Libros
La sombra del viento
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 | Se ubica como una novela bestseller del 2004, con una demanda de más de 100,000 ejemplares, en los dos últimos meses |
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Henry A. Petrie*
“No podía evitar pensar que si yo, por pura casualidad, había descubierto todo un universo en un solo libro desconocido entre la infinidad de aquella necrópolis, decenas de miles más quedarían inexplorados, olvidados para siempre.” Así se narra en uno de los pasajes atrapantes de la novela La sombra del viento (2001), del catalán Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964), finalista del Premio Fernando Lara 2000 y convertida en todo un suceso extraordinario, editada por Planeta, traducida a varios idiomas y con trece ediciones.
Ruiz Zafón quien radica en Los Ángeles desde hace diez años haciendo guiones cinematográficos, es de la opinión que “la ficción crece con la humanidad” y que gran parte de la misma es pura pose y banal, “relatos cortos disfrazados de novela con cuerpo de letra grueso y muchos espacios en blanco...” Ganó en 1993 el Premio de Literatura Infantil Edebé con su primera novela El príncipe de la niebla; a ésta siguieron otras hasta lograr La sombra del viento, de la que se ha dicho reivindica la novela clásica y recrea la Barcelona del Modernismo.
De 479 páginas, narrada en primera persona por el protagonista Daniel Sempere, joven curioso, obstinado y enamorado. A lo largo de una trama gótica y detectivesca, se suceden personajes determinantes en el desarrollo y desenlace de la historia que tiene como escenario la ciudad del genial Gaudí, Barcelona, constituyéndose en realidad como la gran protagonista, donde se recrean los años de la Guerra Civil española y desfilan sitios representativos como la avenida del Tibidabo, Montjuïc, El Paseo de Gracia, entre otros. Barcelona, de exuberante arquitectura modernista, impregnada de historia y urbanismo, cosmopolita, hecha a la manera de un collage, sorprendente, entre el Mediterráneo y las montañas. Baudelaire la retrató así: “Los obeliscos de la industria vomitando contra el firmamento sus coaliciones de humos”.
El centro de la historia: el joven Daniel Sempere, hijo de un librero y conocedor de catálogos editoriales, escogió del cementerio de los libros olvidados, el único ejemplar de La sombra del viento de Julián Carax, autor desconocido. Desentrañó el relato que a su vez contenía otros tantos, de eslabón en eslabón, hasta confluir en una empresa de investigación. Adquieren notoriedad Fermín Romero, el mendigo y amigo leal de Daniel, que incorpora habilidades de otrora espía a la indagación de la existencia o paradero del enigmático autor barcelonés. El caso del inspector Fumero, prototipo del personaje gobernado por el odio y la venganza, representante del terror; Nuria Monfort, la secretaria y traductora de la editorial Cabestany, que al final se convierte en la depositaria de la verdadera historia; Penélope Aldaya, la amada de Julián Carax, cuyo padre la confina embarazada hasta morir; Beatriz Aguilar, la novia de Daniel Sempere, que le mostró el caserón donde vivieron los Aldaya y que luego presenciaría el duelo a muerte de Carax y Fumero y así, una pléyade de personajes.
En un inicio se sabía que Julián Carax había vivido en París y que a su regreso a Barcelona en los inicios de la Guerra Civil Española, apareció asesinado. Uniendo cabos con la información o parte de la historia que cada personaje tenía, de lo indagado, y sobre todo, con el manuscrito testimonio que dejó Nuria Monfort al joven Daniel, antes de ser asesinada, se supo la verdad de Julián Carax, enamorado para siempre de Penélope Aldaya. La frustración de este gran amor, da pie a sucesos trágicos cuya repercusión se mantendría latente en los originarios de aquel círculo. Dolor, intrigas, misterio, terror y un secreto de familias, se entrecruzan con historias de amor, buen humor, cierta dosis de erotismo, suspenso e ingenuidad.
Julián Carax no murió, sino que sobrevivió entre las tinieblas, arrastrando su dolor, su rostro desfigurado a causa de graves quemaduras, rondando con “aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida (que) era el verdadero rostro de su alma”, recuperando todos los ejemplares de cada uno de sus títulos publicados para quemarlos, y de esta manera aniquilar “la sombra de sus propias palabras”. Era una calavera, “no tenía labios, ni mejillas. Era un rostro sin rasgos, apenas un muñeco carbonizado”. Se había convertido en uno de los personajes de su novela La sombra del viento que representaba al diablo, Laín Coubert.
Al regresar se enteró de la muerte de su Penélope y de su hijo que nació cadáver, se confinó en el caserón de los Aldaya en la avenida del Tibidabo –donde se encontraban enterrados–, como espectro y mendigo.
Daniel Sempere, enterado del contenido del manuscrito de Nuria Monfort, se anima a no dejar ir a Beatriz Aguilar, la muchacha que ama y está embarazada de él, en un paralelismo de historias donde Carax se ve reflejado; éste alberga la esperanza de un desenlace distinto al que tuviera, salvándolo de sí mismo. Nuria le expresa al joven Sempere: “Había dejado de perseguir sus libros, de desear quemar y destruir su rastro en la vida. Estaba aprendiendo a volver a memorizar el mundo a través de tus ojos, de recuperar al muchacho que había sido en ti” (p. 435).
El mal representado en Fumero se acaba. Daniel y Beatriz se casan. Todo acerca de Julián Carax finalmente se sabe, pero él nunca sabrá un secreto: Penélope, la mujer que amaba, era su hermana, como también Jorge Aldaya, a quien matara en duelo maniobrado por el siniestro Fumero. Carax era uno de esos hijos de paternidad desconocida, ya sea por conveniencia social, desprecio o desconocimiento. En este caso, el millonario Ricardo Aldaya se acercó al hijo no reconocido guardando silencio, pero con tan mal atino, que los jóvenes resultaron amándose. Esa verdad, después de tanto sucedido, de tanto dolor y desgarre, fue mejor conservarla en las sombras, a no ser que alguno de los lectores de esta novela, decida emprender la búsqueda de Carax con el nuevo nombre de Boris Laurent, para contárselo.
*Narrador. 
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