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La epopeya...

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.Acerca de la obra del General Humberto Ortega

 

Jorge Eduardo Arellano*

¿Vale la pena que un controvertido protagonista de nuestra historia reciente fije por escrito su testimonio? ¿O que relate los hechos, mayoritariamente violentos, en que participó desde la década de los sesenta del siglo XX? No hay duda. Y mucho más cuando este protagonista de la política nacional e internacional, sobre todo entre 1978 y 1995, se ha interesado por reunir en volumen sus análisis y discursos; y también, oportunamente, demostró que no era un simple incursionador en la disciplina historiográfica.

Basta citar su obra Nicaragua: revolución y democracia (1992), presentada en el local “La Calandria” de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, el 5 de diciembre del mismo año de 1992 y sus 50 años de lucha sandinista (1979), una sistematización del tema concebido como instrumento de lucha político-ideológica. De esta obra existen seis ediciones: dos mexicanas, dos nicaragüenses, una cubana y una colombiana, siendo publicada la primera por la editorial Diógenes, cuyo director –el crítico Enmanuel Carballo– la elogió en su momento.

Ahora bien: la periodización y la perspectiva de 50 años de lucha sandinista, todavía incide en La epopeya de la insurrección (Managua, LEA Grupo Editorial, 2004) del General (r.) Humberto Ortega Saavedra, consciente en ella de rescatar su memoria personal –comenzando por sus raíces chontaleñas– y generacional. Pero ese rescate no lo manipula ni lo lanza como arma en una sola dirección; más bien –por decirlo con sus propias palabras– hurga en el ayer procurando “dar elementos para entenderlo mejor y así juzgarlo sabia y justamente”. El espíritu que le anima, pues, tiende a configurar una reflexión, una lección y una propuesta que sirvan para no repetir los errores del pasado –tanto el mediato como el inmediato– y para crear un futuro donde la gobernabilidad, la paz social y la convivencia humana sean viables y plenas.

No en vano elabora una tesis (El centrismo) en su ensayo o epílogo El laberinto, integrado por cuatro partes en las cuales condensa sus ideas y opiniones. Actualizado y lúcido, El laberinto se sustenta en obras de rango mundial como la de Rodrigo Borja, ex-presidente del Ecuador: Enciclopedia de la política (1997) y Un mundo nuevo (2001), informe de la UNESCO coordinado por Federico Mayor Zaragoza. Allí se plantea la urgente necesidad de que la humanidad cuente con un gran Contrato de la nueva democracia formado por cuatro pilares: Contrato Social – Contrato Natural – Contrato Cultural y Contrato Ético.

Otras fuentes de su interesante obra –se lee casi como una novela–, lo constituyen 25 documentos del archivo privado del autor (entre impresos raros, apuntes y escritos inéditos, informes policíacos y diplomáticos, entrevistas y grabaciones magnetofónicas), 14 artículos, 26 publicaciones periódicas (destacándose 12 números de Revista Conservadora, luego del Pensamiento Centroamericano) y 80 libros y folletos. Llama la atención que una buena parte de éstos tengan de autores a personalidades disidentes o purgadas del FSLN, adversarias y críticas, científicas (Jaime Incer) o de otra tendencia política (Carlos Cuadra Pasos). Incluso, algunas son de orden artístico (el número 20 del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación consagrado a nuestras Pintura y Escultura en 1977, La modernidad en la pintura de Nicaragua de Dolores G. Torres, de 1995; las monografías sobre Sobalvarro, Saravia, Ernesto Cardenal /Escultor de Julio Valle-Castillo) y cultural. Me refiero, por ejemplo, a la Breve historia de la Iglesia en Nicaragua (1985) y a la tercera edición del Panorama de la literatura nicaragüense (1996).

En La epopeya de la insurrección se aprecian los dos tipos de memoria deslindadas por Tzvetan Todorov: la literal y la ejemplar. El primer tipo se impone en la mayoría de sus páginas, precisas y escuetas, redactadas casi como partes de guerra. Es decir, la memoria literal, caracterizada por su exactitud narrativa, predomina cuantitativamente. Pero –¡ojo!– subordinada a una estructuración cualitativa, elemento esencial del segundo tipo: la memoria ejemplar.

