VIERNES 30 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24038 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE






Y ademas
Adonis

Foto  

 

Luis Sánchez Sancho

Quise escribir la última columna del año 2005 sobre el mito griego de Adonis, que de alguna manera fue vinculado con la Navidad.

Adonis nació de la resina del árbol de Mirra, que se derramó al ser herido por un furioso jabalí. Por supuesto que no se trataba de un árbol cualquiera. Mirra era originalmente una hermosa princesa chipriota —a la que también se le conocía como Esmirna—, que se jactó de ser más bella que Afrodita y por eso la diosa del amor y la hermosura femenina le infligió un terrible castigo: fue condenada a enamorarse locamente de su padre, Ciniro, rey de Chipre. Y una noche cuando Ciniro se encontraba borracho, Mirra se introdujo en el lecho y su padre la poseyó sexualmente, sin saber que se trataba de su propia hija.

Cuando Ciniro se dio cuenta del abominable hecho que había urdido su hija, entró en furia y quiso matarla. Pero los dioses se compadecieron de ella, pues había actuado impulsada por Afrodita y la transformaron en el árbol que desde entonces se conoce como Mirra.

Nueves meses después de la relación incestuosa de Mirra con Ciniro, un jabalí corneó el árbol en el que ella había sido transformada, y de la resina que derramó se formó Adonis, que resultó ser el más bello de todos los hombres, más hermoso que el mismo Apolo.

Afrodita, quien vigilaba permanentemente al árbol de Mirra para que no recobrase su bella forma humana, al ver al niño que se formó de la resina lo recogió, lo llamó Adonis (señor de señores) y lo puso bajo el cuidado de Perséfone, esposa de Plutón y diosa del mundo de los muertos.

Cuando creció Adonis y se transformó en el más apuesto de los jóvenes, Afrodita fue a donde Perséfone para que se lo devolviera. Sin embargo Perséfone se había enamorado de Adonis y no quiso devolverlo. Tuvo que intervenir Zeus en la disputa de las dos diosas, asistido por la sabia musa Calíope, y decidió que Adonis permanecería cuatro meses con Perséfone, otros cuatro con Afrodita y los restantes viviría solo en la Tierra. Pero Adonis quiso que los cuatro meses que debía estar solo, los pasaría con Afrodita de la que se había enamorado y quien también lo amaba a él profundamente.

Pasó el tiempo y un día en que Adonis paseaba en un bosque, con Afrodita, fue atacado y muerto por un jabalí, que según la leyenda no era otro que Ares (Marte), el celoso amante de Afrodita. De la sangre de Adonis nacieron las flores llamadas anémonas y, cuando Afrodita se abalanzó sobre el cuerpo de su amado que yacía en tierra, se hirió las manos con unas espinas y su sangre cayó sobre unas preciosas y aromáticas flores blancas, que se transformaron en las rosas rojas que conocemos y disfrutamos ahora.

Pero, ¿qué tiene que ver esta leyenda de Adonis y Afrodita con la Navidad? Pues bien, se trata de que después de la muerte de Jesucristo, sus seguidores —o sea los primeros cristianos— hicieron de la gruta de Belén, el lugar donde nació el Niño Jesús, un sitio sagrado de peregrinación y culto. Entonces, para impedir que siguiera creciendo el culto cristiano en Belén, Adriano (emperador romano del 76 al 138 después de Cristo) mandó a construir en la gruta donde había nacido Jesús un santuario consagrado a Adonis.

Dos siglos después, Santa Elena, la madre del emperador Constantino que convirtió el cristianismo en la religión oficial del imperio romano, hizo levantar sobre la famosa gruta de Belén la primera Iglesia de la Natividad, que fue consagrada en el año 339.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Al poder no le gusta que le midan las costillas

Fundamentos de la virginidad de María

Entre el sofá y el love seat

¡Cuidado con sus oídos!

Carretones en Managua

Mensaje de Año Nuevo

Adonis