Reportaje especial
“Habla poco pero es colérico”
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William Martínez, como charro, cuando iba a pelear con Ricardo Redondo. A la izquierda Argüello con lentes.
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Octavio Enríquez magazine@laprensa.com.ni
Cuando el magistrado Rogers Camilo Argüello fue cuestionado por los periodistas en la Corte Suprema de Justicia por el mismo caso de los narcodólares, él se dio una vuelta y dejó ir un golpe con el revés de la mano. Era un golpe de karate según explicó en esta entrevista. “El golpe se llama urake y yo soy cinta roja. Eso pasó porque me empujó un periodista y yo tengo problemas con mis piernas”, se defiende.
Sin embargo algunos de sus familiares como Reinaldo Barberena aseguran que es muy impulsivo. “Es de esos tipos que no habla mucho, pero si lo están hincando mucho, a veces reacciona negativamente. Es muy colérico”.
Esa es la descripción más suave que hacen de él. Su suegra, Pilar Monterrey, dice que le teme. Por eso prefiere no decir nada, aunque gente cercana a ella asegura que el magistrado golpeaba a su esposa y maltrataba a su hijo cuando andaba ebrio. Argüello lo niega y dice que son locuras de su suegra, inmersa en la disputa de una propiedad, ubicada en el lugar conocido como La Pasadita, en Juigalpa, Chontales.
“Él me quitó una propiedad que es mía, se aprovechó y, bueno, por quererle ayudar a mi hija, a la que quiero mucho porque es una de mis hijas mayores (Brenda); prácticamente me llevó a todos los juzgados y en todos los juzgados de Chontales se lo gané el caso porque presenté todos mis documentos legales, mis escrituras, incluso aquí con los magistrados también lo gané el caso”, lamentó Monterrey el 15 de octubre pasado cuando reveló que el magistrado Carlos Guerra se había confabulado con su yerno (Argüello) para revertir una sentencia a su favor en la CSJ.
En Juigalpa hay más acusaciones contra Argüello. Henry Tiffer, un odontólogo, lo acusa de haberse apoderado de una propiedad de los bomberos que era suya y en la que tuvo que ver el magistrado porque es comandante de un regimiento y fundador del Cuerpo de Bomberos en Juigalpa.
Argüello desmiente a Tiffer y asegura que está molesto porque la Cruz Roja, que tiene otra parte del terreno donde está el cuartel, ha decidido donárselo.
EL INCIDENTE DE "LA TATIANA"
La tercera acusación es algo penosa. “¿Ah, la Tatiana? Esa es una malditencia de pueblo —se defiende Argüello—. Me asaltó un cochón (homosexual) frente a mi casa, en eso pasaba la Policía y lo captura y él dice que vivo con él. La noche del caso, me lo encuentro en la puerta y me dice amor vení y me saca el dinero. Cuando hace eso, le tiro un golpe como el camarógrafo y le reviento una chicha de agua”.

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