INSS injusto
César Anzoátegui
Después de tres meses del envío de mi carta del 4 octubre a la licenciada Edda Callejas, presidenta del INSS, y de dos más pidiéndole el reembolso de mi urgente operación de vesícula y apéndice, he tenido la desagradable sorpresa que en carta fechada el mes de diciembre, de su coordinador, me expresa: “que por problemas de presupuesto, no cuentan con recursos económicos disponibles para darle curso a mi solicitud”.
No tienen la menor vergüenza de recetarse sobresueldos adicionales a sus jugosos salarios diciendo que era el pago correspondiente a sus dietas e incentivos, y otorgándoles a varias personas miles de dólares hasta para comprar anteojos en el extranjero. Habráse visto mayor descaro, que después de sobrecotizar por más de 40 años —ya que trabajé hasta los 71 años de edad—, me nieguen mi derecho adquirido y justo ya que jamás me dieron medicamentos, ni una sola aspirina.
La Directiva del INSS está en manos de personas que se han aprovechado para sus intereses personales de esa institución, que con sus actos dejan mucho que desear y mucho que pensar de sus ejecutorias, mientras que quienes hemos excedido las cotizaciones con el sudor de nuestra frente honrada, no tenemos ni siquiera derecho a reclamar.
Muchos de los que han dirigido esa institución se han aprovechado impunemente de nuestras cotizaciones para llevar una buena vida. Solamente cito el caso de Martín Aguado, que anda huyendo de la justicia por haberse robado millones de dólares.
Siento admiración por empleados que encuentro por esos caminos de Dios y que son cumplidores a cabalidad de sus obligaciones y deberes. Pero crece mi indignación cuando veo conculcados mis derechos adquiridos por el exacto cumplimiento de mis obligaciones. ¿Acaso ya murió la decencia de los funcionarios? Hombre feliz es quien deja a sus hijos un patrimonio de honradez por lo que se sentirán orgullosos de llevar sus apellidos y levantarán la frente con orgullo ante la rosa de los vientos.
Esa institución debería llamarse Instituto Nacional de Inseguridad Social. Los bárbaros, cara Lutecia.

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