VIERNES 30 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24038 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE






Fundamentos de la virginidad de María

Foto  

 

Rodrigo Urbina Vivas

Quiero referirme al artículo que el pasado 24 de diciembre se publicó en esta misma página de LA PRENSA con el título “El nacimiento de Jesús”. En verdad que como se ha dicho, “la ignorancia es atrevida” pues el afirmar que María, la Purísima como le llamamos los católicos, perdió la virginidad al dar a luz a su hijo es un atrevimiento que hiere los sentimientos más profundos y arraigados de la catolicidad, pues el fundamento de este dogma (verdad revelada por Dios) tiene como todos los demás su fundamento bíblico y tradicional.

No podemos dejar de recordar que las dos bases donde se sustenta la fe católica y apostólica, bajo la acción del Espíritu Santo, son la Santa Escritura y la tradición, siendo esta la más antigua, pues es de suponer con sentido común que lo escrito en las Escrituras es producto de lo que se vino transmitiendo de viva voz, desde los apóstoles hasta el momento en que se escribieron esas verdades; ya que en los tiempos antiguos no se contaba con los medios de la tecnología actual para grabar de viva escena lo que ocurría entonces.

En referencia a los desposorios de María Virgen con el justo José, padre adoptivo de Cristo, sacamos en claro varias cosas:

1— Que al afirmar la Escritura “antes que se juntasen”, no necesariamente se refiere a contacto físico, en el sentido sexual, sino a la convivencia bajo el mismo techo y en la misma casa, es decir convivencia de hermanos.

2— Además, el suponer, como de hecho se anunciaba desde antiguo, que la llegada de el Mesías a Israel (pueblo elegido por Dios), hubiese sido de parte de Dios sin previa elección sobre personas privilegiadas, resultaría absurdo, ya que Dios elige de antemano a los personajes que Él confía una misión particular en la historia de la salvación.

3— Los estudios de la Santa Escritura, de parte de los estudiosos y exegetas han sabido interpretar correctamente la lengua en que fue escrita ésta, ya que la pobreza de los vocablos de las lenguas antiguas abarcaba sentidos que hoy en día en lenguas modernas se les designa más directamente. Así, el término hermano no sólo hacía referencia a los hijos de una misma pareja, sino también a los parientes que hoy designamos como primos o sobrinos.

4— Por otro lado, después que el justo José (como lo canoniza la misma Escritura) se enteró por medio de sueños (así revelaba Dios a algunos sus designios) que su esposa María estaba encinta por obra del Espíritu Santo, hubiese sido demasiada presunción y atrevimiento el tocar a aquella que es el primer sagrario de Dios en el mundo. ¡Esto es sencillamente inconcebible e impensable para quien teme a Dios!

La Iglesia no fundamenta el dogma de la virginidad de María en los escritos apócrifos, ya que como el artículo comentado señala y la misma Palabra lo enseña, no se reconocen como inspirados por Dios. Lo fundamenta, como lo he señalado antes, en la tradición y en la Biblia, tanto en las profecías como en los relatos de lo acontecido. Si creemos que la virginidad de María es para siempre, incluso en lo que a desgarramiento de himen (virginidad física) se refiere, pues como el mismo ángel responde en el Evangelio de San Lucas: “Para Dios nada hay imposible”. Pero al hablar de virginidad, no podemos reducir ésta a esa membrana corporal femenina que de muchas maneras podría desgarrarse en cualquier mujer.

Tanto en el protoevangelio, Génesis 3,15 como en el relato de la encarnación, de Lucas 1,26, se habla de una mujer que no puede ser cualquier mujer, y que la misma Escritura llama “bendita entre todas las mujeres”, en el relato de la Visitación. Por lo tanto, una de las características que sobresale en María es el prodigio de ser al mismo tiempo Virgen y Madre.

El hecho de ser Madre es un don de Dios en cualquier mujer, así como el de ser Virgen es siempre don del mismo Dios. Pero en lo que llamamos naturaleza no se puede considerar estos dones de manera simultánea, hace falta algo que se llama fe para creer en este misterio, como es el caso de la que es llamada Madre de Dios.

Sin fe estamos completamente ciegos y perdidos. Pretender argumentar estos acontecimientos de la historia de la salvación sin las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad) estamos perdiendo el tiempo.

Sin la fe no creeríamos en nada de lo que Dios nos ha revelado. Las verdades reveladas por Dios (dogmas) son verdades que siempre han existido, y que el pueblo siempre la ha creído, lo que la Iglesia hace es ratificar lo que Dios siempre nos ha enseñado. El dogma de la virginidad la Iglesia lo ratificó en el Concilio Lateranense del año 649, y reafirma la virginidad después del parto en muchas ocasiones (Concilio de Letrán 1215), y en estos tiempos en el Concilio Vaticano II, en la LG 57.

Es doctrina contenida en el Antiguo Testamento (anunciándola) y luego en el Nuevo Testamento (presenciándola).

Quiero terminar con las palabras de un bello cántico de petición, que en Nicaragua los católicos entonamos a María siempre Virgen: “Pobre el hombre que no alcanza tu divina protección, y tu nombre, no ha grabado, en su pobre, en su pobre corazón”.

La verdad, aunque se niegue y no se quiera ver ¡es siempre verdad! María es Virgen antes, en y después del parto. Amén.

Monseñor Rodrigo Urbina es párroco de la Basílica Purísima Concepción de María de El Viejo, Chinandega
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Al poder no le gusta que le midan las costillas

Fundamentos de la virginidad de María

Entre el sofá y el love seat

¡Cuidado con sus oídos!

Carretones en Managua

Mensaje de Año Nuevo

Adonis