañó en la búsqueda del sueño americano.

Ya en México, agentes policiales le quitaron el dinero y las pocas ropas que llevaba. Cuando Trigueros recuerda esas vivencias las lágrimas aparecen en sus ojos.

Una noche, en medio de un “frío terrible” la Policía Federal los capturó en Oaxaca. Iban él, su amigo y otros migrantes que apenas conocía.

Afirma que los obligaron a bajar de un autobús y los maltrataron, les quitaron el dinero, la documentación y las pertenencias que cargaban.

“Nos violaron nuestros derechos; es triste y humillante el trato que recibimos”, relata. “La dignidad del emigrante es pisoteada totalmente. Fuimos maltratados, pero supimos aguantar la humillación, la ofensa y la bofetada”.

Trigueros era un adolescente. “Uno se siente tan pequeño que no puedes decir nada”, reflexiona. Permaneció dos días en el centro de retención, donde sólo le dieron agua para beber, pero algo en la celda lo impresionó, fue una leyenda en la pared: “Dios te ama, por aquí pasó un ecuatoriano”.

“Esas palabras golpearon mi vida, golpearon mis entrañas”, recuerda. “Imagínate, uno chavalo y con esperanza, pero de repente alguien se te cruza por el camino... Eso es doloroso, te golpea el alma y recuerdas que tu familia te dijo ‘cuidate mucho”’.

EL ESCAPE

Al amanecer del segundo día, les comunican que serán deportados, que sólo esperan la llegada de un avión charter para regresarlos a Guatemala. Sin embargo, Trigueros y otros migrantes logran burlar a los agentes y escapan del centro de detención.

Cansados, con sed y hambre llegan a una parroquia donde les dieron agua y alimentos, además de dinero. Siguieron su ruta, pasaron por Ciudad México y tres días después entraron a Tijuana.

“Fueron tres días de hambre, sed, miedo y ya con desesperanza”, dice Trigueros. Pero en el Estado de Tijuana conoció a los sacerdotes de la congregación de La Caridad y recuerda que lo trataron con mucho amor.

Allí Trigueros se aparta de sus amigos y se queda un tiempo con la comunidad de la congregación para “encontrar a Cristo en el rostro de los pobres”. Es cuando le nace el sentimiento de ayudar al migrante.

ÚLTIMO INTENTO

Después de tres meses con la congregación en Tijuana, donde tuvo una formación espiritual y misionera, Trigueros decidió intentar una vez más llegar a Estados Unidos.

Logra llegar a la frontera de San Diego, Estados Unidos, “en busca del futuro y la esperanza con la que salí de Nicaragua”, pero una vez en el Condado de San Isidro lo capturaron agentes de Migración estadounidenses. Dice que otra vez sufrió maltrato verbal, soportó hambre y mucho frío.

DEPORTADO

Quince días después fue deportado al Estado de Tijuana, donde lo montaron, con otros migrantes, en un avión carguero rumbo a Guatemala.

“Nos mandaron en un avión amontonados como animales, como que fuéramos cualquier cosa menos personas”, recuerda con enojo. En el avión lloró mucho “porque en todo ese tiempo de migrante conocí el abuso, la vergüenza, el dolor y la humillación...”

En Guatemala conoció al sacerdote de origen brasileño Mauro Verselleti, director de la Casa del Emigrante. Así comienza una nueva vida para Trigueros, quien ahora vive en tierra mexicana, sólo que ya no como migrante sino como estudiante en la Universidad Pontificia de Guadalajara, México, donde se prepara para ser sacerdote.

Trigueros pertenece a la congregación católica Juan Bautista Scalabrini y ayuda como misionero a los migrantes que sufren al intentar cruzar indocumentados hacia Estados Unidos.

“La experiencia me ayudó a profundizarme en Dios y mi vida cambió totalmente”, asegura. “Por cada hombre indocumentado que pasa hacia el Norte, es mi vida que pasa”.
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