Entrevista
Nora Sándigo Núñez: “Ganamos Nacara porque demandamos a Clinton”
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En las paredes de su oficina están las imágenes de su trayectoria en Estados Unidos. Está en fotos con el presidente George W. Bush o con Hillary Clinton, entre otros personajes; y en su currículo destaca una acción atrevida: haber promovido una demanda contra el gobierno de Bill Clinton para proteger a los inmigrantes indocumentados, la que concluyó en 1997 con la aprobación de la Ley Nacara (Ley de Ajuste Nicaragüense y de Alivio Centroamericano) |
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Nora Sándigo Núñez, directora ejecutiva de la Fraternidad Nicaragüense en EE.UU. con sus hijas Atenas y Jerryann.
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Douglas Carcache
MIAMI, FLORIDA.- En la puerta de la sede de la Fraternidad Nicaragüense (Nicaraguan Fraternity) se leen hasta anuncios de empleo. Por allí desfilan decenas de inmigrantes originarios de Nicaragua, que buscan asistencia o reciben cursos de computación que les imparte, gratis, esta organización sin fines de lucro.
A Nora Sándigo se le puede encontrar en la oficina o en las calles de zonas habitadas por inmigrantes, como Kendal, porque su trabajo ha sido resolver problemas, en la comunidad o a otro nivel, en las instituciones públicas de Florida o Washington D.C.
Lo que cuesta entender es cómo Sándigo tiene tiempo para tantas actividades, porque además de dirigir la Fraternidad, es propietaria de un hogar de ancianos llamado “Norita”, es vicepresidenta de dos compañías de inversión y cuida de sus dos hijas, Atenas y Jerryann, porque es divorciada.
Recuerda que al inicio, a finales de los años ochenta, “mucha gente no creía en lo que yo hacía” y en un periódico nica en Miami la calificaron como “niña vendedora de falsas ilusiones y promesas”.
Sin embargo, los hechos muestran otra historia. En octubre pasado, por ejemplo, cuando el huracán Wilma azotó Miami, la Fraternidad abrió sus bodegas para alimentar a más de diez mil inmigrantes damnificados.
¿Cuántas emergencias han tenido que enfrentar?
Hemos pasado muchas veces por esto. En el 92 tuvimos lo de Andrews (huracán). Fue dramático, no teníamos la experiencia ni las condiciones para resolver, pero también me tocó ir a las áreas afectadas de Kendal y estuvimos presente dando comida, con la Cruz Roja y todas las agencias federales que los asistieron... Y si hemos estado en momentos de dramatismo, fue cuando a la gente la deportaban, estuvimos en la cárcel, en los aeropuertos, parando las deportaciones.
¿Cuándo fue eso?
Fue un período largo, para nosotros la parte más dura pudo ser del 90 hasta el 97, en que se pararon cuando logramos lo de (Ley) Nacara. Aunque ya desde el 88, cuando la Fraternidad comienza, cuando comenzamos el proceso de crear la Fraternidad, que se creó en un pequeño apartamento en mi casa, ya había deportaciones, pero había un pero para decir “no me deportes a esta gente”; era posible parar ciertas deportaciones. Usted recuerda que hasta el 90 llega la señora Violeta (Chamorro), por lo tanto estaba todavía la guerra, los problemas de la Contra, los sandinistas; y eso era una base profunda para decir “yo merezco tener un asilo político”. Era una razón poderosa. Cuando a nosotros nos dicen hay un nuevo gobierno establecido, todos los nicaragüenses tienen que regresar, ahí es donde... ¿Qué decimos? Entonces comenzamos a trabajar con las diferentes barras de abogados, local, estatal, federal... Teníamos un fondo con el Florida Bar, el departamento central de los abogados de la Florida, los que regulan y amparan a los abogados. Podíamos tener representación legal para los nicaragüenses, pero no era suficiente porque nosotros asistíamos a una parte y había miles de necesitados. Todos los días teníamos problemas en diferentes lugares, por ejemplo, yo podía estar donde teníamos la oficina, en la 67 y la Coral Way, y de pronto nos decían: “Norita, corre porque hay un camión de la Policía de Inmigración deportando gente en la Calle Ocho”. ¿Qué hacíamos nosotros? Correr y enfrentar ese momento, muchas veces fueron hasta atrevidas las acciones que tuvimos que hacer; a veces yo tuve incidentes, por decirle, en la Calle Ocho estaban varios carros de Inmigración llevándose a mucha gente, eran los nicaragüenses, trabajadores que estaban sin papeles, en media calle, sin documentación. Cuando ven que son los carros de Inmigración, ellos se lanzan al agua, a un cauce, entonces se estaban tirando ahí y eso nos preocupó porque ya tenían a muchos detenidos.
