El parlamentarismo como simulacro en América Latina
Marlon F. Pérez Zúniga* opinion@laprensa.com.ni
En toda América Latina ha habido relaciones políticas clientelistas que se encuentran inscritas en sistemas basados en el artificio electoral y desembocan en regímenes representativos, los que corresponden a un simulacro de elites compuestas interesadas en prevenirse contra el surgimiento de una soberanía popular efectiva.
El fenómeno clientelista que ha existido durante muchas décadas de dominio por caudillos en toda América Latina, se puede definir de manera clásica cómo la alianza de dos personas de categorías, poder y recursos desiguales, cada una de las cuales considera útil contar con un aliado superior o inferior a ella misma.
Con el principio del clientelismo moderno se da una inhibición del Estado centralizador o bien éste desaparece, ya sea porque se pierde con la independencia (América Latina) o porque no logró los atributos eficaces del poder burocrático (o sea Europa); es necesario advertir que el mal del clientelismo se presenta en todas las épocas y en múltiples sociedades, razón por la cual forma parte de uno de los modelos de ordenamiento de la desigualdad.
Todo esto refleja una situación de servidumbre de derecho o de hecho; esto no constituye el fruto de la aparición de ventajas comparativas sino el producto de la pobreza y el aislamiento de los campesinos en microsociedades segmentadas de las comunidades sin conciencia de las clases y sin una verdadera experiencia dentro del conjunto nacional. También se da el padrinazgo, que transforma al patrón en protector de sus clientes.
Al clientelismo se le define como curiosidad separada de su ambiente, representado por el arreglo parlamentario y oligárquico de su instrumentación caciquista. Este sistema de fachada parlamentaria se preocupa, como los gobiernos liberales, de frenar o controlar la intervención electoral de las masas.
Las elites terratenientes o mercantiles cuentan consigo mismas para establecer el ámbito político de la modernización capitalista relativa que en el siglo pasado no desearon confiar sus destinos a los militares de América Latina que fueron los artesanos de la independencia. No consiguieron otra salida que la del parlamentarismo nocivo basado en la capacidad de la oligarquía tradicional y hereditaria para controlar las masas rurales.
Este ingrediente clientelista facilita esta votación, permitiendo que todos demuestren su capacidad para controlar a una parte de la población y del territorio.
La punta de la pirámide casi siempre está coronada por el bipartidismo de convivencia, ya sea de familias o entre conservadores y liberales , entre otros.
Siempre se quiere abarcar amplias redes de patrocinios dirigidas por caciques de alta alcurnia, que deciden de común acuerdo (fuera del Parlamento), así como se alternan el poder.
En el dominio populista, las estrategias y regímenes populistas, de los que América Latina y México son ejemplos más destacados, se caracterizan por la exaltación de la referencia plebeya, los fascismos se distinguen por su menor apoyo a las clases medias y por la orientación interna de su nacionalismo. Se establece este populismo como característica primordial de estrategia autoritaria para alcanzar la actividad de las masas en América Latina.
Mientras que la actividad de los líderes populistas de estilo clásico obedece a la voluntad de la cima de recuperar el reclamo popular de la participación apolítica aceptada, bajo la presión de los hechos más que debido a ala convicción de los dirigentes, el autoritarismo funda una democracia juiciosa que no puede ser producida por el obstáculo censitario o por el clientelismo privado.
En América Latina predomina una estructura latifundista hasta nuestros días. El populismo se desarrolla en un contexto que manifiesta debilidad en el Estado y de privatización oligárquica del poder.
América Latina no parece madura para un cambio democrático o una transformación, cuando el deterioro del parlamentarismo oligárquico resulta evidente. La presión en pro de la democracia no basta por si sola para desplazar a la oligarquía.
La estrategia populista procede de la reinterpretación del recurso clientelista con una perspectiva urbana plebiscitaria estatal y casi siempre dictatorial.
La definición del populismo rara vez sintetiza esta unión maquiavélica, ya que la mayoría sólo retoma el mito legitimador difundido por la estrategia populista. Getulio Vargas de Brasil, (1930-1955) se tornó el “Padre de los pobres”, era el jefe carismático que no admitía que nadie se interpusiera entre el pueblo reunido en las plazas públicas y el mismo.
El populismo es el reclamo de la igualdad asistida por una especie de autoritarismo. Un aspecto más preciso del populismo es la habilidad de sus inventores. El populismo no se limita a su expresión. El populismo militarizado define a otra de sus expresiones que por esta vez no tiene su paradigma original en América Latina.
* El autor es docente universitario.

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