VIERNES 30 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24038 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE






Mensaje de Año Nuevo

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Hugo R. García

Debajo de un frondoso árbol que todavía se conserva en Somoto, y sus ramas mecidas por ligeros vientos en una fría tarde de diciembre, con lápiz en mano me dispuse a escribir por razones de costumbre, el mensaje del Año Nuevo. Apegándome a ese tema, y sintiendo en mi solitario espíritu las nostalgias por un ayer que no vuelve, creo necesario enviarle a los nicaragüenses con modestia provinciana unas oportunas palabras al abrirse en el calendario otra estación; una jornada más que emprender, quizás corta, o prolongada, en el caminar cotidiano que la historia, y el destino juntamente nos impone a los nicaragüenses en particular, y a los humanos en general.

No pretendo al impulso de una inspiración cansar a los lectores, sino decirles en esta columna lo que mi mente y mi corazón sienten y desean en el Año Nuevo 2006, que como un ángel venido de mundos desconocidos, pretende y quiere para nosotros una Nicaragua redimida; una sociedad donde prevalezca por encima de todo el sano entendimiento, y no una patria confrontativa que le rinda culto a la violencia, y a las equivocadas pasiones que únicamente sirven para alentar la división entre la familia, y los pueblos que abogan por la paz social, termómetro de toda civilización.

Es tiempo de descubrirnos para encontrarnos, de volvernos jueces de nuestra conducta, de preguntarnos por qué caemos muchas veces en el error. Y cuando logremos detectar el origen de nuestras fallas, empezar a caminar, iluminados por la fe, motivados por la razón para salir adelante venciendo los obstáculos que suelen darse, porque para el hombre, en ese concepto general de la palabra no puede haber nada imposible, siempre hay un tiempo para descubrir el camino, como el hombre mismo cuando descubre con carácter positivo los sentimientos de su prometida. El camino que habíamos “abandonado”; no el camino de la perfección porque es difícil ser perfecto, recordemos que somos humanos, y que por “humanos” somos imperfectos, pero tratemos dentro de las posibilidades, superando egoísmos, o debilidades de carácter, empezar a caminar “el camino” que nosotros mismos podemos empezar a descubrir, y recordar aquella máxima de Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

No cuesta mucho descubrirlo. Solamente hay que despojarse de la vanidad, e inyectarle a la voluntad la sustancia de la buena fe, porque el espíritu del hombre viene de Dios, y si el hombre está dotado de la semejanza que su Creador le ha impreso, por qué no sentirse capaz para descubrir otros caminos, otros derroteros. Nicaragua requiere a plazo inmediato ciudadanos que la valoren; que comprendan la importancia de honrarla procurándole a ella todo lo bueno. La Patria es un patrimonio espiritual de todos, y todos tenemos la obligación de aportar nuestros esfuerzos para superar los males que padece. Hagamos un alto en el camino con la reflexión que nace de la conciencia tomando en cuenta como punto de referencia que todos tenemos capacidad para empezar a construir la Nicaragua que añoramos, y demandamos por encima de mezquinos intereses.

Que Dios, omnipotente, y altísimo, como supremo juez de nuestros actos, nos provea de su gran misericordia, y con su gran capacidad de perdonar nos conceda la oportunidad de volver a empezar, comprendiendo a los demás para que todos podamos conocer el sentido verdadero de la amistad, y hasta entonces comencemos a edificar una sociedad justa, crecida en la buena disposición que cada uno de nosotros tengamos, y practiquemos.

El autor es periodista de Somoto
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