Ésta, la despliega el autor en su Introducción (6 páginas), en el Epílogo (23 páginas) y en el mural didáctico Por un mundo mejor (3 páginas explicativas más el mural adjunto desde el big-bang hasta la globalización pasando por la historia de Nicaragua). O sea: en 32 páginas y una pieza artística y científica a la vez. Proporcionalmente, esa cantidad resulta ínfima si se relaciona con el corpus central de la obra: los seis capítulos de la primera sección (419 páginas).

Para informar de su contenido, transcribiré los títulos de tales capítulos: I. El Nuevo Ciclo Histórico: Período 1920-1956; II. Período 1956-1964: Reanimación de la Lucha Anti-Somocista /Desequilibrio Estratégico; III. Período 1964-1972: Consolidación de la Lucha Anti-Somocista /Hacia el Equilibrio Estratégico; IV. Período 1973-1977: Avances y reveses de la Lucha Anti-Somocista /El Equilibrio, Resultado del Balance; V. Años 1977-1978: Fortalecimiento de la Lucha Anti-Somocista /Equilibrio. Inicio del Balance favorable y VI. La Insurrección Victoriosa: Fase final de la Lucha Anti-Somocista /La Ruptura Estratégica del Equilibrio. Año 1979. He ahí la síntesis de un aspecto de la historia contemporánea de Nicaragua, expuesta por el artífice teórico y conductor de la estrategia insurreccional que llevó al triunfo de julio del 79. O, en concreto, una visión combatiente del período que su autor denomina “Ciclo histórico de la dictadura militar somocista”.

En realidad, consiste en la quinta división cronológica de seis que Humberto Ortega Saavedra (HOS) delimita en su Introducción no con afán erudito, sino “como un medio para facilitar la comprensión de la evolución de nuestro proceso histórico”. Si la última corresponde al Ciclo histórico de la democracia, la primeras cuatro a los ciclos: Origen remoto y prehispánico; Descubrimiento, conquista y Colonia; Independencia y formación del Estado-Nación; Protectorado y resistencia armada, a la cual alude con estas palabras: “La intervención norteamericana de todo tipo, incluyendo la militar desde 1909 hasta 1933, convirtió a Nicaragua en una especie de colonia moderna: el Protectorado. En este contexto surgió, con la guerra patriótica anti-intervencionista, el General Augusto C. Sandino. A lo largo del libro y en el Epílogo se aborda este tema”.

Evidentemente, quien escribe lo hace a partir de su vivencia: la del militante que se empeñó, al igual que todos sus compañeros de organización política-militar, en destruir al somocismo y a su expresión armada: la Guardia Nacional (22-XII-1927/2-VII-1979). Como se sabe, dicho objetivo fue conquistado en una cruenta guerra civil –la última sufrida por el pueblo nicaragüense– con la praxis, en principio, de una concepción o línea surgida dentro del FSLN: el tercerismo. Ya es muy conocido este aporte de HOS a la historia revolucionaria de América Latina, pero en La Epopeya de la insurrección, lo recuenta con la serena distancia del tiempo transcurrido, exactamente veinticinco años después de su exitoso desenlace.

Mucho, muchísimo más habría que comentar de La Epopeya de la insurrección. Entre otros puntos, el reconocimiento a los méritos político-militares de quienes, en su oportunidad, se retiraron del FSLN (como Edén Pastora y Rolando Roque Fonseca). Pero basta esta reseña para señalar su indiscutible importancia, algunas inexactitudes de fechas y nombres que inminentemente se diluyen, sin restarle valor al conjunto, y la presencia de dos índices: uno de 71 siglas y otro de 111 localidades geográficas citadas. Y sólo lamento la ausencia de un índice onomástico, pues el “nombrerío” desplegado en esta vasta obra, lo ameritaba.

* Secretario de la Academia de Geografía e Historia.  
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