Candidatos y corrupción
Fernando A. Malespín
Cuando Arnoldo Alemán y Daniel Ortega decidieron unirse por medio de un pacto político vergonzoso, es porque estaban convencidos que cada uno por separado, a pesar de mangonear los partidos mayoritarios del país, no era capaz de soportar el peso del lastre arrastrado por sus fechorías y actos de corrupción, y porque saben muy bien que el pueblo les pedirá cuentas cuando estén en la llanura.
La impunidad que propician los cargos en las instituciones del Estado es el escudo defensivo de los pactistas, y por tal razón se repartieron por partes iguales las posiciones claves en los poderes de la nación. Sin embargo, la condena a 20 años de cárcel para el caudillo del PLC, doctor Arnoldo Alemán, pone en clara ventaja al otro pactista Daniel Ortega, que tiene en sus manos el destino del reo.
Es cierto que el PLC domina por mayoría de votos en la Asamblea Nacional, pero Daniel Ortega equilibra la balanza de fuerza política chantajeando al Presidente de la República, a quien le hace concesiones para que termine tranquilamente el período establecido por la Constitución.
La interrogante es si las elecciones nacionales del 2006 decretarán el final del pacto o si todo seguirá igual, o peor si las ganara Daniel Ortega. También uno se pregunta si Herty Lewites y Eduardo Montealegre serán inhibidos o no.
Si el doctor Alemán quedara libre por medio de un amnistía, cosa que los sandinistas no pueden evitar con 38 votos en la Asamblea, el panorama electoral cambiaría radicalmente y podríamos tener como candidatos presidenciales frente a frente a los hombres más corruptos que ha conocido la historia de Nicaragua, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

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