II Premio en el Certamen Interuniversitario “Carlos Martínez Rivas” de la UNAN-Managua Invocación
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Ana gabriela padilla. |
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Ana Gabriela Padilla
INVOCACIÓN
De las infantas —la no olvidada—
porque las manos abiertas contra
el cabello
son la molesta caricia que reclama,
las únicas que salpican de sombra
esta luz inmediata.
No fue prevista entre mis poros,
se tejieron las migajas hasta
formar el cuerpo,
pero eso sí, en otras capas
con otros sudores y decires que
me son ajenos.
Su carne blanda y pálida se bañó
de sangre
entre otras piernas. Y así,
saliendo a la luz tortuosa de gente
enmascarada
se desgarraron tejidos hasta ponerla
en movimiento.
Sin embargo,
yo no soy sólo tiempo de sal o de
ceniza,
hay una materia inconclusa que
absorbe el deseo de atraparla
hasta ahorcar esos impulsos
perdurables,
un requerimiento por la insaciable sed
de su voz —llamándome—
apuñalando el color amargo de la ausencia.
No es posible no atender
su lagrimeo salado
porque es el mismo que hoy empapa
esta página abierta.
ESTAR SÍ EN
Los dos nos vimos, Nietzsche,
con el acial apretado
que deparaba el tiempo,
queriendo desgarrar el santo
óbice, para atarle
a las bestias salvajes.
Lo hiciste:
saliste antes de irte
para probar tu antídoto consciente,
para romper la gota que mecíate
obnubilado.
La masa putrefacta no mordía
más tus talones,
la carcomiste con tu ceño agudo.
Veámonos ahora, Nietzsche,
encontrémonos,
ya me he despojado de la punza
imaginaria
que me desangraba por las noches.
AEDES
Váyase a saber de su insolencia
quejumbroso díptero de larvas.
Cualquier exclamación es nula:
retuerce su aguja delgada
y zapa las pieles dormidas
cuando los gritos se oyen
desde atrás
—allí—
en la doliente realidad del sueño.
Y es el imán
—sangre de zumos innombrables—
breve sustento
para el vampiro aminorado.
Me niego a la calma
Yo
—arácnido imperfecto—
hasta juntar mis manos
sobre su carne.
ANTE EL MUNDO
Caminar de espaldas
con la vida a un costado
y entregar silencios
con los dientes asfixiados
de la palabra muerte
frío, dolor, llanto.
No he querido
salvar tus deseos
porque tu palabra
es la mía
en este tiempo nuestro
que te arrebata del mundo
y te clava a mí:
a mi sudor perseguido
con lámparas de mano;
a mis veranos rojos
anidados entre mejillas;
al olor blanquecino de mi piel
y al desgaste perpetuo de sílabas
que lijan mi garganta.
Ana Gabriela Padilla (San Salvador, 1984). Ha sido miembro del equipo organizador del Encuentro Permanente de Poetas de El Salvador. Es autora de un poemario inédito titulado Noctívagos. Colabora con revistas literarias centroamericanas y, además de poesía, escribe cuentos, artículos y reseñas literarias. Actualmente reside en Nicaragua, donde se encuentra realizando estudios de Lengua y Literatura Hispánica. Con la selección Aedes y otros poemas, obtuvo recientemente el segundo lugar en el Certamen Interuniversitario “Carlos Martínez Rivas” de la UNAN-Managua, que a continuación publicamos. 
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