¿Había algún argumento entonces para defenderlos?
Cuando llego, ya era un poquito tarde porque ya tenían a muchos dentro del vehículo y otros ya se habían tirado; entonces, yo pienso, la vida de los que están allá y la deportación de los que tienen detenidos, para nosotros era dramático. Si nos deportaban a un solo nicaragüense, eso significaba que ese solo nicaragüense iba a afectar la vida de una familia entera, por tanto cada caso era enorme, era un gran problema que se creaba en una familia. En lugar de buscar un parqueo, me cruzo la calle y me pongo frente a la patrulla, estoy haciendo algo ilegal; me dicen que por qué lo hago, que quién soy yo. Represento a la Fraternidad, estoy aquí para proteger a los nicaragüenses, este es mi deber y yo no voy a dejar que usted se los lleven por gusto. Si usted me dice que les encontró droga, que los encontraste abusando de alguien, haciendo terrorismo, haciendo algo malo, yo estoy de acuerdo; pero si estos nicaragüenses sólo están buscando cómo trabajar y no están haciendo ningún delito, están aquí porque ustedes, los Estados Unidos, de alguna manera han provocado ese problema, nosotros somos víctimas de allá, víctimas de acá y nadie toma responsabilidad por nosotros. Así que esto lo vamos a resolver. En ese momento ya teníamos otra persona en la Fraternidad, voluntario, que ya estaba llamando a la prensa, a los abogados, y ese grupo no permitimos que lo deportaran. En otro momento pasamos por cosas más difíciles, por ejemplo el caso de la niña (Cindy Suyén Martínez) que estuvo presa por año y medio. Era una menor de edad.
¿Por qué no pudieron evitarlo?
Llegaron a su casa a las cinco de la mañana a recoger a su mamá porque estaba ilegal, pero a la que encontraron fue a la niña, acostada. Estaban otras personas ahí, pero a la que se llevaron fue a la niña. La mamá ya se había salido, entonces detuvieron a la niña de 16 años, en una cárcel regular. Tuvimos que ir a hacer denuncias a la comisión de derechos humanos, huelga de hambre. Eso fue en el 95.
Ustedes demandaron al presidente Bill Clinton... ¿Fue entonces? ¿Por qué?
Para ganar (Ley) Nacara. Nosotros ganamos Nacara gracias a que demandamos al Presidente (Clinton). Era una idea que nosotros teníamos, estábamos cansados de lo que estaba pasando con los inmigrantes, con los nicaragüenses, los estaban deportando todos los días, injustamente, no les estaban dando sus derechos.
¿A cuántos beneficiaron con esa ley?
La de nosotros fue para 350 mil personas. No le pusimos número porque podía ser más, nadie sabía cuántos habían. Sacando cuentas con el departamento de Inmigración, un millón de personas (de varias nacionalidades) fueron beneficiadas gracias a Nacara. El nicaragüense quizás no tiene la misma percepción que tienen otras comunidades, cuando recibes un beneficio. Los cubanos han tomado todo esto de una forma muy particular, muy diferente al nicaragüense. Yo creo que los mismos gobiernos de Nicaragua, que han pasado, no han tenido una idea de lo que esto representaba; tener 350 mil familias nicaragüenses en Estados Unidos con ajuste de estatus, significaba que esas 350 mil familias iban a tener estabilidad económica en su casa, para que sus hijos pudieran ir a las universidades, para el dinero que estamos mandando a Nicaragua.
