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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2005
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II Premio en el Certamen Interuniversitario “Carlos Martínez Rivas” de la UNAN-Managua Invocación

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Ana gabriela padilla.

 

Ana Gabriela Padilla

INVOCACIÓN

De las infantas —la no olvidada—

porque las manos abiertas contra

el cabello

son la molesta caricia que reclama,

las únicas que salpican de sombra

esta luz inmediata.

No fue prevista entre mis poros,

se tejieron las migajas hasta

formar el cuerpo,

pero eso sí, en otras capas

con otros sudores y decires que

me son ajenos.

Su carne blanda y pálida se bañó

de sangre

entre otras piernas. Y así,

saliendo a la luz tortuosa de gente

enmascarada

se desgarraron tejidos hasta ponerla

en movimiento.

Sin embargo,

yo no soy sólo tiempo de sal o de

ceniza,

hay una materia inconclusa que

absorbe el deseo de atraparla

hasta ahorcar esos impulsos

perdurables,

un requerimiento por la insaciable sed

de su voz —llamándome—

apuñalando el color amargo de la ausencia.

No es posible no atender

su lagrimeo salado

porque es el mismo que hoy empapa

esta página abierta.

ESTAR SÍ EN

Los dos nos vimos, Nietzsche,

con el acial apretado

que deparaba el tiempo,

queriendo desgarrar el santo

óbice, para atarle

a las bestias salvajes.

Lo hiciste:

saliste antes de irte

para probar tu antídoto consciente,

para romper la gota que mecíate

obnubilado.

La masa putrefacta no mordía

más tus talones,

la carcomiste con tu ceño agudo.

Veámonos ahora, Nietzsche,

encontrémonos,

ya me he despojado de la punza

imaginaria

que me desangraba por las noches.

AEDES

Váyase a saber de su insolencia

quejumbroso díptero de larvas.

Cualquier exclamación es nula:

retuerce su aguja delgada

y zapa las pieles dormidas

cuando los gritos se oyen

desde atrás

—allí—

en la doliente realidad del sueño.

Y es el imán

—sangre de zumos innombrables—

breve sustento

para el vampiro aminorado.

Me niego a la calma

Yo

—arácnido imperfecto—

hasta juntar mis manos

sobre su carne.

ANTE EL MUNDO

Caminar de espaldas

con la vida a un costado

y entregar silencios

con los dientes asfixiados

de la palabra muerte

frío, dolor, llanto.

No he querido

salvar tus deseos

porque tu palabra

es la mía

en este tiempo nuestro

que te arrebata del mundo

y te clava a mí:

a mi sudor perseguido

con lámparas de mano;

a mis veranos rojos

anidados entre mejillas;

al olor blanquecino de mi piel

y al desgaste perpetuo de sílabas

que lijan mi garganta.

Ana Gabriela Padilla (San Salvador, 1984). Ha sido miembro del equipo organizador del Encuentro Permanente de Poetas de El Salvador. Es autora de un poemario inédito titulado Noctívagos. Colabora con revistas literarias centroamericanas y, además de poesía, escribe cuentos, artículos y reseñas literarias. Actualmente reside en Nicaragua, donde se encuentra realizando estudios de Lengua y Literatura Hispánica. Con la selección Aedes y otros poemas, obtuvo recientemente el segundo lugar en el Certamen Interuniversitario “Carlos Martínez Rivas” de la UNAN-Managua, que a continuación publicamos.  
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Lo fatal


II Premio en el Certamen Interuniversitario “Carlos Martínez Rivas” de la UNAN-Managua Invocación