LUNES 19 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24028 / ACTUALIZADA 12:44 am





EL HUMOR DE






Los jóvenes en las asambleas

Joaquín Absalón Pastora*
opinion@laprensa.com.ni

El Doctor Abraham Rossman, cuyo nombre suena desde que fueron colocadas las primeras bases de la seguridad social en Nicaragua, me invitó al primer encuentro de la asamblea informativa para elegir a la nueva asamblea nacional de salud de Profamilia.

Dos aspectos de esa convocatoria resultaron llamativos para quienes asistimos acompañados por la óptica de la imparcialidad en cuanto a sustentar una posición definida de los alcances de la organización fundada con el nombre de Asociación Demográfica Nicaragüense el 3 de marzo de 1970, por el doctor Emilio Bandes, con la colaboración de un elenco de galenos, algunos de los cuales se han ido de este mundo dejando un saldo generoso de recuerdos insertados en la prominencia y la fidelidad hipocrática. Los que viven como el doctor Rossman, con el espaldarazo de la madurez acumulada, imparten sus conocimientos sobre salud reproductiva en sintonía con la renovación científica de este ramal voluminoso de la ciencia ahora acosado por la mortal intromisión de algo llamado sida y otras enfermedades de transmisión sexual expandidas groseramente en el mundo, debido a la poca atención concedida por el ser humano a las recetas de la prevención cuyas páginas no son leídas ni aplicadas en la instintiva conservación.

En primer lugar el foro estuvo absolutamente dominado por la juventud extraída de lo más reputado y capaz de los clubes juveniles instalados en cada uno de los departamentos del país, razón por la cual se le puso el anchuroso mote de nacional.

Gentes aparentemente verdes de acuerdo a las características físicas de la edad pero con discurso demostrativo de fondo producto de la adquisición de conocimientos bien aprovechados para llevarlos al campo de la acción en favor de las y de los pacientes castigados por el flagelo. Ellos —esos jóvenes— son activistas clínicos espontáneos, consejeros donde hay ignorancia y practicantes de los reglamentos previsores requeridos por la salud estable de la ideal pareja humana: hombre y mujer. Cualquiera otra que pueda suponerse sería —o es— efecto de la fantasía desequilibrada.

No había visto antes la tendencia de un ente colectivo de esa naturaleza, de sólo incluir a jóvenes de 21 años en la formación de un foro no politiquero, no atiborrado de objetivos egocéntricos puestos en marcha por partidos políticos que usan a la mocedad al servicio de sus causas, sin que después se les tome en cuenta en la elección de cargos públicos.

Precisamente uno de ellos confesó que su máximo deseo cuando el escrutinio sea uninominal era ser miembro de la Asamblea Nacional. Y por qué no, sobre todo cuando esta sigue perforada por la terquedad de los prisioneros de las rejas del egoísmo, resortes de la argolla, aprovechados de la sinecura hasta donde más puedan secar los manantiales del Estado.

Oír —simplemente oír— fue ilustración para calcular el voltaje de un relevo generacional sustancioso, limpio y bien afinado en contraste con los que se han sumergido en la competencia desgraciada de contarse las “chapitas” que andan en las orejas o la nariz o los tatuajes depredadores de la inocente piel.

Un editorial de LA PRENSA lo ha dicho con claridad: “Qué tiene de bello el arete en la nariz, en la frente, en los labios o en las cejas”, concluyendo con que: “La juventud —sobre todo— necesita entender que hay una verdad y una mentira ética y estética”.

Los organizadores del evento afirman que del total de integrantes, el veinte por ciento será joven y de ahí que desde ya se esté premeditando la selección apropiada para que haya balance de edad entre los músculos participantes.

Plugo porque ese porcentaje anime y ponga primavera en la próxima Asamblea Nacional, cuyos candidatos son tradicionalmente nombrados por el dedazo de nuestros caudillos.

* El autor es periodista
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