¿Qué relación han tenido con el gobierno de Nicaragua?
Nosotros podemos ser útiles. Yo le dije al Presidente (Enrique Bolaños), dígame por favor, ¿qué usted quiere que nosotros hagamos? Lo que usted quiera que hagamos en cuanto a relaciones, en trabajos diplomáticos, estamos acá mismo, no tiene que pagar para que vengamos a Estados Unidos, y lo que conocemos.
¿Ha hablado personalmente con Bolaños?
Yo he hablado con el Presidente en varias ocasiones. Antes que muriera su hijo, yo estuve hablando con él como dos horas, él me llamó por teléfono a mi casa para decirme qué estaba pasando en Nicaragua y que nosotros podíamos decir que habían problemas serios, que podían ser contundentes para un cambio en Nicaragua.
¿No le preguntó al Presidente sobre la atención a los migrantes?
Cuando él me habla me dice “muchas gracias por lo que hacen, ya escuché de ustedes, yo sé lo que están haciendo”, pero a la vez él no dice “puedes ocuparte de esto”. Nosotros le ofrecimos, le dijimos, tenemos un abogado que puede hacer maravillas por la comunidad a nivel federal, podemos ir. Mire nosotros demandamos al presidente Clinton, atreverse a demandar al Presidente en Estados Unidos no es cuestión de juego.
¿Qué influencias ha logrado en Washington?
Después que pasamos por el Congreso y ya la ley (Nacara) había dado pasos agigantados, porque ya Lamar Smith había dado el visto bueno y era el mayor oponente que teníamos, él era un congresista republicano de la cámara baja, nosotros conocíamos a cada uno de estos señores... Los que hacían los trabajos en la Casa Blanca, nosotros hacíamos un conecte, estábamos con esa gente ahí constante. Después que te ven tanto llega un momento en que se te es familiar, entonces las cosas se nos facilitaban. Cuando estábamos con la lucha de que la ley camina y llega hasta el Senado, era un caso diferente, había que ir a pelear, ir a luchar duro con los otros oponentes; allá estaba (Ted) Kennedy en el subcomité y era muy difícil. Los demás congresistas decían “Norita vayan y hagan lo que tengan que hacer”.
¿Cómo lograron el sí?
Estuvimos en la Casa Blanca ese día de la votación final en el Senado, que era lo más grande porque después sólo era firmarla, por el Presidente, o vetarla, que no iba a suceder porque todo había sido cuidadosamente elegido, en qué paquete se iba a meter. Se metió en el presupuesto de Washington. Dígame, cómo no iba a pasar el presupuesto de Washington; era el presupuesto nacional, no va dejar de pasar. Pasó 15 días sin firmarla, Clinton, pero ya había pasado en el Senado. Para que eso lo vetaran era casi imposible, pero viera cómo corrimos a la Casa Blanca, nos metíamos a hablar. Jamás me olvido de los asistentes de Kennedy diciendo no, diciendo no hasta el último momento. Te dicen en tu cara no, no, no.
¿Qué hicieron después que Clinton firmó la ley?
Corrimos a detener la deportación de la chavala, no a detenerla, a sacarla; y nos dice todavía la Policía: no se puede hacer así no más, aunque la hayan aprobado hoy (la Ley Nacara), hay que esperar que un juez dicte la orden de salida. Nosotros le dijimos no, usted cree que es poco lo que esta niña ha aguantado ahí, lo que los nicaragüenses hemos pasado. Hoy tenemos una ley y la queremos hoy. La niña estuvo presa año y medio, su nombre Cindy Suyén Martínez.
DE LA MANO DE VEGA
Cuando Nora Sándigo era niña conoció al obispo católico Pablo Antonio Vega, quien llegaba en misión espiritual a Comalapa, poblado de la región central de Nicaragua. A mediados de los años ochenta, monseñor Vega fue expulsado del país por el gobierno del Frente Sandinista (FSLN) y se encontró con Sándigo en Estados Unidos. Allí empezaron a formar la Fraternidad Nicaragüense.
¿Cómo se define usted políticamente?
Creo que por la filosofía humana, más que política, se podría pensar que soy (del partido) demócrata. Es una definición compleja porque realmente yo apoyo a un republicano también. He apoyado a muchísimos republicanos, cuando he creído que están haciendo cosas buenas por la comunidad. Para mí, lo que tiene que ver con un nicaragüense es importante, que lo maltraten, que no le respeten sus derechos, ahí nosotros, por supuesto, que vamos a ir contra quien sea, porque eso no lo hemos permitido antes, ahora mucho menos.
¿Cómo llegó a Washington?
Con monseñor Pablo Antonio Vega, es alguien a quien yo admiro muchísimo y quiero mucho. Él fue el fundador de la Fraternidad, fue la imagen cristiana, espiritual, que nosotros tuvimos en la creación de la Fraternidad. Me presenta a Onofre Gutiérrez, en Washington, y él nos recibe allá con otra gente de las iglesias, de la catedral, con obispos. Onofre comienza a hablar con nosotros y lo nombramos director de la Fraternidad en Washington.
¿Y tu cargo cuál era?
Ellos hicieron un plan, de qué manera podemos tener trabajando a Nora en esto, que la gente crea en ella, pero que también Nora esté preparada para hacer su función. Entonces ellos se unen a la parte democrática, que son los grupos de trabajadores de sindicatos, estos son muy poderosos en Estados Unidos y en Washington tienen un poder enorme. Ellos me ponen en contacto con esta gente del sindicato y deciden poner un asesor que me asesorara en la parte política y en la parte diplomática. Me ponen a Michael Caputo, que también es un gran personaje en la diplomacia y las relaciones internacionales. Era el asesor en ese entonces para los problemas que habían con Haití. Comienza a prepararnos en esto de hacer los trabajos diplomáticos, lo que era lobby, gestiones diplomáticas. Comencé a tomar clases, nos asesoró mucho, nos escribió el primer proyecto de cómo nosotros podíamos hacer el trabajo, cómo podíamos llegar hasta el congresista, cómo hacer para convencer a su personal.
¿En qué circunstancias saliste de Nicaragua?
Yo salí en el 80, cuando entraron los sandinistas. Soy del pueblo de Comalapa y las cosas estaban muy difíciles. Se llevaban a los niños y niñas a las montañas, yo tenía 15 años y mi papá tenía temor, que podían hacerme algo. Mi hermana, que es mayor, ya había salido y ya habían sucedido cosas trágicas en la familia. Una hermana que teníamos, adoptada, le habían matado a su mamá el día que iba a dar a luz; le habían puesto una bomba bajo la cama, habían pasado cosas tan graves... Por ejemplo, en mi pueblo llevaban a los muertos (atados) en las colas de los caballos. Fue una cosa que nos marcó muchísimo la vida. Fue una zona de guerra muy fuerte. Había visto a mis compañeros de escuela jalados por los caballos, muertos, desechos... Me metieron en la Embajada de Venezuela, prácticamente a la fuerza, y de ahí para Panamá y después a Venezuela. Ahí un tiempo y luego viví otro año en Francia. De Francia fui a Nicaragua por unos días para traer a mi hermano que tenía mucho interés de sacarlo, como fuera. Yo ya estaba en conexiones con personas de la política de diferentes países. Salí en cuanto pude, eso fue en 1988, ya casi al final de la guerra, y vine para acá (EE.UU.) el 12 de febrero de 1988 y me quedé acá. Creo que esa es la manera más fácil de decir las cosas... De lo contrario, podría contar un poquito de cosas más tristes y más reveladoras de lo que fueron aquellos momentos, pero es preferible que no.

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